De acá a la vuelta

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Arotxa

FERNÁN R. CISNERO

Omar gutiérrez tiene un talento especial: sabe cómo comunicarse con ese ente abstracto llamado El Sentir Popular. Muchas veces deja en evidencia (desde lo acrítico, es cierto) en qué nos hemos ido convirtiendo. Pero también que, gracias a esa cercanía que practica, a veces puede llegar a ser el periodista más incisivo. Otro eufemismo: Gutiérrez pregunta lo que la gente quiere saber. No es poco mérito, aunque se deja empañar por su promoción de la música tropical y de una cultura "plancha" de discutible valía. Aunque eso es discutible. Porque también puede decirse que supo transmitir en vivo desde un cantegril y ese es un mérito interesante.

Un quebranto de salud, que parecía inevitable dada la abnegación que le dedicaba al vicio del cigarrillo, demostró que ese cariño pasó la prueba de fuego: el de la preocupación de su público por su estado de salud. Dejó de fumar, pero no el mate, símbolo de sus pretensiones y uno de los secretos de ese éxito.

Gutiérrez que cumplió 60 años el martes pasado, es, entonces, un personaje televisivo exitoso. Ese hombre de aspecto grotesco que toma mate, aún vive en el Interior, es algo desfachatado y proclive al doble sentido, desprolijo y distraído hasta límites exasperantes, ha conseguido mantenerse en el cariño del público por ya tantos años. Es una estrella uruguaya, en el sentido más estricto del término y que cada uno vea lo que quiere ver cuando se califica así a alguien.

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