Constructivo con esqueleto

| En el patio interior de un edificio cuya obra está paralizada desde hace casi 40 años, entre locales de una galería semiabandonada, persiste un mural de Dumas Oroño, uno de los discípulos del Taller Torres García.

Obra. Un mural de Dumas Oroño en el patio interior de la galería Costa. 256x400
Obra. Un mural de Dumas Oroño en el patio interior de la galería Costa.
Darwin Borrelli

Tatuajes, lentes, pantallas para lámparas, clases de guitarra, y poco más. La galería Costa, en 18 de julio y Tacuarembó, no parece acostumbrada a recibir muchos clientes. El edificio del que es parte quedó detenido en mitad de su construcción al menos desde 1973, cuando Miguel Seipel adquirió algunos locales que actualmente alquila.

El esqueleto de vigas y cemento contiene en los muros de su patio interior un inesperado mural de hormigón de cuatro paneles y 35 por dos metros, realizado en 1968 por el artista plástico Dumas Oroño.

Seipel imagina que el mural alude a la conquista española, mientras que uno de los jóvenes tatuadores dice que ha escuchado que se trata del desembarco de los treinta y tres orientales. En la galería semiabandonada, con al menos 20 locales vacíos y tres baldes que recogen las gotas que caen desde el techo, Seipel imagina que los signos inscriptos en el mural esconden significados alquímicos. También supone que el mural iba a ser pintado, y está dispuesto a terminarlo si se averigua cuáles eran los colores originales del proyecto.

Aunque se equivoquen en sus especulaciones, los escasos pobladores de la galería contemplan de vez en cuando la obra, y saben que fue realizada por un alumno de Joaquín Torres García.

Dumas Oroño (1921-2005) continuó la estética constructivista de Torres García y, como otros artistas surgidos del taller del maestro, le dio particular relevancia al mural, por su manera de integrar el arte a la ciudad y a la vida diaria de sus habitantes. Entre 1963 y 1979, realizó más de 20 intervenciones murales en edificios, de Montevideo, Punta del Este, y hasta uno en Asunción de Paraguay, dijo la crítica de arte y arquitecta Olga Larnaudie. El mural de la Galería Costa sería el primero que realizó en la técnica de hormigón.

Tatiana Oroño, hija de Dumas, contó que su padre tenía dos grandes fotos enmarcadas en su taller, una de los cuatro murales de este edificio, y la otra de un mural también de hormigón que está en la calle Juncal. Por eso supone que podían ser particularmente importantes para él.

Según Tatiana Oroño, que fue coautora de un libro sobre la obra de su padre, Dumas no hacía murales con temas emblemáticos. El tema del constructivismo era una visión particular del cosmos, y los signos -barcos, escaleras, pájaros, hombres y mujeres- eran parte de ese universo.

Tampoco cree que pensara pintar el mural: hay otros del mismo tiempo y técnica, que no fueron pensados para recibir pintura. Por el contrario, el contraste entre el material compacto y las delicadas figuras es parte de su expresividad.

Del patrimonio a la volqueta

Dos murales realizados por Oroño en el liceo Manuel Rosé de Las Piedras han sido considerados Patrimonio Nacional, como parte del acervo del liceo en el que también hay obras de Augusto Torres, Francisco Matto, Manuel Pailós y otros artistas. Dado el número de murales constructivos realizados por Torres y sus alumnos, junto a su unidad estilística, a algunos "sorprende que hasta ahora no se haya hablado de un `muralismo uruguayo`", como sostuvo Cecilia de Torres, curadora de una muestra sobre estas obras organizada por el Museo Gurvich.

Al ser declaradas Patrimonio Nacional, las obras del liceo de Las Piedras no podrán ser retiradas del edificio o intervenidas en acciones de restauración, sin la supervisión de la Comisión del Patrimonio.

Sin embargo, otros murales repartidos por la ciudad no corren la misma suerte. Según Tatiana Oroño, otro de los murales de hormigón de su padre fue bañado con pintura blanca cuando se pintó toda la fachada del edificio. Otro mural del artista realizado en cerámica, en la galería Yaguarón, va a ser desplazado por remodelación, y si no se va a destruir es gracias a que una de las dueñas, por interés personal, decidió encargarse de que se rematara la obra con las garantías que sean necesarias para que sea preservada.

Así que seguramente no suceda con ese mural lo que pasó con un mosaico realizado por Oroño en una casa privada en Avenida Italia. La obra terminó en una volqueta en una remodelación, en diciembre de 2005, poco después de la muerte del artista, por simple ignorancia de su valor por parte del nuevo propietario.

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