Tan lejos y tan lejos

| La utopía está en marcha y tiene a unos cuantos convencidos de que es posible. Uruguay quiere ser mundial otra vez.

Centenario. El estadio aún en construcción durante el Mundial de 1930 en Montevideo. 400x250
Centenario. El estadio aún en construcción durante el Mundial de 1930 en Montevideo.

FEDERICO CASTILLO

Así como el gordito patadura juega al fútbol porque es el dueño de la pelota, hay quienes piensan que la única manera de que Uruguay vuelva a un Mundial es organizándolo.

Por ahora la idea suena a utopía y tendrán que pasar más de 20 años para saber si puede ser una realidad. Pero de todas formas hay gente optimista, convencida que es una posibilidad cierta, que ya trabaja para que nuestro país junto con Argentina sean los anfitriones de la Copa del Mundo de 2030.

Si hoy comparamos aquellas imágenes que la televisión ofreció del último campeonato del mundo en Alemania con las que vemos en el fútbol nuestro de cada día, la conclusión obvia es que las chances son nulas. Por más que el tiempo, en este caso, sea un aliado y se pretenda usarlo a favor, el sueño parece estar bien lejano.

Para organizar un campeonato del mundo se necesitan 18 estadios de nivel mundialista. Uruguay no tiene ni uno. Ni siquiera Brasil lo tiene. El Monumental de Núñez, en Argentina, es el único de toda la región que cumple con esa condición.

El mítico Estadio Centenario, escenario de la primera final de mundo, hoy no está a la altura. Sin tablero electrónico hace más de dos años, sin estacionamiento techado y con múltiples carencias en su infraestructura (salas de prensa, cabinas, baños) el Centenario es, de todas formas, lo más prolijo que se puede ofrecer para albergar un partido mundialista. A no ser que en el futuro lo exótico mande y una cancha sin tribuna y con vista al mar, como el Olímpico de Rampla Juniors, pueda ser considerada para un partido entre Italia y Ucrania, por ejemplo. O que el estadio Jardines del Hipódromo, de Danubio, con su histórica palmera inserta en el medio de una de sus principales gradas, sea visto como un atractivo digno de fotografiar.

Tampoco la infraestructura de la ciudad soportaría hoy la llegada de miles de hinchas de todos los continentes. Montevideo tiene una capacidad hotelera que apenas supera las cinco mil camas en alojamientos de tres, cuatro y cinco estrellas. Para hacerse una idea: Alemania recibió en una de sus sedes a cerca de 40 mil hinchas mexicanos (sólo mexicanos). Otro detalle a tener en cuenta es el transporte. En un evento de estas características es fundamental que las vías de accesos sean ordenadas y descongestionadas. Para agilitar el traslado de delegaciones e hinchas, hay ciudades que construyen rutas paralelas al tránsito cotidiano. Brasil, organizador del mundial 2014 proyecta para la ocasión un tren de alta velocidad entre Rio de Janeiro y San Pablo, una inversión que supondría unos seis mil millones de dólares. Quizás para 2030 ya sea un hecho la eterna promesa del tren de la costa. Habrá que verlo.

La seguridad constituye otro de los mayores gastos destinados para una competencia mundial, además de implicar un desafío para cualquier Ministerio del Interior. Desde atentados terroristas hasta hinchas violentos, pasando por delincuentes comunes que aprovechan la llegada masiva de turistas son algunas de las amenazas contra las que debe lidiar la policía de cada país que organiza la Copa del Mundo. Cuesta imaginarse un enfrentamiento entre hooligans ingleses y uniformados uruguayos en pleno Parque Batlle.

Los países anfitriones tienen que desembolsar además mucho dinero para lograr una estética urbana acorde al evento, con cartelería que promueva el campeonato y señalización clara y precisa. Todas estas cuestiones, si se quiere de estilo, que la Federación Internacional del Fútbol Asociado (FIFA) pauta para los mundiales que se organizan en la actualidad, remiten a un Uruguay que todavía no existe.

Pero, claro, todavía faltan dos décadas. Y ese es unos de los argumentos más fuertes que esgrimen los impulsores de la idea mundialista: tiempo. Hay tiempo para mejorar las cosas.

La idea de Uruguay 2030 surgió tímidamente en el año 1997 y empezó a hacerse fuerte 10 años más tarde. El padre del proyecto se llama Abel Fialko, un uruguayo radicado en Israel, y que lanzó esta quijotada desde un sitio web (www.uruguay2030.tripod.com), en un momento en que la red de redes no tenía ni por asomo la masividad que goza en la actualidad.

Con una anticipación desacostumbrada por estos lares, donde la regla es dejar todo para mañana, la intención de Fialko siempre fue que a Uruguay no le pase lo mismo que le ocurrió a Grecia en 1996. Ese año se cumplía el centenario de los primeros Juegos Olímpicos en Atenas y los griegos se quedaron sin su fiesta. Atlanta les ganó de mano.

Dentro de 23 años se conmemorará el centenario del primer mundial de fútbol disputado en Montevideo en 1930, y el pueblo futbolero entiende que la historia tiene que volver a repetirse. En un país donde se hace bandera de la nostalgia y el recuerdo del Maracanazo siempre está presente, cuesta trasladarse tantos años en el futuro para visualizar otro momento de gloria del fútbol uruguayo.

Sin embargo la idea tomó la fuerza de lo oficial y ahora es un proyecto que ya llegó hasta los oídos del propio presidente de la FIFA, Joseph Blatter, a través de Tabaré Vázquez. El mandatario uruguayo, aprovechó una de las visitas de Blatter a Uruguay para plantearle "como un sueño" la posibilidad de que se organice el Mundial en estas tierras, coincidiendo con su centenario.

Fialko se considera satisfecho. "En un principio pensamos que demoraría mucho más antes de que se levantara tal interés a nivel oficial. En realidad Blatter sabe de la idea desde hace mucho: desde el mundial de Francia más o menos, pero no es lo mismo que te pregunten por algo que está en Internet a que te lo planteé el presidente de un pais".

El presidente de la Junta Departamental, Gabriel Weiss, fue el encargado de bajar a tierra la idea que desde hace años daba vueltas por la web y sumaba a unos cuantos adeptos. "Mientras mucha gente soñaba con esa propuesta, yo me propuse ponerme a trabajar", dijo Weiss, aclarando las diferencias.

En 2005 planteó por primera vez el tema en la Junta y tuvo total receptividad. Pero ese mismo año Uruguay quedó, para variar, afuera del Mundial de Alemania 2006 y decidió guardar la idea en el freezer. No era el mejor momento para seguir pensando en mundiales que iban quedando cada vez más lejos.

"La intención era crear una comisión que trabajara permanentemente en el tema, pero cuando la selección quedó eliminada lo trancamos. Por un lado para que no se descompusiera la idea y por el otro para que no me mataran. Plantear el hecho de hacer un Mundial en ese momento parecía hasta un poco ridículo", dijo el actual presidente de la Junta Departamental.

Pasado el temporal, Weiss volvió a la carga. Hace una semana se reunió con el presidente de la Asociación de Fútbol Argentino (AFA), Julio Grondona, y con muchos de los integrantes del gabinete del gobierno de Buenos Aires. La reunión lo encontró en medio de una situación tensa entre los dos países por la habilitación a la pastera Botnia. Sin embargo, la idea de co-organizar un Mundial entre dos países hermanos, con una identidad futbolística en común, ha sido siempre muy bien recibida. La AFA aceptó por unanimidad postularse conjuntamente con Uruguay para organizar el Mundial de 2030. Ojalá que en esos días los puentes no sigan cortados.

Al presidente de la Junta Departamental le sobra optimismo. Aprovechando que la llama olímpica de Beijing llega a Buenos Aires en abril del año que viene, se imagina una cartelería por todos los barrios porteños que exprese: "Uruguayos y argentinos ya jugamos el Mundial de 2030". También anunció que en diciembre Grondona se reunirá con Blatter en Tokio y le trasladará en persona la propuesta.

La Asociación Uruguaya de Fútbol (AUF), por su parte, recibió el apoyo de la Conmebol y de todas las federaciones sudamericanas. "Tuvimos el respaldo unánime de todas entidades deportivas internacionales con las que hemos hablado", señaló, orgulloso, el presidente de la AUF, José Luis Corbo.

Rápido de reflejos, el murguista Julio Julián ya registró en Agadu el himno del Mundial. "Bienvenidos al Sur" es su nombre.

¿Sí, se puede?

"Acá tenemos un defecto y es que hay muchas personas que se atan a la coyuntura", reflexionó Weiss. "Me dicen que el 50 % de los niños está bajo el nivel de pobreza, y es verdad, que tenemos un estadio que ni siquiera tiene tablero, que también es cierto, o que hay una desorganización terrible. Y claro, como venimos mal sigamos mal entonces. Las cabezas no están preparadas para la simultaneidad de procesos, atendamos la coyuntura pero también miremos hacía adelante porque las dos cosas no son contradictorias", subrayó.

Como un perfecto eslogan político: "Pensar en el futuro con la cabeza en el presente". Esa parece ser la consigna de todos los que se entusiasman con un Uruguay anfitrión de un mundial. Fialko opinó: "Acá hay un pequeño dato, y es que ahora quedan sólo 23 años. Cuando empezamos con esto quedaban 33 y también decían lo mismo que hoy: no hay estadios". El promotor de la idea por internet considera que las obras hay que hacerlas igual. Todo queda. Weiss coincide y pone como ejemplo lo que le ocurrió a Barcelona después de los Juegos Olímpicos de 1992. "Hay una Barcelona antes y después de los Juegos". Corbo le da la bienvenida a las utopías porque considera que a partir de ellas se construyeron las grandes obras.

El Mundial de 1930 dejó un estadio que 77 años más tarde todavía sigue siendo el máximo escenario deportivo del país. Sin embargo, experiencias más contemporáneas no se pueden considerar igual de exitosas en ese sentido. La última gran inversión que realizó Uruguay para un evento deportivo fue en la Copa América de 1995. El certamen se disputó en Montevideo, Maldonado, Paysandú y Rivera y para modernizar los estadios y poner a punto la infraestructura deportiva se gastaron cerca de U$S 24 millones, bastante menos que los mil millones que Venezuela destinó para el último campeonato continental.

En esa Copa, Uruguay presentó tres estadios hechos a nuevo: el Campus de Maldonado, el Atilio Paiva Olivera de Rivera y el Artigas de Paysandú. Ninguno de esos escenarios se utilizan actualmente en la primera división del fútbol uruguayo. Parecen representar el lujo de la miseria, albergando partidos entre cuadros del interior con escasa concurrencia.

Lo cierto es que organizar un Mundial supone un plan mucho más ambicioso, y en este caso, con un plazo bastante más extenso.

"Proyectarnos tan lejos es algo a lo que no estamos acostumbrados. Una parte muy importante del plantel de Uruguay que va a jugar en el 2030 todavía no nació", ejemplificó Weiss.

El dato inquietante es el opuesto. Toda esta movida despertó en muchos la conciencia de la finitud. Corbo desdramatiza: "Yo sé que no voy a estar para verlo, pero pongo mi granito de arena para que las nuevas generaciones puedan disfrutarlo".

Y Weiss también: "La gente que empezó a construir las catedrales medievales sabía que iba a morir antes de ver la obra terminada. No hay que tener un pensamiento mezquino".

Miles de millones

En Cada nuevo Mundial no sólo se despierta la pasión de los futboleros, también se abren unas cuantas billeteras. La Copa del Mundo, que se disputa cada cuatro años, significa una enorme inversión para los países organizadores. Sudáfrica 2010 es el próximo en la lista y su gobierno viene desembolsando dinero desde hace un buen tiempo para llegar sin contratiempos. El Ministro de Finanzas de Sudáfrica, Trevor Manuel, anunció hace unos meses que el presupuesto destinado a los gastos en infraestructuras para la Copa del Mundo se incrementará en aproximadamente 1,200 millones de dólares. Esta ampliación presupuestaria coloca en más de 2,300 millones de dólares la cantidad de dinero que se invertirá en garantizar que la Copa Mundial celebrada en Sudáfrica sea un éxito. Hasta el momento se llevan gastados cerca de 600 mil dólares en la construcción y modernización de diez estadios. Brasil, designada hace pocos meses como sede del Mundial 2014 estima que invertirá para la copa casi 9,000 millones de dólares. Los gastos no se limitan a la infraestructura deportiva, ni a embellecer las ciudades. Un reciente informe elaborado por la FIFA destaca la promesa del gobierno de Lula de invertir 3.500 millones de dólares para reforzar sólo la seguridad de cara al mayor evento deportivo del mundo.

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