JAVIER SILVA - EL TIEMPO (Colombia)
A las 19.55 del 10 de agosto las personas que trabajaban en al menos 10.000 oficinas públicas, o que ya estaban en sus hogares, apagaron la luz y los electrodomésticos durante dos minutos.
Y no es que en Colombia las facturas del servicio de energía sean muy caras y esto haya sido un intento por cuidar el bolsillo.
El apagón voluntario, impulsado por el gobierno desde el Ministerio de Medio Ambiente, fue una jornada para hacer conciencia sobre la necesidad de ahorrar energía y contribuir a frenar los efectos del calentamiento global.
No fue un hecho aislado. El Plan Nacional Estratégico de Colombia contra el Cambio Climático incluye estudios, monitoreos en alta mar y auxilios para desarrollar proyectos empresariales de producción limpia.
Colombia, que emite el 1% de los gases de efecto invernadero del mundo (Estados Unidos emite el 25%) ya está invirtiendo más de U$S 14 millones en las zonas insulares del Caribe para la recolección y uso eficiente del agua, para el monitoreo de los corales, el seguimiento del aumento del nivel del mar y la preservación de los páramos.
"El país empezó a desarrollar este plan piloto con una donación del GEF (Fondo Mundial para el Medio Ambiente, por sus siglas en inglés). Vamos en la avanzada mundial con este proyecto que se había gestionado con mucho esfuerzo para buscar información sobre los efectos del cambio en el Caribe y para el análisis de vectores como la malaria y el dengue, que ya se notan en zonas antiguamente frías", dijo Juan Lozano, ministro de Medio Ambiente.
En las medidas concretas que se han tomado figura la resolución que ordena a las entidades públicas, desde el 1° de enero de 2008 cambiar las bombillas tradicionales por unas especiales para ahorrar energía.
Esto también cobijará a las viviendas de interés social, que deberán usar ese tipo de iluminación desde 2009.
El Instituto de Hidrología, Meteorología y Estudios Ambientales (Ideam) también ejecuta un modelo de Reducción de Incertidumbre que permite la elaboración de escenarios del clima futuro, con alta resolución y para 24 regiones del territorio colombiano.
Además, se están impulsando proyectos de Mecanismo de Desarrollo Limpio en 100 firmas privadas y públicas para que las emisiones de gases del efecto invernadero se conviertan en una oportunidad de negocio.
La idea es que cada empresa monte un proyecto de reducción de emisiones, lo inscriba ante la Naciones Unidas y por cada tonelada de carbono que reduzca, reciba un certificado que podrá vender a 10 o 15 euros entre los países que son obligados por el Protocolo de Kioto a cumplir con cuotas de mitigación.
Colombia espera ingresos superiores a los U$S 700 millones, al reducir más de 100 toneladas de anhídrido carbónico.
Pero tal vez lo más importante de todo el plan es la redacción de la Segunda Comunicación sobre Cambio Climático que adelantan más de 70 instituciones del país.
Esta recogerá cuáles han sido los principales impactos del cambio del clima en el país y determinará en qué lugares y regiones de la república se deberá trabajar con mayor esfuerzo para mitigar los cambios.
Los nevados pueden ser un buen lugar para empezar.
Nelson Cardona , uno de los montañistas más experimentados de Colombia, recuerda cuando en el volcán Nevado del Ruiz, un emblema de Colombia, aún se podía entrar en cuevas heladas en las que el hielo cambiaba de colores según la posición del sol, y que hoy solo se ven en los archivos fotográficos de algún turista. Dice que los glaciares Oso y Diablo Rojo perdieron más de 500 metros de nieve, y el de Nereidas, uno de sus favoritos y donde practicaba ascensos de 20 o 30 metros en hielo, ya no existe. "Es irreversible", se lamenta Cardona.
Cardona sabe que eso es causado por el cambio climático.
Según el Ideam, el Ruiz y el Tolima son los nevados más golpeados del país por este fenómeno global. El Ruiz ha perdido 45% de su área glaciar y podría desaparecer en seis años. Su situación se agravó por el deshielo que tuvo en 1985 a raíz de la erupción que luego provocó la avalancha de Armero (Tolima), por la que murieron más de 20.000 personas.
Jorge Luis Ceballos, ingeniero geógrafo del Ideam, explicó que las velocidades de retroceso y derretimiento son similares para todos. "Pero la situación es mucho más dramática para las montañas más bajas, por ejemplo para el Santa Isabel (4.950 metros) y el Tolima (5.200), altura que las hace más sensibles al efecto invernadero".
El experto indicó que la superficie total de glaciares en el país entre 1958 y 1960 era de más de 100 kilómetros cuadrados. Hoy no supera los 54 kilómetros. Para Ceballos no hay antecedentes de este deterioro en las montañas nevadas, cuyo valor radica en que son de las pocas que existen en el mundo sobre la línea ecuatorial y cuyo derretimiento es como si los 42 millones de colombianos dejaran abiertas indefinidamente todas las llaves del agua de sus hogares.