Los montevideanos son otra vez rehenes de la fatal combinación de prepotencia sindical e ineptitud oficial. Dos días sin recolección de residuos hicieron temer que la basura anegara una ciudad que hace tiempo no es ejemplo de pulcritud. No queda claro qué hizo el montevideano con la basura pero no pasó nada. El tema igual es la migraña crónica de la Intendencia: los hurgadores están desconformes, el proyecto de la bolsa naranja fue un papelón, la usina de Felipe Cardozo está desbordada y el sistema de contenedores vive al borde del colapso. Lindo para hablar de la Contribución.