Davy (*)
Tenía el don supremo de mando que le venía de su estampa de caudillo. Un caudillo natural, título que nadie le había conferido porque salía de él mismo, por su propia naturaleza. Virtud primera y suprema de todos los que nacieron para imponerse porque sí, por ese don misterioso con que la vida toca a los hombres predestinados. José Nasazzi fue un maravilloso jugador, un imponente señor del fútbol, un estratega, un técnico. Fue un jugador completo por instinto. Así había nacido. Tal vez más lujosos y completos habrá habido. No lo creemos pero podría ser así. Pero lo que nadie tuvo, lo que nadie tendrá en el tiempo que ha de venir fue su personalidad de gran señor conductor de campeones, genial armador de equipos en las batallas por los títulos gloriosos. Varón acerado y gigantesco en las trincheras defensivas de un equipo de fútbol. u
(*) Obituario publicado en las páginas deportivas de El País, el 20 de junio de 1968.