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Desde Tijuana a Tierra Del Fuego, los rivales de Washington están haciendo rápidas incursiones en una región que Estados Unidos siempre ha visto como su esfera natural de influencia. A pesar de que Estados Unidos se mantiene por lejos como el principal socio comercial de América Latina, Rusia, China e Irán están cerrando negocios, abriendo nuevos mercados y construyendo lazos diplomáticos.
Hasta Correa del Norte ha conseguido relaciones diplomáticas con Guatemala y República Dominicana en las últimas semanas, mientras el foco de Estados Unidos permanece anclado en Medio Oriente. "La doctrina Monroe que Estados Unidos había cultivado por casi dos siglos, ya no existe más", dice Alejandro Sánchez, investigador del Consejo para Asuntos Hemisféricos con sede en Washington.
A comienzos del siglo XX, Estados Unidos regularmente enviaba a sus Marines para dar un respaldo a dictadores amigos o defender a las empresas estadounidenses en la región. Durante la guerra fría, las administraciones estadounidenses utilizaron a la Organización de Estados Americanos para combatir a los comunistas latinoamericanos. Después del colapso de la Unión Soviética en 1991, Estados Unidos se retiró de la cancha pesada de los juegos geopolíticos y los gobiernos latinoamericanos abrazaron el modelo económico del libre mercado promovido desde Washington. Funcionarios de la administración Clinton se concentraron en iniciativas contra el narcotráfico y la promoción del libre mercado y George W. Bush lanzó su primer mandato saludando el amanecer de un siglo de las Américas.
Ahora América Latina es libre de elegir sus amigos y el ascenso de populistas y pragmáticos está haciendo sonar las campanas fúnebres de la hegemonía estadounidense. En Venezuela, Hugo Chávez presiona para crear un equilibrio multipolar del poder, diseñado exclusivamente para disminuir la autoridad de Washington. Los precios del petróleo ayudan a solidificar su influencia, y mientras muchos vecinos de Chávez son escépticos con respecto a sus intenciones, se diversifican de Estados Unidos por sus propias razones.
En años recientes, Chile ratificó su status el banco de pruebas y economía líder de América Latina, al firmar acuerdos de libre comercio con China, Corea del Sur, Japón y la Unión Europea. En 2005, una cumbre en Brasil reunió a delegaciones de 22 países árabes y una docena de naciones latinoamericanas (entre ellas, Uruguay). En los últimos 15 meses, el presidente iraní, Mahmoud Ahmadinejad, viajó tres veces a América Latina y firmó decenas de acuerdos de cooperación con Chávez. El año pasado, Rusia vendió tres mil millones de dólares en armas rusas al presidente venezolano, el mejor cliente de Moscú en una región que ahora es su tercer mercado de armas a nivel mundial. Caracas también anunció planes para comprar cinco submarinos por un precio no declarado pero que se estima entre los dos mil y los tres mil millones de dólares.
Y por ahí también empieza a jugar China. En noviembre de 2004, el presidente Hu Jintao visitó Argentina, Brasil, Chile y Cuba, prometiendo una inversión de 100 mil millones de dólares en 10 años. Mucha de esta inversión no se ha materializado principalmente porque los chinos están trabajando a un plazo más largo de lo que muchos esperaban, dice Shanker Singham, un abogado especializado en comercio internacional de Washington, D.C. Pero China tiene un apetito voraz por el cobre chileno y la soja argentina y, desde 2001, su comercio bilateral con América Latina se cuadruplicó hasta llegar a los 78,8 mil millones de dólares, superando a Japón, en 2004, como el tercer socio comercial de la región, después de Estados Unidos y la Unión Europea.
"Ahora los estadounidenses están empezando a perder mercado para sus exportaciones", dice Claudio Loser, presidente de la consultora económica con base en Washington, Centennial Group Latin America. "Y están perdiendo influencia", agrega, "en el sentido de que cuanto más diversifique América Latina sus exportaciones e importaciones, Estados Unidos puede influenciar en menos asuntos desde un punto de vista económico".
Washington está tratando de reacomodarse por el tiempo perdido. La administración Bush firmó acuerdos de libre comercio con tres países latinoamericanos en los últimos 20 meses, que aparecen como vitales para contener el avance de los regímenes antiestadounidenses de la región. La representante comercial de Estados Unidos, Susan Schwab, afirma que los acuerdos no son "sólo en nuestro interés económico nacional sino también porque importan para nuestra política exterior".
Pero con los demócratas en particular escudriñando los acuerdos pendientes con Colombia y Panamá, y los discursos proteccionistas de los candidatos presidenciales Hillary Clinton, Barack Obama y John Edwards, no parece claro que Washington esté en la senda de recuperar ese tiempo perdido.
James Monroe podrá estar revolviéndose en su tumba, pero lo cierto es muchos latinoamericanos no echan de menos su doctrina.