DIEGO MUÑOZ
Uruguay está lleno de eternas promesas. Que se terminará el Palacio de Justicia, que se arreglarán las cárceles, que la selección de fútbol recuperará el prestigio y, un clásico, que se modernizará la Biblioteca Nacional.
Al igual que sus antecesores en el cargo, el actual director de la biblioteca, el escritor Tomás de Mattos, es optimista sobre que esta vez, eso sí va a suceder, aunque ha tenido varias malas noticias. A eso se suma que el panorama que encontró cuando asumió, era de por sí, aterrador.
El sindicato tiene una visión un tanto más pesimista. El gremio parece estar siempre en conflicto, como bien saben los usuarios que dos por tres quedan sin poder hacer uso de las instalaciones de la primera institución cultural del país. "Estamos en asamblea", es una respuesta común de los funcionarios ante un reclamo.
De Mattos dice que "la biblioteca fue como esos viejos que no sabés por donde empezar a operar. Hay avances, es cierto que hubo una catástrofe pero una catástrofe anunciada. Le tocó a esta administración vivirla pero la vamos a superar y no con remiendos sino con un tratamiento de fondo aunque nos cueste más."
Asegura que nunca pensó que la situación fuera tan mala: "la sensación es la de esos submarinos que están averiados y en vez de ir hacia arriba van hacia abajo". De Mattos llegó tras las últimas lluvias fuertes al edificio y al entrar se encontró "con que se habían desbordado las cámaras sépticas de los baños, las aguas servidas habían impregnado la moquette. Hubo que despegar las moquettes de todo un corredor y desinfectarlas".
La reapertura de la sala se retrasó por la humedad de los últimos días pero ya está lista para funcionar luego de cuatro meses. Al menos no se inundó el depósito de diarios que está en el segundo subsuelo y que guarda colecciones de más de 100 años. Eran irrecuperables.
Según los arquitectos consultados por el director, nunca se había hecho una reforma en la parte sanitaria. Lo que sí se hizo a fines de la década de 1980 bajo la administración del poeta Enrique Fierro fue una remodelación parcial de la parte eléctrica. De todos modos no alcanza para estos tiempos.
"Ya compramos una subestación que UTE instaló pero lo que necesitamos es conectarla adentro y sobre todo falta terminar de hacer un plan de instalación eléctrica que es lo que nos está entorpeciendo, más la puesta en marcha de distintas actividades", dice el director.
Una de las cosas que no puede ponerse en funcionamiento dentro de la biblioteca es la centralita telefónica que ya está comprada pero no se puede usar. Es un tanto penoso que para que De Mattos se comunique con su secretaria por teléfono deba realizar una llamada local y no a un interno. "Antel nos dijo que en menos de seis meses pagamos la centralita con lo que ahorramos de llamadas locales". Otra cosa que no se puede usar por el tema eléctrico es el equipo de video conferencia.
La dirección piensa solucionar el tema contratando a un ingeniero en un llamado a través del Ministerio de Transporte y Obras Públicas. De Mattos explica que "hay que hacer todo un plan de 12 mil metros cuadrados para poner en funcionamiento un nuevo sistema de electricidad".
Hasta que la subestación no esté en funcionamiento los usuarios seguirán pidiendo el material a través de un papel que se llena a mano con los datos personales y en el que se solicita el título que se pretende con un montón de números que deben escribirse un par de veces. Ese papel se entrega en dos mostradores y el encargado lo envía en un ascensor a los pisos superiores, si pide un libro, o al subsuelo, si quiere un diario. Al recibir la solicitud el personal busca en un fichero manual el título solicitado. Al encontrarlo baja por ascensor el material hasta el usuario. El procedimiento, de acuerdo al número de personas en el mostrador, puede llevar hasta 15 minutos. No siempre se encuentran los libros que se piden. Las fichas son robadas por estudiantes egoístas que se reservan el acceso exclusivo a los libros.
De Mattos está convencido de que en poco tiempo van a haber cambios al respecto "ya hoy los libros uruguayos están catalogados entre 2000 y 2005. La idea es informatizar la biblioteca y en eso se ha avanzado bastante. El jefe de proceso técnico me dijo que el día que se instalen las computadoras vamos a tener todo digitalizado entre los años 1996 y 2006". La biblioteca fue fundada en 1816 por lo que quedan 180 años de ingresos sin digitalizar. Otro proyecto es que se puedan hacer consultas por internet a mediados de 2008.
El más de un millón de volúmenes de la Biblioteca Nacional son cuidados por sólo 30 técnicos. La última bibliotecóloga en ingresar fue designada por la dictadura y comenzó a trabajar el 22 de febrero de 1985.
En total son 134 funcionarios con un promedio de edad de 56 años. Un dato que preocupa a todos. De Mattos dice que "se produce ausentismo por enfermedad y ya tenemos dos muertes en este período. Hay muchos enfermos graves con licencias prolongadas de salud o funcionarios que en invierno no pueden venir por problemas respiratorios".
El intendente de la biblioteca, hoy con licencia médica, iba a trabajar con una sonda. "Salía de su casa a las 5 de la mañana para llegar en hora y trabajaba con la sonda pero no le decía a nadie. Hasta que un día se tenía que trepar a la azotea y me dice: `pero director, no puedo subir porque tengo una sonda`", recuerda De Mattos.
De esos 134 trabajadores, solo dos son encuadernadores. A eso hay que sumarle un grupo de voluntarios que trabaja una vez por semana. Está claro que es una cantidad insuficiente. Ana Pioli, la vicepresidenta del sindicato, lo confirma: "la falta de capacidad es brutal, la de gente también. Eso lleva a que la restauración del material, el tratado si tiene algún bicho, la recuperación de alguna hoja o la reencuadernación es imposible llevarla adelante". A De Mattos también le preocupa el tema "a la restauradora yo la llamaba Maradona y como no le gustaba acordamos que le llamara Zizou, como Zidane, porque hace maravillas con los libros. Pero esa funcionaria, que todavía tiene años acá, necesita gente que empiece a aprender de ella. Hay dos restauradores y necesitamos de cuatro o cinco años de tiempo para que aprendan otros a hacer el trabajo de los que están hoy. Porque es un arte".
Como los recursos destinados al mantenimiento del lugar no permiten que se fumigue hay libros dañados por bichos "tenemos ratas, ratones, cucarachas y toda la fauna que te puedas imaginar", admite Pioli.
Otro problema sin solución a corto plazo es que varias donaciones esperan que alguien las clasifique pero no hay personal para hacerlo. "Algunos libros están arriba en la dulce espera y seguirán allí vaya a saber por cuánto tiempo porque no hay gente para clasificarlo".
La prensa del interior está sin encuadernar y apilada por departamentos. En ese sector trabajan cinco mujeres que, reunidas alrededor de un turbo calentador, aseguran "acá nos morimos de frío". En los estantes donde se guarda dicha prensa algunos diarios se ven amarillos y bastante deteriorados debido a la humedad. Para solucionar el problema se compró un deshumificador pero ahora hay otra cosa por resolver; no hay plata para la zapatilla donde se enchufa. Una charla entre De Mattos y las trabajadoras también incluyó otro pedido: una escalera digna "mire la escalera de morondanga que tenemos. Con esto no llegamos arriba y varias compañeras ya se cayeron". Como la prensa del interior no está encuadernada y ante cada pedido hay que mover todo el legajo y se deterioran los diarios, no se puede prestar el material. Una de las encargadas de la sección confiesa que "a veces viene gente del interior o del exterior a pedir un diario y a nosotros nos da lástima y se lo damos igual".
Relaciones peligrosas
El optimismo del director no es compartido por el sindicato que califica el estado general de la biblioteca como "crítico". Su vicepresidenta dice que "la automatización está ahí, con unas máquinas y unos cables colgando, pero nada más porque la red eléctrica está hecha carozo". Es que el director y el gremio tienen visiones bien distintas sobre la biblioteca.
De Mattos asumió en 2005 y una de sus primeras acciones fue convenir con el sindicato una reunión semanal para tratar los temas relacionados con la biblioteca. El sindicato canceló los encuentros. Según Pioli, "no somos los que rompemos el diálogo, creemos que tener una reunión semanal para no resolver nada no tiene sentido, preferimos apuntar las baterías un poco más arriba para ver si nuestros reclamos son escuchados".
La sindicalista asegura que De Mattos no tiene capacidad de resolución aunque "es una persona excelente y muchas veces nos ha dicho que está atado a lo que el Ministerio de Educación y Cultura le diga".
El director no comparte esta visión. "¿Cómo se puede hablar de que estoy atado de pies y manos cuando dispongo de cinco mil millones de pesos y ahora tengo 70 mil dólares más para arreglar la sede? Lo que el sindicato acaso ve es el árbol biblioteca y no el bosque Estado. Tienen mucha impaciencia y en realidad el trabajador muchas veces no se sienta del otro lado", sentencia.
El sindicato asegura que la situación es muy grave: "nosotros consideramos que es nuestra casa, nuestro trabajo y nos ponemos la camiseta siempre pero no podemos seguir así", afirma Pioli que agrega "quien conozca algo de la vida sindical sabe que el sindicato ha hecho lo imposible no solo por la situación laboral y salarial sino por la institución." De Mattos igual pasa factura: "noto la preocupación que tienen por la biblioteca y en eso coincidimos. Lo que sí yo le reprocho es que ha sido en la crítica pública mucho más duro con esta dirección y con este gobierno que lo que ha sido con otros gobiernos".
No todos los trabajadores de la biblioteca se sienten bien representados por el gremio. Un funcionario que pidió anonimato, se sorprendió al enterarse que la vicepresidenta había sido entrevistada. "¿Cómo conseguiste hacerle una nota a Pioli? Con día y hora puesta de antemano seguro". La misma persona aseguró que "el estado de la biblioteca no es bueno, pero para conocerlo tienen que venir. Por eso me extraña que Pioli lo conozca". Los miembros del sindicato "se amparan en los fueron sindicales y no vienen nunca. Entonces pasan semanas y no los ves pero a fin de mes cobran igual".
Pioli asegura que "la biblioteca camina hacia el cierre. Falta apagar la luz y cerrar la puerta porque así no podemos seguir trabajando. Es que no podemos hacerlo. Es imposible trabajar en este estado de caos generalizado. Se te enferma una persona y se te cae toda la estantería. No se puede programar nada a largo plazo porque en la diaria se te da vuelta todo. Hay cosas que son imposibles que se puedan hacer sin necesidad política y, por supuesto, pesos".
Problemas cotidianos
Durante el tiempo que la sala Artigas permaneció clausurada debido a las inundaciones quedaron dos salas abiertas al público. Eso generó amontonamiento de usuarios en las horas pico esperando por una silla libre o que algunos eligieran empezar a leer parados. En la sala de material propio no hay enchufes y en épocas de invierno esto genera más contratiempos, ya que los calefactores que podrían calentar la sala, no se puedan usar. Silvana, una estudiante que concurre a la biblioteca para estudiar entre la salida de su trabajo en el centro y la entrada a sus clases en la Facultad de Economía lo confirma "hay días en los que me muero de frío. Y mirá que a todos nos pasa lo mismo". De Mattos es conciente de la situación y tiene pensado darle mayor confort a los usuarios y a los trabajadores. "Estamos buscando la comodidad del público y de los funcionarios y por eso tenemos pensado poner equipos de aire acondicionado en las salas. Los subsuelos son casi mazmorras, lugares insalubres". Justamente, en el subsuelo está la confitería donde la mayoría de los funcionarios almuerzan. Desde allí se desprende un olor a comida que inunda buena parte de la zona. Alcanza con bajar un par de escalones para conocer el menú del día.
Cerca de la confitería se encuentra la sala de microfilmación, un lugar que no parece parte de la biblioteca. Todo limpio y cada cosa en su lugar aunque una vez que se empieza a preguntar se baja a tierra. Hay equipos de microfilmación fuera de servicio y el personal no alcanza. Es que la biblioteca recibió una donación de 10 máquinas de microfilmado desde Japón, pero solo hay tres funcionarios. De Mattos reflexiona con humor "en ese campo estamos en lo que se llama el síndrome de USTED. Uso Subdesarrollado de Técnicas Especialmente Desarrolladas". Además, de los cuatro aparatos de microfilmado para uso del público funciona uno.
La zona más deteriorada de la biblioteca es donde está la caldera. El lugar es oscuro, está lleno de basura acumulada y hay un olor a humedad y suciedad nauseabundo. En esa zona hay tirados un montón de hierros herrumbrados que no se sabe de qué pueden servir. Es el escondite preferido de las ratas y de los otros bichos que habitan en la biblioteca. Por ahora no está proyectado hacer nada allí más que tenerlo cerrado. Y sucio.
Inseguridad ciudadana
Es frecuente que los usuarios se cuiden los objetos entre ellos debido a los robos que hay en las salas de lectura. Hace algunos días una investigadora que necesitaba ir a buscar material, le solicitó a otro usuario que le cuidara las cosas porque ya le habían robado una vez y ahora había pasado un hombre mirando los objetos personales de la sala. La biblioteca busca solucionar el tema de la seguridad y De Mattos lo reconoce. "Esta zona es peligrosa en todo sentido, desde la plazoleta del BPS, la entrada y el corredor lateral de la facultad de derecho y la plaza de los bomberos. El otro día el Cervantes apareció con un par de championes colgados de las manos, es un signo claro de que hay una boca de pasta base. Y había hasta hace poco un champión que ahora se cayó colgado del techo en una esquina de la fachada de la biblioteca".
Para conseguirlo se intentará además que no haya más personas sin hogar durmiendo en la biblioteca. Por la noche duermen debajo del techo de la entrada y durante el día varios utilizan las salas y los baños. Cuando un usuario protestó porque al lado tenía un vagabundo durmiendo, un empleado respondió "qué quiere que haga, si el director no los quiere echar". Luego de que el usuario se retiró, el trabajador comentó enojado "así a la que echan es a la gente que no soporta a quienes vienen a dormir".
De Mattos argumenta que no los puede sacar de un día para el otro pero que en breve habrá una solución. "Para que no duerman en la entrada, lamentablemente vamos a tener que utilizar rejas. Lo que estamos intentando lograr es un modelo de rejas que sea estético, un art deco pero va a ser caro". Mientras tanto para conseguir que sólo entre la gente que va a leer se aplicará el derecho de admisión. "Vemos personas que entran a la biblioteca, usan el baño y hasta se han detectado actos sexuales en los baños. Entonces vamos a pedir cédula en la entrada y la casa se va a reservar el derecho de admisión. Así como no se puede entrar de chancletas y short no se va a poder entrar en condiciones de higiene que no sea la adecuada. Se va a tratar de proteger al usuario que quiere leer independientemente de su condición social y su vestimenta pero en definitiva la gente que entra para abrigarse no va a poder entrar. Duele mucho pero no nos queda otra, es una biblioteca no un albergue".
Optimismo pese a todo
El director de la biblioteca tiene claro que la situación viene de hace años. "La biblioteca siempre ha sido postergada a pesar de tener rubros asignados por el gobierno, teníamos una cantidad cercana a los dos millones de pesos de saldo a favor pero las obras no se hacían. Ahora se están haciendo, se pintó la Sala Varela, se pintó el hall central, se están limpiando los baños que ya estaban y haciendo otros nuevos".
Esas obras que se comenzaron a hacer por ahora resultan insuficientes pero De Mattos está convencido de que de a poco se va a mejorar la situación: "hay una frase del (ministro de Educación y Cultura, Jorge) Brovetto que a mí me resulta buena. Al principio hay una etapa de invisibilidad, después está la etapa de levantar los cimientos y luego está la etapa de ver lo que se avanzó. Hoy estamos terminando la primera".
El director apunta que "estamos trabajando mucho en un proyecto de ley sobre un sistema nacional de bibliotecas públicas. Yo te diría que en el interior esta administración ha avanzado muchísimo en ese tema. En breve se podrá pedir un libro desde Artigas y la biblioteca nacional se lo enviará hacia allá. Si puede pagar el envío va a su casa sino lo consulta en la biblioteca pública del departamento. Eso el montevideano no lo percibe pero este gobierno se está preocupando mucho por la descentralización y dentro de esto también se incluye la cultura".
Pioli sin embargo no encuentra diferencias entre los gobiernos anteriores y el actual en el trato que se le da a la biblioteca. "En 1984 la ministra de cultura Adela Reta decidió cerrar la sala estudiantil que albergaba unos 1.000 estudiantes por día y también cerró la sala infantil y desde el primer gobierno de Sanguinetti no paran de golpear a la biblioteca nacional. Escuchamos durante la campaña electoral y luego de ser gobierno, al propio presidente que mencionó varias veces la situación de la biblioteca, pero sigue siendo la Cenicienta olvidada. La biblioteca no mejoró ni medio milímetro".
Para De Mattos "la biblioteca es como un avión que primero tuvo que carretear pero que ya separó las rueditas del piso".
Ordenar un poco
La administración de Tomás de Matto también pretende corregir el tema edillicio.
El director tiene su despacho en el segundo piso pero la subdirectora lo tiene en planta baja. Están un poco lejos para las rutinas diarias de trabajo.
La mesa reguladora de entrada está en el segundo piso cuando parece obvio que debe estar en la zona de ingreso a la biblioteca.
Las modificaciones incluirán la atención al público en planta baja y las reparticiones en el segundo piso. La intención es que al final de la administración los cambios edilicios queden terminados en un 80 %.
Visitas guiadas
Como parte de un concurrido programa de extensión, dos días a la semana, la biblioteca se llena de escolares que, en su gran mayoría, tienen su primer oportunidad de conocer el mundo de los libros.
Los martes y miércoles niños de las escuelas de contexto crítico visitan la biblioteca en una visita guiada. Además para los más chicos se realiza una función de títeres. Ya son 5883 niños de 22 escuelas los que estuvieron en la biblioteca. La elección de las escuelas corre por cuenta de primaria y a través de un acuerdo con las empresas Cutcsa, COME y Raincoop se realizan los traslados. Antes de la partida los chicos reciben folletos y marcadores que financia Conaprole.