Monos por todas partes

AMELIA GENTLEMAN, THE NEW YORK TIMES

Las autoridades de Nueva Delhi se las ingeniaron para hacer muy poco con respecto a la creciente población de monos salvajes, hasta que el subalcaide tropezó desde su terraza y murió mientras intentaba defenderse de una pandilla de estos animales.

El funcionario Sawinder Singh Bajwa, de 52 años, estaba leyendo el diario en su balcón cuando aparecieron cuatro monos. Mientras él blandía una vara para ahuyentarlos, perdió el equilibrio y cayó. Su hijo lamentó en público el accidente, la oficina de la alcaldesa combatió críticas en cuanto al fracaso para remover las agresivas huestes de monos que conviven junto a los humanos.

El fenómeno es un efecto colateral de la acelerada urbanización de la India. A medida que Delhi va creciendo, con medio millón de nuevos residentes mudándose a ella cada año, las áreas verdes, que han sido el hábitat de los monos desde hace varios siglos, se tornaron más pequeñas. Con su territorio invadido, muchos de estos monos salen de allí para establecerse en el centro de la ciudad.

Lo que resulta irritante en particular para las autoridades es el apego de los monos hacia algunos de los monumentos de mayor prestigio en la capital. Los guardianes que vigilan el Rashtrapati Bhavan, el imponente palacio presidencial hecho de caliza, están apostados ahí tanto para defenderse de los cientos de monos que se descuelgan desde los parapetos como para repeler a intrusos humanos. Al atardecer, las madres entre los monos bañan a sus infantes en las fuentes ceremoniales del centro, al tiempo que los machos pelean ruidosamente sobre los podados jardines.

Algunos políticos con residencias en el área han recurrido a contrataciones de personas que capturan a los monos, hombres que usan una máscara más grande y oscura de mono para ahuyentar a los más pequeños y salvajes.

En 2000, se entabló una demanda acusando al gobierno de no emprender acciones y este año la Alta Corte de Nueva Delhi convocó a altos funcionarios para que rindieran cuentas. La vergüenza oficial se intensificó cuando un diario dijo que el único empleado de la ciudad en la captura de monos, Nand Lal había renunciado y vuelto a su aldea, harto de ser acosado por defensores de los derechos animales. En junio expiró el plazo fijado por dicha la Corte para la remoción de toda los monos, un integrante del comité de aplicación solicitó una prórroga, argumentando que era una crueldad capturarlos durante el verano porque había muchas hembras preñadas.

El abogado de la Corte encargado de garantizar la remoción de los monos dijo que la situación complicada porque los monos estaban cerca de los hospitales. "Atacan a pacientes que están siendo conducidos hacia el interior del hospital, les sacan tubos intravenosos y huyen para beber los fluidos``.

Hizo falta la muerte del subalcaide para inyectarle vitalidad al impulso con miras a su remoción. Después del incidente contrataron a 35 personas para la captura.

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