José Rilla
La cuestión. ¿Cómo saldó cuentas con el pasado el sistema político a la salida de la dictadura militar?
La respuesta / La actualidad del pasado
De la presentación de La actualidad del pasado. Usos de la historia en la política de partidos del Uruguay (1942-1972) (Editorial Debate, distribuye Sudamericana) se encargaron dos ex presidentes, Julio María Sanguinetti y Luis Alberto Lacalle, el director de la OPP, Enrique Rubio y el líder del Partido Independiente, Pablo Mieres. Eso dejó claro que el estudio de José Rilla es un extenso e imparcial repaso a cómo se ha utilizado el pasado en los debates políticos nacionales. Rilla nació en 1956 y es docente e investigador del CLAEH y en la Udelar. Ha publicado una Breve historia de la dictadura y una Historia contemporánea del Uruguay.
Para bien y para mal, luego de 1985, dos hechos especialmente grávidos venían a servir de muestra de continuidades y cambios en la relación con el pasado.
Uno, el sistema político se restauró in totum: elecciones mediante en noviembre de 1984, aun con candidatos y partidos proscritos, los partidos políticos fueron los mismos del momento previo al golpe, aunque con diferentes predominio dentro de ellos; los dirigentes eran los mismos, a excepción de media docena de políticos más jóvenes o más nuevos a los que habían promovido las proscripciones de sus "mayores" o sus propias vocaciones y ambiciones. No hubo aquí partido del proceso, tampoco de la resistencia. Como en 1943, la restauración sería de tono batllista, y sería restauración en la política, en los sindicatos, en la universidad, lugares en los que cada uno "volvía a su puesto". Si se la compara con aquella, fue una restauración más dramática y conflictiva -en tanto se abandonó tempranamente el consenso del Obelisco-, pero en la que todos los actores se involucraron. Era un modo de poner entre paréntesis la historia de la dictadura, de sustraerla de la continuidad tradicional, de negarla casi.
Dos: respecto a lo que hoy se denomina con cierta equivocidad, indelimitación y urgencia el pasado reciente, plagado de violaciones a los derechos humanos y con múltiples heridas abiertas, el Parlamento primero y la ciudadanía después, por mayoría y por referéndum, resolvieron aprobar la caducidad de la pretensión punitiva del Estado, norma inconstitucional que ha regido la administración del pasado dictatorial. Sobre este proceso han cabido y caben interpretaciones diversas y marcadas por lo partidario. Según el Partido Nacional, la suerte de la impunidad se aseguró cuando se negoció la salida entre los militares, el Partido Colorado y el Frente Amplio, con Seregni desde la cárcel y luego en el pacto del Club Naval. Para la coalición de izquierda la impunidad fue el resultado de presiones militares a las que fueron particularmente sensibles, por conveniencia política y electoral, colorados y blancos, a quienes el Frente vería, también por conveniencia, como una unidad de acción y sentido.
Estas dos marcas de la transición democrática, la restauración y la impunidad, denotaban y ambientaban una relación específica y políticamente elaborada con el pasado, el más lejano y el más reciente; una relación no del todo "sana", no del todo "valiente", pero en cualquier caso, creo, todavía no ponderada en sus implicaciones más pesadas. Es decir, supongamos que hubiera sido una buena decisión la de restaurar el Uruguay pre-73 reamortiguado y la de no juzgar a los militares que violaron los derechos humanos, ¿quiénes si no sectores marginales o silenciados en aquellos meses pusieron sobre la mesa la pregunta acerca de lo que se perdía el Uruguay mientras se empeñaba en restaurar y lo que se perdía, más hondamente, si renunciaba a la justicia y a la verdad?
Para hacer más complejo el panorama, un doble telón de fondo, más o menos nuevo para un Uruguay largo tiempo aislado se descorre luego: el de la globalización y la modernidad.
Democracia uruguaya
"Me temo que en todos los partidos políticos no hay una aceptación plena de lo que la democracia significa. Uno no sabe si aquí tenemos la tolerancia que decimos tener. En una asamblea, en una universidad, cuesta que uno tenga en cuenta la opinión del otro. Eso sería asumir plenamente la democracia: aceptar que no hay posiciones consolidadas. La formación cívica del uruguayo no es tan buena como decimos que es."
Rilla en una entrevista publicada por el suplemento Domingo, el 27 de abril.