AFP
Joshua Milton Blahyi era temido y despreciado. Como "general" durante la guerra civil en Liberia fue responsable de numerosos crímenes de lesa humanidad. También conocido con el poco decoroso sobrenombre "Butt Naked" (traducción: trasero desnudo), Milton Blahyi dice que mató a muchos. Pero se arrepintió.
Desde hace varios años, el ex soldado y asesino se convirtió en pastor evangélico. Hace pocos días, se presentó ante la Comisión Nacional por la Verdad y la Reconciliación (CVR) de su país y confesó el asesinato de miles de personas, en muchos casos realizados como parte en ceremonias sacrificiales.
"No sé cuántas personas matamos en total. Pero yo personalmente maté al menos a 20.000", aseguró prorrumpiendo en llanto ante la CVR, donde se presentó por su propia iniciativa para "pedir perdón".
Nacido en 1970, Milton Blayhi era un temido combatiente del Movimiento Unido de Liberación por la democracia (ULIMO), favorable al presidente Samuel Doe, cuyo asesinato en 1990 desató una guerra civil durante la que se cometieron numerosas atrocidades.
Él sembraba el terror al frente de un grupo de jóvenes soldados drogados y desnudos, famosos por su crueldad y su afición a la brujería durante la primera guerra civil liberiana (1989-1997). En la actualidad, "Butt Naked", vestido de manera impecable, se ha convertido en un pastor evangelista que recorre el país con la Biblia en la mano desde su sorprendente conversión en 1996.
Ante la CVR, instalada en un salón de la alcaldía de Monrovia, cuenta cómo se convirtió con el correr de los años en uno de los combatientes más temidos en una guerra en la que estaban enfrentados varios grupos armados, entre ellos el de Charles Taylor, el hombre que mandó a matar a Doe.
Durante la guerra "Butt Naked" afirmó que contaba con poderes mágicos: "Soy de la etnia Krahn (etnia de Samuel Doe). Tenía 11 años cuando fui iniciado en una sociedad secreta en mi región natal".
"Como estaba dotado de un poder especial, siempre estaba en la primera fila de los combates, cuando íbamos al frente. Yo iba solo a apoderarme de una ciudad antes de que los otros llegaran a hacer la limpieza. En esa época, podía hacerme invisible". "Cada vez que nos apoderábamos de una ciudad, era necesario hacer un sacrificio humano para mantener mi poder. Me traían un niño vivo y yo le sacaba el corazón y me lo comía", remató el ahora arrepentido genocida.