Ser uruguayo descendiente de algún ciudadano de alguna ex república soviética y pretender obtener la ciudadanía europea puede deparar varios dolores de cabeza. Sobre todo si se le exige al descendiente renunciar a su nacionalidad oriental, un requisito que la Constitución uruguaya impide. Por ahí, el camino a ser europeo está cerrado. Eso les está pasando a los hijos y nietos de los lituanos en Uruguay. En total son unos 2.000, aunque sólo 200 son activos seguidores de las tradiciones lituanas.
El Club Lituano (Rio de Janeiro 4001) le cedió un espacio a la cónsul honoraria, Marisa Leonavicius, al lado de una barra de bar con parroquianos acodados incluidos. Desde allí se realizaban los trámites para convertirse en lituano. Algunos descendientes manifestaron sus suspicacias por la demora de tres años en los trámites administrativos y el dinero invertido en traducciones y legalizaciones (entre 1.200 y 1.400 dólares). Roberto Ibarra Veta, presidente de la comunidad lituana, asegura que el dinero que la cónsul obtiene de los trámites, tuvo efectivamente ese destino. El problema es otro: hace dos años, el gobierno lituano decidió hacer cumplir una ley que niega la doble nacionalidad para descendientes de lituanos. Hasta entonces, muchos nietos de lituanos se acercaban hasta el club para obtener la ciudadanía y así ingresar a la Unión Europea con papeles y todo. "En Lituania hay una discrepancia entre la ley de ciudadanía y la Constitución, pero el gobierno creó un equipo de trabajo para que elimine ese obstáculo", dijo la cónsul. Para eso, una delegación de Migraciones de Lituania vino hace un mes. "En breve, los uruguayos descendientes podrán ser lituanos". Algunos esperan, así, recuperar la inversión que hoy siente perdida.