CÉSAR BIANCHI
Hoy morirá un uruguayo más en accidentes de tránsito. O quizás dos. Además, 15 uruguayos van a quedar con secuelas psicológicas y físicas producto de las lesiones sufridas en siniestros viales, y 75 van a ser hospitalizados por las heridas.
Este año, unos 1.800 sufrirán alguna fractura de un brazo o pierna, se le amputará algún miembro vital o quedarán discapacitados. Y se calcula que entre 600 y 650 morirán por año en accidentes de tránsito.
Es la tercera causa principal de fallecimientos en Uruguay tomando toda la población, seguida de las enfermedades cardiovasculares y los tumores. Pero es la primera si se considera a ciudadanos menores de 35 años, es decir, la mano de obra productiva del país.
Las vidas que quedaron truncas por impactos en rutas o vías urbanas en este primer mes del año fueron el asunto noticioso del verano. Ni qué hablar de la atención que requirieron victimarios famosos como el relacionista público argentino "Gaby" Álvarez, por haber discutido con su secretario y accionado el freno de mano (sumado a las caipiroskas que tomó y la cocaína que inhaló) minutos antes de atropellar y matar a una pareja en José Ignacio el 23 de enero.
Mientras el Estado recién comienza a implementar políticas de Estado -precisamente- para bajar los altos índices de siniestralidad, unificar criterios en todo el país y establecer normas de seguridad vial que se respeten, el flagelo se hace sentir con vehemencia.
Enero de 2008, con 54 víctimas fatales por accidentes de tránsito según el Ministerio del Interior, se convirtió en el mes tristemente célebre del siglo XXI.
Policía Caminera contabilizó 30 muertos en enero en rutas y carreteras, cuando en enero de 2007 fueron apenas ocho. El notable incremento es de 275%. "Los accidentes fueron apenas seis más, y hubo 28 lesionados menos incluso, pero lo llamativo fue lo más trágico: la cantidad de fallecidos en las rutas", dijo Sergio Olivera, jefe de Relaciones Públicas de Caminera.
Hasta el martes 4 de febrero la cifra de muertos en ruta siguió su promedio fatal: cuatro, a razón de uno por día, incluyendo un bebé de 18 meses y una niña de 10 años que viajaba con su padre, que iba alcoholizado.
Según el Observatorio de Violencia y Criminalidad del Ministerio del Interior, que recabó los datos de las 18 jefaturas de Policía del interior, fueron 42 los fallecidos en accidentes de tránsito hasta el 25 de enero.
El mes pasado murieron 12 personas en accidentes en Montevideo y hasta el miércoles 5 dos más en los primeros días de febrero, en un total de 625 choques, según el departamento de Estadísticas y Análisis de la Policía de Tránsito de Jefatura de Policía de Montevideo.
En una suma no muy elaborada se puede comprobar que el primer mes del año fue históricamente trágico en rutas y caminos urbanos: 54 fallecidos en todo el territorio nacional.
Muchos otros no murieron. Cambiaron el auto por la silla de ruedas, pero no salieron en los medios. Mientras tanto, los actores sociales y el gobierno hablan y promueven leyes para ver si, a la fuerza, se entienden de una buena vez los riesgos que implica el tránsito.
Los muertos de cada día
Javier Fontana, de 34 años, y Juan José Vico, de 67, se conmovieron cuando el 16 de enero se enteraron por la prensa del brutal accidente con nueve muertos en la ruta 5. Mucho más al saber que quien manejaba el camión que cruzó su senda para embestir a la camioneta fue, casi de inmediato, procesado con prisión.
"Se me movió todo", confesó Fontana. El accidente más trágico de enero le hizo evocar el propio, el que lo dejó viudo en agosto. Y también le recordó que el camionero que incrustó el remolque de su camión en el ómnibus nunca fue a la cárcel, y sigue manejando.
El 12 de agosto de 2007 una familia viajaba de regreso desde Treinta y Tres hacia Progreso y La Paz en un ómnibus contratado por 8.500 pesos por 14 horas, incluyendo la espera en el lugar. Habían ido a festejar el primer cumpleaños de Luciana Matiaude. Le ofrecieron refrescos al chofer, que hasta se durmió una siesta y al despertar se preparó el mate.
Salieron a las dos de la mañana de Treinta y Tres. A las siete, cuando todos dormían, pasaron del sueño al infierno. Recuerda Fontana: "Yo iba con mi hijo en la falda, del lado del pasillo. De pronto sentí una frenada brusca. Cuando abrí los ojos, vi un instante del choque frontal con el camión. Ahí fue el impacto de la zorra en el costado del ómnibus. Perdí la noción de lo que pasaba por unos segundos, cuando desperté me encontré entreverado entre los asientos, con mi hijo abajo mío y escuchando gritos de todo el mundo".
"Procuré sacarlo a él fuera del ómnibus", relata Fontana. "Mamita se murió", interrumpe Renzo, de dos años y medio, ajeno a tanta congoja. El papá ya le dijo que la mamá, Giovanna Vico, se fue al cielo. Le pidió que no la espere porque no va a volver.
En ese accidente murieron cinco personas y hubo 27 heridos. En el impacto, siete asientos salieron despedidos. El camión quedó con su cabina girada 180 grados y arrancó la parte delantera del ómnibus. Hasta la cuarta ventanilla todo quedó reducido a fierros retorcidos.
Algunos, como Fontana, pudieron salir por sus propios medios, otros debieron esperar a ser rescatados. "¡Hay niños!", gritaban algunos desesperados.
En el acto fallecieron el chofer Everardo Pérez, Virginia Fontana y su hijito Martín Silberman de tan solo cinco meses. Una hora después murieron Ofelia Larroca, tía de Virginia, y Giovanna Vico, la mujer de Fontana. Eduardo Silberman se quedó en pocos minutos sin familia. "Cuando el choque me desmayé. Cuando desperté vi a mi suegra bañada en sangre. La trompa del camión estaba dentro de la cabina del ómnibus y la zorra metida en el costado. Al otro día, internado, esperaba tener noticias de mi mujer y mi hijo, cuando me dijeron que habían muerto", contó.
Dice que con el paso de los meses ha ido superando la doble pérdida. El choque mortal se dio justo cuando había encarrilado su vida y formado una familia, a los 34 años. Sufrió luxación de cadera, y cortes en la frente y las piernas que dejaron cicatrices. Todavía dolorido, antes de los tres meses de quietud decidió volver a trabajar para no quedarse en casa con los recuerdos.
En una charla en Progreso, en la casa de Teresa y Juan José, padres de la fallecida Giovanna, todos recrean la tragedia. El caso sigue en la Justicia y con pocas novedades para las víctimas. Saben que Policía Técnica detectó que el camión que los chocó no contaba con seis de los ocho frenos que debía tener, que casi todos han declarado pero el juzgado de Pando sigue estudiando el expediente. Algunos de ellos vieron manejando nuevamente al camionero que se durmió y se "despistó", como se dice en la jerga a los que cruzan su carril.
Por si el calvario fuera poco, debieron esperar 29 horas antes de poder reconocer los cuerpos de los fallecidos. Hoy, a seis meses de aquel accidente, reiteran su indignación por la lentitud de la Justicia y apenas se consuelan con que otros responsables de accidentes de tránsito hayan sido procesados con prisión.
La tragedia de San Jacinto se parece mucho a la ocurrida el 15 de enero en la ruta 5. En esta última iban 11 personas, la mayoría durmiendo, en la Chevrolet del 51. Cerca de las cinco de la mañana la camioneta fue aplastada por un camión que cargaba 23.000 kilos en rolos de madera, pero con permiso para 18.000; fue a la altura del kilómetro 110 de la ruta 5, en la entrada de Florida.
Juan Ramón Ortiz, fatigado por una larga jornada laboral, se durmió un par de segundos y ni siquiera tuvo tiempo de frenar. Hoy está preso por el homicidio culposo de nueve personas (incluida una familia entera de cinco miembros, y entre ellos un bebé de un año), tras haberse "despistado". Sólo se salvaron Daniel Martínez, de 22 años, y Lucas Do Nascimento, de 11.
Tan cómodo venía durmiendo Martínez que con el fuerte impacto ni siquiera se despertó. Sufrió un fuerte golpe en la cabeza, fractura en la segunda vértebra, y de un brazo. Los médicos no quisieron decirle enseguida que su padre había fallecido, él se dio cuenta por las evasivas que recibía. "Me la ví venir", dijo a Qué Pasa desde su casa, donde está en reposo.
Al muchacho no le alivia en lo más mínimo que el chofer del camión que mató a su papá esté preso. "Me dio pena por el señor saber que fue procesado con prisión porque, la verdad, es un trabajador. Se durmió, errar es humano, yo no lo culpo al hombre. La culpa es de los empresarios que tienen a seres humanos trabajando 25.000 horas como animales", dijo.
Su opinión cobra importancia en el debate que se instaló sobre la cantidad de horas extras que asumen camioneros y transportistas de carga para incrementar su magro salario. Se supo que el chofer llevaba 26 horas frente al volante sin descansar. Días después, los conductores alertaron a la población: lo de las maratónicas jornadas manejando por unos pesos más, es norma.
El punto es apenas una de las tantas negociaciones arriba de la mesa en el crítico contexto del tránsito nacional. "De mito no hay nada, es todo realidad", confirmó Gerardo Barrios, uno de los directores de la Unidad Nacional de Seguridad Vial (Unasev), organismo dependiente de Presidencia de la República que tiene la ardua tarea de unificar criterios en seguridad vial y bajar la cantidad de accidentes de tránsito en el país.
Barrios dijo que el convenio 153 de la Organización Internacional de Trabajo (OIT) establece que cada cuatro horas de conducción vehicular, el chofer debe descansar. Uruguay ratificó el convenio pero nunca lo reglamentó. Por eso, tampoco estableció el tiempo de descanso cada cuatro horas. El gremio de transportistas le dejó claro a la Unasev que suelen manejar hasta 30 horas sin parar.
Los conductores de carga ganan un promedio de 270 pesos por día y si sólo manejaran ocho horas diarias, ganarían poco más de 7.000 pesos. Por eso, recurren a las horas extras. "Muchos manejan una semana, durmiendo de a puchos en los camiones, para poder parar la olla en la casa", afirmó Barrios.
Arturo Borges, director del privado Instituto de Seguridad Vial (Isev), advirtió sobre esta situación el 15 de febrero de 2005 en una columna publicada en El País titulada "Alerta: conductores profesionales sin descanso". Allí escribió que taximetristas y camioneros llegaban a viajar hasta 22 horas durmiendo en la cabina de los vehículos para mejorar sus ganancias.
"El conductor está obligado a manejar más horas porque si no no llega a fin de mes. Trabajan 12 horas por día por 7.000 u 8.000 pesos. Entonces les dicen que tienen que hacer 200 kilómetros más por 250 pesos y se vuelven a subir al camión", dijo Borges.
La falta de idoneidad, el informalismo y las fallas en los controles estatales son, para las empresas de transporte de carga, los aspectos clave de los aumentos de la siniestralidad. "Hoy por hoy, cualquiera que tiene un par de camiones arma una empresa. Venimos reclamando hace tiempo la idoneidad, tanto para el transporte internacional como para el nacional de cargas", dijo a El País el secretario general de la Intergremial del Transporte de Carga, Jorge Lepera, dos días después de la tragedia en ruta 5 en los accesos a Florida.
Ney Ramírez, presidente de la Cámara de Transporte Internacional de Cargas, opinó igual: "Que las empresas cobren las tarifas que correspondan y los conductores viajen los tiempos que correspondan".
El diagnóstico de Ramírez parece algo muy difícil de llevar a cabo desde que el sector forestal vive su auge y cada vez más camiones transitan rutas en procura de montes, coincidieron los analistas consultados.
Lo reconoció Lepera, de la Intergremial de Transportes de Carga, y días después fue más lejos la Unión de Transportes Fleteros del Uruguay. Su presidente, Walter Mancini, denunció irregularidades en las condiciones de trabajo de parte de la empresa Botnia y señaló diferencias "abismales" en las tarifas que paga la firma papelera con las que debería abonar de acuerdo a la tabla de referencia del Ministerio de Transporte.
Los accidentes carreteros protagonizados por camiones pasaron del 8% en 2004 al 22% el año pasado, según Policía Caminera. "Por eso hay más accidentes con lesionados en Río Negro que en Montevideo, contra lo que uno podría pensar", dijo Barrios, de Unasev.
Para Borges, del Isev, faltó previsión por parte del Estado. "Hace cuatro años que se sabe de las papeleras... Se sabía que iba a aumentar sensiblemente la cantidad de camiones haciendo ruta en Uruguay y no se hizo nada. Y no es sólo Río Negro; ahora van a buscar leña a cualquier parte del país, vemos esos camiones en la ruta 6, la 7, la 14 y la 29", ejemplificó.
"¿La culpa es del chofer? ¿Del empresario? ¿Del Ministerio de Transporte? No, la culpa es del sistema, que genera los accidentes".
Pues bien, para corregir el sistema se creó la Unasev.
El Estado y su política
La Unidad Nacional de Seguridad Vial fue creada con la ley 18.113. Para Gerardo Barrios, uno de sus directores, fue una legislación que urgía para comenzar a establecer políticas de Estado en seguridad vial que lidien mejor con la problemática. Igual de necesaria era, para él, la 18.191, la llamada Ley de Tránsito.
Barrios explicó el rol de la Unasev: "Somos el órgano de referencia a nivel nacional en materia de tránsito. Somos los responsables de establecer programas con metas específicas para bajar la siniestralidad. Somos los responsables de sacar los vicios que había: 19 licencias de conducir, 19 formas de otorgar esas licencias, 19 maneras de establecer señalizaciones viales, 19 códigos distintos... La Unasev, desde Presidencia, se encargará de unificar criterios, escuchando a todos los actores".
Por lo pronto, es inminente el lanzamiento de un programa para la formación de agentes comunitarios de seguridad vial que actuarán en la prevención de siniestros de tránsito. Estas personas serán convocadas a través de los centros comunales zonales, y luego serán preparadas por técnicos de Policía Caminera e inspectores de Tránsito de Montevideo. "Hay que identificar las dificultades del tránsito en cada barrio con anticipación a los accidentes, no esperar que pase una tragedia para cortar la calle y pedir a gritos que vengan a poner un lomo de burro. Y el vecino sabe cuáles son los problemas en su vecindario", dijo Barrios.
En cada departamento se crearán las unidades departamentales de seguridad vial que trabajarán en estrecho contacto con la Unasev. "Estamos convencidos que cada comunidad debe participar activamente. De ahí el eslogan que queremos difundir en una próxima campaña: `Vos sos parte de la solución`".
La ley prevé que la Unasev conforme comisiones especiales. Es así que, según explicó el director Omar Rodríguez, se crearon cuatro cámaras: una de ingeniería de tránsito (estudiará la señalización vial; por ejemplo, establecer un único modelo de casco en todo el país); una cámara de asuntos jurídicos que analizará los temas de fiscalización y sanciones (Rodríguez cree que más allá de endurecer las penas, deben existir jueces de tránsito, más preparados que los magistrados comunes); una cámara de educación que establezca programas de formación junto a docentes; y una de comunicación social, que trabajará con los medios. "Los periodistas deben informar por la vida y no por la muerte, por la positiva", aconsejó Rodríguez.
Borges, del Isev, se lamentó porque ni en la cámara de comunicación ni en la de educación vial hay pedagogos trabajando. Además, cree que más allá de la Ley de Tránsito, no hay voluntad política para hacerla respetar. "Si no la conseguimos, la ley se volverá letra muerta en poco tiempo. La ley está vigente desde el 8 de diciembre. ¿Qué intendencias han cambiado los exámenes teóricos (para la licencia de conducir) y han puesto lo que rige la nueva ley? Lo que tiene que reglamentarse es muy poquito: qué modelo de cinturón de seguridad, qué diseño del casco. El resto ya tendría que aplicarse".
A quien tampoco le convence la nueva ley que regula el tránsito es a Washington Nalerio, titular de la asociación civil Familiares y Víctimas de Accidentes de Tránsito. "Es un ma-ma-rra-cho. La Ley de Tránsito nos dice cómo conducir el vehículo a los efectos del seguro obligatorio, habla de normas generales de circulación, pero todo esto estaba contemplado en la reglamentación de tránsito. Lo único nuevo es el artículo 44 que introduce el seguro obligatorio, pero es rengo porque no lo codifica: no hay una valoración en caso de siniestro, como por ejemplo determinar cuánto en caso de que se fracture un brazo", especificó.
Nalerio, además, está dolido porque la ley no tuvo en cuenta a su ONG, con 18 años de experiencia entre integrantes que alguna vez padecieron accidentes de tránsito. "En cuanto al seguro para los accidentados tenemos la misma legislación que Haití o Guatemala. Somos una republiqueta bananera".
El titular de Familiares y Víctimas de Accidentes de Tránsito dijo que Uruguay gasta en asistencia a los accidentados de tránsito el doble que percibe por ingresos de turismo. Mientras que el país recibe ingresos por concepto de turismo de 500 millones de dólares -estimó- se gastan mil millones de dólares para los accidentados que no cuentan con cobertura médica. Sólo un clavo de Kuncher para un fémur o tibia quebrado cuesta 2.000 dólares. Y hay 20 fracturados por día.
La estimación no es descabellada. Según El Observador, un estudio de Héctor Garat realizado en 2000 concluyó que la siniestralidad vial deja pérdidas por 900 millones de dólares, lo que equivalía entonces al 4,5% del PBI y el porcentaje que la educación reclama.
Familiares y Víctimas de Accidentes de Tránsito tampoco confía en la cifra de fallecidos que calcula Unasev. Según la agrupación, el año 2006 murieron 778 personas por siniestros de tránsito y 1.316 personas quedaron "imposibilitados permanentes" a raíz de los accidentes.
Los datos del Observatorio de Violencia y Criminalidad del Ministerio del Interior señalan que en 2006 hubo en el país 18.821 accidentes: 428 mortales, 2.395 graves y 15.998 leves. El observatorio contabilizó 15.367 accidentes de enero a septiembre de 2007, 2.230 de ellos graves y 318 fatales. El departamento presentará en breve formalmente los datos actualizados a diciembre de 2007, explicó Rafael Paternain, director del mismo. "Se puede decir que hubo un 10% más de accidentes".
Todos los expertos consultados llevan su propio conteo de accidentes de tránsito y coincidieron en que, en general, las cifras están subvaloradas. Una de las tareas de la Unasev será incorporar los datos de Policía Caminera, Ministerio del Interior, Ministerio de Salud Pública y cada una de las jefaturas policiales para establecer números oficiales. La medida está incluida en el llamado Registro Único de Vehículos, Conductores e Infractores que se exige desde hace tanto tiempo.
Hay varios deberes anotados en el cuaderno de la Unasev: llevar programas de educación vial a las escuelas y liceos, endurecer los exámenes para las licencias de conducir ("va a ser todo un privilegio tener la licencia", dijo Omar Rodríguez), así como las sanciones para los infractores, y estudiar medidas como una libreta de conducir a la que se le quiten puntos por cada infracción de tránsito ("conocemos de cerca la experiencia de España, es atendible, pero ha costado mucho implementarla").
También se prevé, según dijo Barrios, hacerle un seguimiento a los accidentados que sufren lesiones. Es norma contabilizar heridos como "lesionados grave" que meses después fallecen por causa de ese siniestro, extremo que los técnicos comprobaron con información del Instituto Técnico Forense.
"El tema está en que nadie se preocupa del accidentado al día después del accidente", dijo Nalerio.
Y es cierto. Por lo pronto, nadie llamó a Marisa Araújo el 28 de abril de 2003, al otro día que un camión la pasara por arriba (literalmente) y le dejara secuelas para toda la vida. Basta mirar un par de segundos su pierna derecha para saber que ya nada fue igual para ella.
Iba en bicicileta por Julio Herrera y Obes y pretendía cruzar 18 de Julio. Se detuvo al lado de un camión cuando la luz roja no los dejó avanzar. Cuando se prendió la verde, la joven quiso cruzar pero el camión dobló hacia la principal avenida y la obligó a hacer lo mismo. El impacto la hizo caer a la calle. "Empecé a rodar abajo del camión, di como cuatro vueltas, pero me parecieron 500. Unas personas le gritaron al camionero para que se detuviera y el tipo paró. Dijo que pensó que había mordido el cordón", relató Araújo.
Sufrió desplazamiento de cuatro vértebras, quebradura de clavícula, del fémur de la pierna izquierda y se le infectó la derecha. Con antibióticos pudieron salvarle esa pierna, cuando la decisión de amputársela era inminente. Debieron injertarle músculos del muslo y de la nalga derecha para esa extremidad.
Estuvo un año y tres meses sin poder trabajar como auxiliar de limpieza. El día del accidente estaba a una semana de ser contratada como efectiva. Debió abandonar los partidos de fútbol como defensa en el equipo femenino de Cerro. Y, hoy, prefiere evitar la playa.
Luego de un año con acortamiento de pierna (implantes y escalpes mediante), la operaron. Le advirtieron que la cirugía sería muy dolorosa. Y lo fue. Los días posteriores no podía dormir de tanto dolor y porque no paraba de repetir las imágenes del accidente en su cabeza, una y mil veces. Por eso, decidió ir a terapia.
El chofer de ese camión, que recolectaba basura, resultó preso. Araújo reclamó 100.000 dólares por daños morales y lucro cesante, pero el juez bajó la cifra a 30.000 dólares. Su abogado le ganó el juicio al Banco de Seguros pero ahora esperan el fallo de la Justicia, tras la apelación de la empresa dueña del camión.
La joven recuerda su accidente y se alarma por los muertos por accidentes de tránsito que siguen apareciendo en la tele y los diarios todos los días. No es para menos: al 6 de febrero ya sumaban seis los fallecidos en rutas y en Montevideo.
Mientras los actores principales apuran los programas para luchar contra la falta de educación vial, esa ley de la selva que es el tránsito uruguayo sigue reclamando vidas.
Famosos y no tanto
El lunes 7 dos músicos mendocinos y el chofer del vehículo, un uruguayo, murieron en un accidente en el kilómetro 216 de la ruta 2, en el departamento de Soriano. Se dirigían a la segunda edición del festival Jazz a la Calle de Mercedes. Valdo Delgado, de 41 años, chileno aunque argentino por adopción, y Eduardo Pinto, de 28, eran compositores e instrumentistas del trío mendocino Miles de Años y fallecieron en el siniestro. Viajaban a Mercedes para el proyecto musical que organiza desde el año pasado con gran éxito la Intendencia de Soriano.
A las 6.15 de la madrugada el Mercedes Benz matrícula KMA 2323 se "despistó". Recorrió 200 metros por el borde de la carretera, atravesó el arroyo Maciel y se dio contra un acantilado. "La escena, según narraron testigos, era dantesca", publicó El País.
Según estimó Policía Caminera, es muy probable que el chofer, el uruguayo Jorge Symonds, de 61 años, se haya quedado dormido.
El percusionista uruguayo "Quique" Öesch, el restante integrante de Miles de Años, los esperaba en Mercedes. El propio Öesch pidió a la organización que no suspendiera el festival, dado que, entendía, era la mejor manera de despedir a sus compañeros: con jazz.
El domingo 13, en un accidente de tránsito en la ruta 9, cerca del balneario Bella Vista, falleció el chef y conductor de televisión Juan Pablo Capdepon (34), conocido por sus programas Las Cacerolas del Negro y Rutas y Sabores, ambos en canal 10. Según Caminera, a las 18 horas un auto que circulaba en la misma dirección que Capdepon lo chocó de atrás e hizo que su camioneta se saliera de la ruta. El cocinero fue despedido del vehículo, dado que no llevaba puesto el cinturón de seguridad. Herido fue llevado al Hospital de Maldonado, donde falleció a las 22 horas.
Tres días después, todo el mundo comentaba el trágico accidente de la ruta 5, donde fallecieron nueve personas, luego de que un camión cargado saliera de su carril y embistiera una camioneta. Ese mismo día, un camión le pasó por arriba a dos niños que iban en bicicleta en Sayago Norte.
Diego Larrosa, de 9 años, iba pedaleando al lado de su amigo Daniel, de 8, a la altura de Millán y Gabito. El camionero no vio a los niños y los embistió. El accidente fue a las 13.20 y recién tres horas después llegó una ambulancia y certificó el deceso de Diego. La mamá, Rosana Cárcamo, no esperó a que vinieran a levantar el cadáver de su hijo. "Ya había visto demasiado, me quise ir", dijo a Qué Pasa. Al otro día, desde las 16 estaba el cuerpo del niño en las salas velatorias municipales, pero Cárcamo se enteró dos horas después. Daniel fue internado en el hospital Pereira Rossell y ya le dieron de alta. Sufrió quebradura expuesta del brazo derecho, le quitaron ocho centímetros de tendón en el antebrazo y lo enyesaron.
El 23, como es sabido, el RR.PP. argentino "Gaby" Álvarez discutía con su secretario "Blas" Coelho (que conducía), accionó el freno de mano y terminaron matando a dos turistas argentinos que querían cruzar la ruta 10 de José Ignacio en su moto. Hoy, Coelho y Álvarez están presos en la cárcel de Las Rosas por homicidio culposo.
"El juicio más trancado de mi vida"
El 6 de noviembre de 1999 el entonces presidenciable colorado Jorge Batlle lanzaba su candidatura conjunta con el forista Luis Hierro a la vicepresidencia en Florida y con el pabellón nacional de fondo, como pidiendo el voto de todos los uruguayos. Un grupo de militantes había contratado un ómnibus con el aporte fundamental de la dirigente local Yolanda Bentancur y el veterano Pablo Millor. Al regreso a sus hogares, a la altura del puente de Paso Pache el ómnibus rompió un perno y cayó al vacío desde un puente. El accidente se cobró 19 vidas y 18 personas resultaron heridas. A ocho años de la tragedia, el caso todavía sigue en la Justicia.
Gulma Lucero iba junto a su marido, Fernando Busarello, sus dos hijos, Anetta de 10 años y Fernando de 9, y una amiguita de Anetta, Victoria Calero, de 11 años. También iba con ellos Sergio Marichal, amigo de Busarello. La niña Calero y Marichal fallecieron en el lugar. Lucero, una de las sobrevivientes, recuerda el momento fatal. "Pasó todo muy rápido... Yo iba despierta y recuerdo todo, desde que cayó la primera persona al vacío. Vi el impacto, recuerdo cuando se desprendió el ómnibus y cayó. Atiné a agarrar a la amiga de mi hija, que se quiso parar, cuando el ómnibus se dio contra la baranda. Con el otro brazo apoyé a mi hijo debajo del asiento", contó.
El pasamanos superior le quebró la clavícula y le quedó "incrustado", según ella, en el brazo derecho. Perdió gran parte del movimiento de ese miembro hasta el día de hoy. Los médicos evitaron la amputación del brazo. Le colocaron una prótesis en el hombro derecho, pero asegura que le quedó mal y debe volver a operarse.
"Ni bien salí busqué a mis hijos pero no los encontré. Me pusieron en una ambulancia y me llevaron en pleno estado de shock y desesperación". En iguales condiciones estaban los demás sobrevivientes. A Lucero la llevaron a Canelones, de ahí al Hospital de Clínicas y finalmente a la Asociación Española. recién ahí se enteró que sus hijos estaban bien, aunque internados, y su marido había muerto.
Su hijo Fernando, que perdió masa encefálica, todavía no acepta la muerte de su padre. Ni él ni su hermana quieren hablar de la tragedia. "Anetta perdió a su amiga Victoria. Yo todavía tengo sentimientos de culpa, porque los padres nos la dejaron llevar con nosotros, nos hicimos responsables por ella", dice entre llantos Lucero, quien está indignada porque, dice, el Partido Colorado nunca cumplió las promesas de ayuda. Ella sigue reclamando una pensión, dado que debió quedar al frente de la familia.
El abogado Enrique Sagardoy, quien asumió la defensa de familiares de 11 de las 19 víctimas mortales, dice que éste es "el juicio más trancado" de su vida. Hubo una audiencia preliminar pero finalmente el juez decidió esperar a que se acumule el expediente de las demandas que inició Sagardoy con la de otra abogada que representa a otros familiares. Sagardoy demandó al Banco de Seguros del Estado, al Partido Colorado y al Ministerio de Transporte y Obras Públicas por omisión de controles y fallas en la cabecera del puente. La causa civil está en suspenso, mientras la penal determinó el procesamiento del chofer del bus.
Sagardoy es optimista. Aunque todavía, a ocho años del accidente, no se le han tomado declaraciones a ningún testigo de lo ocurrido.