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Pastillas abortivas se venden a través de internet
El mercado negro de la natalidad
El Misoprostol es un medicamento gástrico utilizado como abortivo por muchas uruguayas; su uso es mencionado como el de menor riesgo en el Pereira Rossell.

XIMENA AGUIAR

Dos mujeres se encontraron en una plaza de Pocitos a las 15 horas. Se habían contactado por internet, bajo seudónimo, y sólo se vieron ese día. Una de ellas le había dado su descripción a la otra, pero ambas se reconocieron enseguida. Una estaba nerviosa porque iba a vender las pastillas de Misoprostol que le quedaban después de haberse hecho un aborto. La otra estaba nerviosa porque iba a comprarlas.

El Misoprostol es un medicamento de vía oral para el tratamiento de úlceras en el estómago, que tiene contraindicaciones durante el embarazo. Además, tiene otro uso: colocando cuatro pastillas en la vagina, lo más profundo posible, provoca contracciones en el útero, causando un aborto en embarazos tempranos. Es el método más usado en los países en que el aborto es legal y, aunque no hay datos generales debido a la ilegalidad, su uso está extendido también en Uruguay. De 412 mujeres relevadas en la consulta del hospital Pereira Rossell en atención después de realizarse un aborto entre marzo de 2004 y mayo de 2005, todas habían usado Misoprostol, según el libro compilado por el doctor Leonel Briozzo Iniciativas Sanitarias Contra el Aborto Provocado en Condiciones de Riesgo.

Iniciativas Sanitarias es el servicio de asistencia que funciona en el Pereira Rossell desde 2002. Allí se brinda información a quienes tienen un embarazo no deseado. Según explicó Ana Labandera, presidenta de la Sociedad de Obstretricia del Uruguay e integrante de la propuesta, en el servicio se informa -después de relevar la existencia del embarazo y dialogar acerca de todas las decisiones posibles- que el Misoprostol "está dentro de las opciones de aborto de menor riesgo". Provoca contracciones, controla el sangrado, y además puede ser autoadministrado. Incluso se usa para prevenir la muerte por desangramiento en el parto cuando hay problemas de coagulación. De las 412 mujeres relevadas, sólo tres tuvieron complicaciones leves, y ninguna de ellas grave, según el estudio de Briozzo.

En la consulta, el profesional puede explicar cuáles son las dosis y modos de aplicación efectivos según estudios científicos internacionales, pero debe dejar claro que el uso de Misoprostol con fines abortivos no está permitido en Uruguay, y no puede aconsejarlo ni recetarlo. En esa delgada y polémica línea actúa el servicio.

También se alienta a que la mujer recurra a ellos en una consulta después del aborto, para verificar que haya sido completo, porque si no lo fue existen riesgos de contraer una infección. El asesoramiento antes y después está protegido por el derecho a la información y el deber de asistencia y de confidencialidad. En el medio de ambas consultas la mujer toma su decisión. Si decide abortar, debe colocarse ella misma la medicación.

Pero cuando llega la pregunta de cómo hace para conseguirla, la respuesta es clara: en ese punto no la pueden ayudar, porque estarían colaborando con el delito de aborto.

Conseguir en una farmacia es difícil. El Misoprostol es de venta controlada, se vende sólo con receta, y por encargo. Las farmacias no lo tienen en su stock, como otros medicamentos que necesitan receta. Cuando alguien lo solicita deben enviar la receta al laboratorio y éste la verifica y sólo entonces envía un paquete a la farmacia. Pero aun con la receta, en algunas farmacias prefieren no comercializarlo. En la farmacia Lyon, en el centro, dijeron que no lo venden por decisión de la empresa, porque se está usando como abortivo. En la Farmacia Cordón no lo comercializan porque no es rentable, el procedimiento de verificación hace que se gasten excesivos recursos en un medicamento que tampoco se pide mucho, dijeron. En San Roque explicaron que si va alguien con una receta se sigue el procedimiento, pero hace tres o cuatro años que nadie lo pide. "Entran, preguntan, y cuando escuchan el precio y que se necesita una receta, no vuelven", dijo el farmacéutico.

¿Entonces? "Entonces la mujer accede al mercado negro", responde sin titubear Labandera.

Salud, dinero y soledad

El paquete de Misoprostol cuesta 4.246 pesos y contiene cuatro blister con siete pastillas cada uno, 28 pastillas. La dosis para realizar un aborto es de cuatro pastillas. Si pasado un determinado tiempo no hay reacción, se vuelve a colocar una segunda dosis. La vía vaginal es la más efectiva, aunque también puede colocarse por vía yugal (debajo del labio inferior, durante unas dos horas para que se disuelva y sea absorbido por la mucosa), según explicó Labandera. Cuando una mujer consigue Misoprostol para hacerse un aborto, le sobran luego del proceso 20 o 24 pastillas.

Pasado el trance del aborto, viene la decisión práctica de qué hacer con esas pastillas. El contacto con conocidos, más o menos secreto, une oferta y demanda. O, como dice Labandera: "Las mujeres entre ellas se ayudan". Una persona conoce a alguien que las usó y le sobraron, o a alguien a quien le vendieron, y a través de contactos se va revendiendo en dosis de a cuatro u ocho pastillas. Labandera no lo ve como una promoción del delito de aborto, sino como solidaridad entre personas que pasaron por situaciones y necesidades similares.

Pero también hay otro recurso, más anónimo, más solitario. Si no se quiere dar a conocer a las personas cercanas la decisión que se tomó o se va a tomar, siempre se puede compartir con un completo desconocido. En internet pueden encontrarse anuncios de compra y venta de Misoprostol para todo el mundo, y también para Uruguay. "Compro Misoprostol urgente en Uruguay" "Venta de Cytotec (Misoprostol) en todo el Uruguay. Envío por paquetería certificada", son algunos de los mensajes que rondan por la web. Algunos ofrecen hasta un acompañamiento con consultas virtuales durante el proceso. Algunas de estas páginas alertan sobre supuestos estafadores que ponen anuncios en el mismo medio, pero no hay modo de distinguirlos.

Una mujer que vendió por esta vía el resto de un paquete accedió a describir los intercambios que realizó, en forma anónima. Dijo que decidió probar a contactarse con alguien que pedía las pastillas por internet, "para recuperar el dinero". El primer encuentro fue el de la plaza de Pocitos.

La que compraba había preguntado por mail cuántas pastillas debía "tomar". Ante la aparente falta de información, la que vendía le había recomendado que se asesorara "en la clínica del Pereira", donde funciona el Servicio de Iniciativas Sanitarias. Según la normativa del Ministerio de Salud Pública, vigente desde 2004, deben informar todos los profesionales de la salud pero no todos lo hacen, y la clínica sigue siendo el referente.

Se encontraron luego de la consulta, que había sido breve porque la chica, de unos 25 años, no quiso hacerse una ecografía para verificar el embarazo y el tiempo de gestación. Labandera explicó que muchas veces sucede que a quienes consultan teniendo la decisión tomada les cuesta tener que esperar dos días a que se realice la ecografía y se verifique que el embarazo existe y es viable. Pero lo consideran necesario porque establece las vías a seguir. Puede ser un falso positivo, por lo que es innecesario que pase por la angustia del aborto; puede ser un huevo sin embrión, que es una causal para realizar un aborto institucional porque el embarazo no es viable, y ella se ahorra pasar por la clandestinidad; puede estar alojado fuera del útero, por ejemplo en las trompas de falopio, en ese caso las contracciones por el uso del Misoprostol pueden generar otros daños, como que se reviente la trompa por la presión. Cuando se tiene la certeza del embarazo se empiezan a reflexionar las opciones con la asistencia de un equipo que incluye, además de ginecólogos y obstretas, psicólogos y asistentes sociales.

Sin hacerse la ecografía, la chica preguntó entonces a la persona que había contactado por internet cómo debía usar las pastillas y qué le pasaría. Era tartamuda y le costó hacerse entender. Parecía muy nerviosa, sin embargo contó que ya había abortado otras dos veces, mediante operación en una clínica clandestina.

Según Labandera, "la reiteración del hecho de abortar habla de una falla en el sistema". "Evidentemente ella no encontró el espacio de confidencialidad para decir determinadas cosas y escuchar las posibilidades que tiene de métodos anticonceptivos. En una clínica clandestina, nadie le va a ayudar a elegir un método anticonceptivo, ni se lo va a proporcionar. Si no tiene un profesional que la asesore, no tiene por qué estar enterada de todo el tema, va a reincidir".

Así que la mujer anónima que le vendía fue quien le contó lo que sabía por su experiencia. Después se arrepintió de haberla asesorado, porque no sabía a quién le había contado, ni si eso podía ser peligroso para ella. La próxima vez, decidió, sería más prudente.

El siguiente encuentro fue pocos días después, en la Plaza del Entrevero, también como respuesta a una demanda publicada en un foro. Esta vez el comprador fue un hombre, al que reconoció por su descripción: barba y pelo blanco. Tenía unos 50 años, y parecía angustiado. Se había contactado por internet con un seudónimo y al saludar dio su nombre verdadero. Por mail había dicho que necesitaba ocho pastillas, por lo que parecía tener un mínimo asesoramiento. Había intentado averiguar en farmacias cómo conseguirlo y se quejó de que nadie le había querido explicar nada. También contó que ya estaba pensando en ir al Chuy, en busca de una clínica clandestina. Ahora, aprovechó para preguntarle a la vendedora, pero no consiguió mucho.

Es posible encontrar información sobre el uso de Misoprostol en internet, pero la facilidad del acceso puede alarmar tanto como la escasez de orientación. Así como puede encontrarse la guía Aborto sin riesgos de la Organización Mundial de la Salud, que incluye los datos científicos sobre el uso de Misoprostol como abortivo en los que se basa la información que se brinda en el Pereira Rossell, también circula información errónea, como la indicación de tomar dos pastillas y colocarse otras dos vía vaginal, lo cual no produce el efecto buscado. Es difícil diferenciar la información de calidad de la errónea, por más que se encuentren firmadas por "doctores".

La tercera transacción fue una camioneta que paró en Rivera y Soca. Una chica dando su nombre y apellido había afirmado en la pantalla que "quería comprar, saber cuántas tomo, cómo se usa", y dejó su celular. También recibió el consejo de ir al Pereira. Cuando coordinaron el lugar y la hora, la chica dijo que iría a buscarlas un amigo. El tiempo pasaba y no llegaba nadie, los nervios crecieron. Con 20 minutos de retraso llegó un joven "de 20 años como mucho, de aspecto plancha". Ni siquiera estacionó; puso las valizas. Parecía desinteresado y fue directo a pagar, sin preguntar nada. La mujer insistió en mostrarle el paquete y la fecha de caducidad. El chico tuvo que bajarse del auto porque la luz no funcionaba y mirar distraídamente lo que le señalaban. Cuando fue a pagar, sacó primero menos dinero del acordado, y luego de que se lo señalaron sacó el resto, como si hubiera intentando quedarse con la diferencia. "Decile que no firme con nombre y apellido y que vaya a la clínica", insistió la vendedora. La camioneta arrancó.

Al poco tiempo, un hombre del interior quiso comprar. Quedaron que un lunes arreglaban el encuentro. El fin de semana anterior le escribió diciendo que iba a Montevideo y que si podía llamarlo urgente, mandó sus datos y celular. Ella no vio el mensaje antes del lunes y al llamarlo él dijo que las había comprado a otra persona porque estaba apurado, aunque tuvo que pagar un precio mayor. Los precios dependen de la urgencia del demandante y la intención del vendedor. La mujer vendía cuatro pastillas por mil pesos. Un envío desde México se ofrece a 130 dólares.

El último intercambio fue con una pareja joven, de unos 25 años. El varón, con una guitarra al hombro, llevó adelante la conversación durante el encuentro, en la puerta del club Defensor Sporting. Había sido él quien se había contactado por internet, dando su nombre, apellido, barrio y celular. Durante la conversación por teléfono él preguntó: "¿Hasta cuándo es efectivo?". "En internet dice hasta nueve semanas", contestó ella. Usarlas más allá de las 12 semanas implica con seguridad complicaciones posteriores.

Cuando la que ofrecía en venta no le quiso dar su celular, pareció quedar un poco cortado, por lo que la mujer dudó de que acudiera a la cita. Sin embargo se encontraron en la puerta del club. A la vendedora le había quedado una pastilla suelta, sin fecha. Le dio esa y otras tres con la fecha visible. Si las pastillas están vencidas no son efectivas. Un intento de aborto fallido puede aumentar la culpa y la angustia. Él dudó un momento, y se las guardó. Un problema menos.

Patrullas en la web

Hace poco, patrullando la red...", empezó a contar Gabriel Lima, encargado del departamento de Delitos Informáticos. Daba un ejemplo de cómo realizan su trabajo, explicando el caso de una chica que ofrecía todo tipo de recetas por internet, y que fue detenida hace poco más de un mes y procesada sin prisión. Según Lima, la Policía empieza a investigar cuando encuentra algún hecho con presunción delictiva. La parte más delicada es averiguar todo lo posible sobre el procedimiento que usa la persona, en este caso para conseguir las recetas. El delito y las consideraciones son diferentes si las roba, las falsifica, o si revende por necesidad económica lo que le fue recetado para una enfermedad, explicó Lima. Lo que no pueden es hacer falsos pedidos. "No podemos inducir a que se cometa un delito y no lo hacemos", explicó. Además, la prueba conseguida no tendría validez. Así que entran a foros, preguntan, conversan, pero no pueden demandar o encargar un producto. Una vez identificado el modus operandi hay que identificar al usuario. Lo que aparentemente parece más difícil no lo es tanto, sostuvo Lima. Siempre hay una licencia, una computadora que se usó, un contrato de internet firmado con el nombre verdadero que se puedan rastrear.

Respecto de la venta de Misoprostol por internet, al ser un medicamento controlado, es un hecho a ser investigado, afirmó. Pero también señaló que el control de los medicamentos que exigen receta debe ser realizado por el Ministerio de Salud Pública.

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