VIRGINIA ROSAS Y MOISÉS ÁVILA ROLDÁN, EL COMERCIO DE LIMA/GDA | EL PAÍS DE MADRID
CUando en enero de 2006 el dirigente cocalero Evo Morales asumió la presidencia de Bolivia con el mayor porcentaje de votos de la historia (54%), tuvo en sus manos una oportunidad histórica para sacar a su país del marasmo y la pobreza en los que se hallaba sumido. Su discurso integrador el día de la toma de mando, su carisma en el ámbito internacional y su arraigo popular, permitían soñar con una Bolivia de indios y mestizos integrados bajo una sola bandera, trabajando unidos para sacar al país del caos y la ingobernabilidad.
Veintidós meses después de la fiesta democrática que encumbró a Morales al poder, otro es el panorama en el país altiplánico que se acerca peligrosamente a la fragmentación. Si el presidente Morales tuvo a su favor cinco departamentos, hoy sólo le quedan tres: La Paz, Oruro y Potosí (aunque en este último también se están oyendo gritos de autonomía). Cochabamba y Chuquisaca, que votaron mayoritariamente por la izquierda en 2005, demandan también la autonomía regional. Y de democracia no está quedando más que el nombre en Bolivia.
El gobierno ha venido sosteniendo un doble discurso: por un lado, la defensa de la institucionalidad democrática y, por el otro, el atropello sistemático de las instituciones democráticas. El penúltimo de ellos tuvo lugar el sábado pasado en Sucre, cuando la Asamblea Constituyente aprobó -en un cuartel militar- la adopción de una nueva ley fundamental leyendo sólo el índice de los capítulos y títulos desconociendo los contenidos y sin contar con la mayoría de dos tercios que exige la ley.
El último atropello fue la aprobación de una ley de renta vitalicia para los mayores de 65 años utilizando fondos de las prefecturas. La unanimidad fue conseguida porque los legisladores oficialistas impidieron el ingreso al Congreso de los opositores.
Las violentas manifestaciones que siguieron a estas medidas dejaron cuatro muertos y más de cien heridos. Y una absoluta ausencia de Estado en Sucre, donde la policía abandonó la ciudad a su suerte por falta de garantías.
Como bien señala la analista política Jimena Costa, Bolivia está a la merced de dos bandos que no controlan a sus bases. El Movimiento al Socialismo (MAS), que azuza a sus seguidores, los convoca a marchas y luego se les escapan de las manos, como aquellos que degollaron a dos perros delante de las cámaras de televisión como advertencia a los opositores.
Igual sucede con los denominados cívicos, que llaman a marchas pacíficas y terminan incendiando casas de autoridades oficialistas o locales públicos.
Tras el éxito del paro del miércoles 28 de noviembre Santa Cruz -la capital económica de Bolivia- puso en marcha un plan de aprobación del estatuto de autonomía administrativa de su región. Una medida desafiante hacia el gobierno de Morales.
Las huelgas de hambre en los departamentos contrarios al presidente -que aportan el 80% del PBI- no dejan presagiar lo mejor.
Por lo pronto, cuatro regiones: Beni, Tarija, Pando y Cochabamba se han declarado en estado de "desobediencia civil", sin que nadie sepa con certeza de qué se trata.
Morales dijo la semana pasada que las diversas actividades de protesta buscan frenar sus medidas populares de cambio e inclusión de las mayorías y evitar la abolición del modelo neoliberal.
En 2006 hubo una huelga opositora que duró un mes; fue cerca de Navidad y contó con 2.500 ayunadores, muchos de los cuales fueron dejaron de hacer la huelga de hambre por razones médicas, según la oposición.
Charla con el presidente
Para encontrar a Evo Morales hubo que tomar un avión desde la ciudad de Santa Cruz a Puerto Suárez, frontera con Brasil, donde el viernes 30 de noviembre participó en el lanzamiento de un proyecto minero. Luego, abordarlo mientras se servía algo de comer, tolerar su mirada de extrañeza y, finalmente, escuchar un sí no tan certero a un pedido de entrevista. "Tiene suerte", dice uno de sus efectivos de seguridad.
Pero fue necesario acompañarlo hasta La Paz en su avión, el 001-Charly, para concretar la entrevista en la residencia presidencial.
El Evo -así se dice él, en tercera persona- tiene una conversación sencilla e informal. No es raro escuchar que trate de "compañero" a su interlocutor o se le escape un "escúcheme pues, jefe" mientras trata de dejar una idea en claro.
Los frentes cívicos de seis de nueve departamentos iniciaron una huelga de hambre indefinida en rechazo a su gobierno, y a lo que consideran una gestión autoritaria y dictatorial. Enfrentamientos entre opositores y seguidores han marcado la semana. El presidente hace un análisis de la situación, la emprende contra "la oligarquía", como denomina a sus opositores, y defiende su modo de gobernar.
-Le han pedido que se disculpe por los enfrentamientos y muertos en Sucre, durante las protestas en contra de su gobierno.
-No hay por qué pedir perdón. Quienes movilizaron una parte del pueblo con el apoyo de Santa Cruz y atacaron la Asamblea Constituyente son quienes tienen que pedir perdón. Son los prefectos (de oposición) quienes se movilizan con grupos de delincuentes preparados para atentar contra el Estado.
-¿Siente que tiene el apoyo o respaldo ciudadano en su proyecto de nueva Constitución?
-Más del 70% u 80% de la población lo apoya. Esta Constitución cambia todo un estado colonial, todo un modelo neoliberal y es aplaudida por el pueblo. Todos los servicios básicos serán declarados un derecho humano. Por tanto, debe ser de servicio público y no de negocio privado. Esta es una profunda transformación. Los recursos naturales nunca más serán privatizados o subastados.
-¿Qué tan favorable ha sido para Bolivia el proceso de nacionalización?
-Hasta 2005, el Estado boliviano recibía de los hidrocarburos menos de 300 millones de dólares. Este año, es más de dos mil millones de dólares. Hasta el 2004, sus reservas internacionales eran menos de mil millones de dólares. Este año ya pasamos cinco mil millones de dólares. Esa plata había, pero dónde se iba. O al bolsillo o afuera. Eso es producto de las luchas de los pueblos, y, sobre todo, producto de la nacionalización.
-La acción en sí puede entenderse como un desconocimiento de las reglas.
-Siempre respetaremos la propiedad privada. En la nueva Constitución se está planeando una economía comunal, en la que están las asociaciones, cooperativas, empresas colectivas y comunales. Es diferente a tantas que ha habido. Son ellos los que no respetan la propiedad privada. En Cobija quemaron la vivienda de un senador que votó a favor de la nueva Constitución, y atacaron a mis familiares.
-Pero las protestas sobre el modo en que se están haciendo los cambios vienen de los dos tercios del país. ¿Quién asume la responsabilidad de los males?
-Lo que había antes en Bolivia eran los ricos en el poder y los pobres luchando contra esas políticas de desigualdad. Y, ahora que desde el gobierno buscamos reivindicar los derechos del pueblo, la oligarquía se organiza para no permitir la igualdad social, esta forma de democratización de la economía en la ciudad y de acortar las diferencias.
-Santa Cruz reclama autonomía administrativa, y que no sea el gobierno el que acapare los recursos.
-El prefecto piensa seguramente que Santa Cruz es su hacienda y que la población es su ganado. Es cierto, es un gran terrateniente, un gran ganadero. Confunde. Esa es la mentalidad que tiene. Si se dan cuenta, acá, los pueblos, los pobres, viven en una lucha por la igualdad y la justicia, y hay grupos que se resisten, ese es el problema de Bolivia. Pobres buscando igualdad y ricos acumulando el capital.
-¿Cuál va a ser la actitud del Gobierno respecto de los cruceños? Ellos piden la mediación de la Iglesia, porque no le dan credibilidad a usted.
-El diálogo está planteado. Que vengan. Para cambiar medidas hemos planteado diálogo. Cinco prefectos neoliberales no quieren diálogo, y hacen problemas. No se requieren mediadores. La mediación funciona cuando ambos sectores no quieren el diálogo. Como no tienen argumentos, entonces promueven la violencia.
55%
de la población boliviana es india. Se reparten básicamente en dos etnias: aymara y quechua, aunque hay una treintena de grupos Los mestizos son el 35% y el 7% son caucásicos.
1.700
millones de dólares le dejaron en 2006 a Bolivia los envíos de gas natural a Brasil y Argentina. Morales, se adjudica, haber redistribuido ese dinero entre las clases más sumergidas.
Buenas migas con los militares
Es uno de los Ejércitos de Latinoamérica con mayor número de golpes de Estado a sus espaldas pero, siguiendo una doctrina iniciada hace poco más de dos décadas, el Ejército boliviano ha expresado su respaldo al presidente Evo Morales y subrayado que no tolerará un golpe de Estado. Pero algunas voces, entre ellas importantes ex militares, aseguran que esta lealtad se funda tanto en una profunda purga llevada a cabo por Morales tras su llegada al poder, como en importantes cantidades de dinero para modernizar la institución llegadas desde Venezuela.
"Tenemos información de que existen movimientos golpistas. Son temas que se manejan en inteligencia militar, pero las Fuerzas Armadas no lo van a permitir", advirtió en plena polémica por la aprobación de la Constitución -en un cuartel militar y con la ausencia de la oposición- el general Wilfredo Vargas, comandante en jefe de las Fuerzas Armadas. Vargas respondía así al llamamiento a la desobediencia civil hecho por el prefecto de Cochabamba, Manfred Reyes Vila, ex capitán del Ejército con contactos catrenses. Morales ha acusado al gobernador rebelde de convocar a un golpe militar.
"Son sólo palabras. Hoy en día no es posible un golpe militar en Bolivia", destaca el general de división retirado Gary Prado, famoso por ser el militar que capturó al Che Guevara en 1967 y denunciara la ejecución del guerrillero. Prado destaca que desde hace 25 años el Ejército ha cambiado su concepción intervencionista en la vida civil y que de hecho durante las violentas crisis institucionales registradas con los presidentes Sánchez de Lozada (2002-2003) y Carlos Mesa (2003-2005) se negó a intervenir respetando el orden constitucional "que ha sido salvado haciendo equilibrios". El ex general apunta otro factor que contribuye a la lealtad castrense. "Morales ha establecido un sistema de prebendas y tiene totalmente sometido al alto mando", denuncia.
Cinco días antes de aprobar el índice de la nueva Constitución, Morales entregó al alto mando de las Fuerzas Armadas U$S 3,7 millones para hacer mejoras en 125 unidades militares, que complementan a los U$S 2,6 millones entregados tres meses antes donados en concepto de ayuda por Venezuela. El presidente pidió a los militares no ver "un chantaje" detrás de los cheques. "Jamás vamos a someternos a nadie y no estamos sometidos a ningún país y nunca voy a llevar a los militares a que se sometan a otras Fuerzas Armadas. Imposible", destacó el mandatario. Según ha reconocido el ministro de Hacienda, Luis Arce, hasta el momento Venezuela ha donado U$S 80 millones en cheques para modernizar las Fuerzas Armadas. La oposición denuncia ausencia de control sobre ese dinero.
El propio Morales se desplaza por el interior de Bolivia a bordo de aviones de la Fuerza Aérea venezolana con dotación venezolana en uniforme y, durante esta semana, se usaron aviones de transporte venezolanos para trasladar policías a diversos puntos de Bolivia donde se han producido incidentes como Cobija, al norte de La Paz.
El año pasado, Morales aprovechó un escándalo gestado en los días previos a su victoria en 2005, para pasar a retiro a tres promociones completas de militares de alta graduación renovando completamente a la cúpula militar. Al parecer, por presión estadounidense, el Ejército permitió que 30 misiles tierra-aire chinos fueran sacados del país para ser desactivados. Nada más asumir como presidente, Morales anunció que la "traición" sería investigada hasta sus últimas consecuencias. El resultado es que, pocos meses después, apartó a los 28 generales más importantes. "Fue un consejo de Chávez como él mismo reconoció públicamente", apunta Prado.