Ecuador padece la diáspora de sus pocos profesionales

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El País

JAIME PLAZA

ECUADOR

PAÚL CARRILLO PARECÍA que cumplía su objetivo profesional. Hasta hace un año y medio participaba en investigaciones económicas como parte del equipo del Banco Central del Ecuador (BCE).

Pero las trabas burocráticas y la falta de incentivos terminaron por frustrarlo. "Durante los dos años que trabajé en el BCE me sentí profundamente desmotivado por la manera cómo se manejan los recursos humanos en esta institución. Como muestra de esa crisis, en los últimos tres años esa institución ha perdido a cuatro PhD en Economía".

Él, por ejemplo, no desaprovechó la oferta de trabajo en el Departamento de Economía de la Universidad George Washington, en Estados Unidos. Ahora ejerce su profesión a tiempo completo en la universidad estadounidense.

Así como Carrillo, miles de profesionales ecuatorianos optaron por emigrar al exterior. Según un estudio del Instituto Ecuatoriano de Estadísticas y Censos (INEC), 1.571.450 ecuatorianos viven en el extranjero. Aunque hay quienes insisten que son más de 2.500.000.

Médicos, arquitectos, ingenieros, economistas, profesores conforman el abanico de profesionales que han emigrado. España, Italia, Alemania, Canadá, Estados Unidos y Chile son los destinos principales.

La tesis de maestría en género y desarrollo hecha por la doctora Rita Bedoya demuestra que sólo en Chile hasta 2007 trabajaban 1.784 médicos ecuatorianos. Mónica Elizabeth Sánchez es parte de ese grupo. Ella emigró empujada por el enojo que desató el congelamiento bancario del 2000. Apenas le devolvieron la quinta parte de sus ahorros.

Aprovechó el Convenio Andrés Bello entre Ecuador y Chile, mediante el cual se permite revalidar un título universitario y ejercer la profesión. Ahora está enrolada al sistema de salud municipal de Santiago.

La mayoría de los que emigran lo hacen en busca de una mejor remuneración. Son atraídos por mejores salarios, posibilidad de acceder a créditos para vivienda y mejorar su preparación profesional.

Carrillo, por ejemplo, gana alrededor de 100 mil dólares por año. Pero lo más importante para él es el prestigio de esta profesión en el medio y la libertad que tiene para elegir los proyectos de investigación.

El caso de los médicos que emigran a Chile es bastante más duro. Además del impacto cultural, el mercado laboral es mucho más exigente. Además, tienen que soportar una fuerte oposición de los médicos chilenos.

Orazio Bellettini, director del Grupo Faro, una ONG dedicada a la implementación de políticas públicas, señala que "los impactos son graves, sobre todo porque es un país que no se caracteriza por un alto nivel educativo". Bellettini recuerda que sólo el 10% de ecuatorianos "tiene un título universitario".

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