¿Adiós juventud?

| Hubo un tiempo en que el Inju tenía presencia en los medios y sus actividades eran masivas. Hoy su producto estrella, las Tarjeta Joven, están todas vencidas.

Vacía. La sede de la Comisión de la Juventud con poca gente en su interior.

Los funcionarios denuncian que la actual administración lo está desmantelando y los jóvenes del Partido Nacional decretarán su muerte con flores y todo. Luego de 16 años de vida, el Instituto Nacional de la Juventud (Inju) parece transitar unos de los momentos más difíciles y polémicos de su existencia. Las críticas hacen foco en que no se han desarrollado políticas de juventud novedosas, que están dejando sucumbir en el olvido a la Tarjeta Joven y que el traslado de las oficinas desde la Casa de la Juventud hacia un piso del Ministerio de Desarrollo (Mides) es una medida que supone alejar al instituto de los jóvenes. Además, la histórica casona ubicada en 18 de Julio, casi frente a la Universidad, pasará en los próximos meses a ser co-gestionada por una Organización No Gubernamental (ONG), situación que muchos empleados del Inju rechazan y rotulan como una privatización encubierta.

"Esta administración destruyó el Inju para luego privatizarlo", denuncian los funcionarios en un blog (afinju.weebly.com) creado especialmente para descargar la bronca contra la dirección del instituto.

Desde la oposición también llueven palos: el próximo domingo 16, la Convención Nacional de Jóvenes del Partido Nacional organizará una protesta frente a las puertas de la sede y colocarán una ofrenda floral simbolizando la muerte del organismo. Critican la falta de promoción de políticas de juventud y reprochan que haya pocas ideas y menos voluntad para ponerlas en marcha. Para Santiago Ferrer, integrante de Alianza Nacional y uno de los impulsores de la protesta, esta administración del Inju es "la peor de todas". "No tiene metas, no se han fijado una sola política de juventud; siguen manteniendo los mismos programas que había y no han desarrollado uno solo nuevo".

Crítico acérrimo de la actual gestión y con la credencial de haber sido el primer director del Inju a principios de la década de 1990, el diputado nacionalista Jorge Gandini asegura que todos los programas que se impulsaron durante su mandato han ido paulatinamente desapareciendo al igual que la presencia pública del instituto. "Antes organizaba actividades, las auspiciaba, era un punto de referencia para los jóvenes en lo cultural, en lo recreativo, educativo, laboral. Eso fue quedando sin efecto".

Gandini está convencido de que el organismo tiende a dejar de existir. Si bien reconoce que es imposible que eso ocurra de un día para el otro, señala que se han tomado medidas para "ir liquidándolo" en silencio. Según el legislador, trasladar la dirección del instituto a oficinas del Mides es prueba de ello. Dice que erigieron una estructura burocrática y desconectaron a una institución cuyo principal capital era estar cerca de los jóvenes. "Ahora la recluyeron en un piso lejano de un ministerio, y nadie sabe en qué está. Esa es una señal simbólica de fracaso y de su agonía", afirmó.

Fuentes del sindicato de funcionarios del Inju acotaron que lo ideal es que todos estén trabajando juntos en la misma sede. "No se puede desvincular uno del otro porque hay falta de comunicación, y eso no tiene sentido. Hay funcionarios que van y vienen de aquí para allá", dijeron.

En su blog, los trabajadores también tocan el tema y denuncian que fueron mudados a un tercio del primer piso del edificio central de Mides "para que una vez liberados de nosotros -dejando casi vacía la histórica sede- la dirección llame a organizaciones interesadas para su administración. Si esto no es desmantelar el Inju, ¿qué es?", se preguntan.

Para este informe, el Inju no dio respuestas oficiales. La directora del instituto, Paola Pino, está de licencia médica por embarazo hace 15 días. Quien le sigue en jerarquía, Luis Acosta (el famoso "aspirante a yerno" de la ministra de Desarrollo, Marina Arismendi, cuya designación generó polémica) viajó a Brasil por un semana en representación del organismo.

Con la excepción del responsable de la Casa de la Juventud, Carlos Moreno, el resto de las jerarcas no fueron autorizados a dar información.

"La Caja"

Dos mesas de ping pong, un futbolito, dos grandes mesas de estudio, un televisor, una cartelera con ofertas de becas y los diarios del día a disposición de quien quiera leerlos son parte de la escenografía del enorme edificio del Inju, al que, según los funcionarios, la actual administración denomina "La Caja" en forma despectiva. Es lunes a la tarde y no hay nadie haciendo uso de las instalaciones. El lugar está casi vacío. La gente que entra a la sede va directamente a una cola formada para sacar boletos de Cutcsa que tiene una oficina en el lugar. Un guardia de seguridad los mira sentado y una chica que atiende un local de accesorios de celulares mata el tiempo tomando mate con cara de aburrida. Música funcional suena de fondo. "Esta no es nuestra mejor época del año", reconoce Moreno, y agrega que el período de mayor movimiento va de octubre hasta abril. Sin embargo, asegura que unos 200 jóvenes pasan por día por el Centro de Información a la Juventud a consultar la guía del estudiante o a buscar asesoramiento sobre los talleres de teatro, danza, karate, fotografía y dibujo que funcionan en la propia sede y que forman parte de las actividades que de ahora en más serán gestionadas en conjunto con una ONG.

Para Moreno, el convenio con la organización que gane la licitación no significa perder soberanía ni implica tercerizar servicios. Entiende que el ministerio no puede por sí solo contratar a tantos docentes para que dicten talleres en el Inju, pero sí transferir a una ONG determinada plata para que se encargue de ellos y puedan ser gratuitos (actualmente tienen un costo que ronda los 400 pesos por mes). Según datos brindados por los funcionarios, el Mides se compromete a pagar 75.000 pesos mensuales (56.000 para sueldos y 19.000 para gastos) a la organización que gane la licitación.

Moreno informó que hasta el momento se han presentado ocho organizaciones en busca de ese puesto. "Las propuestas son impresionantes y nos van a ayudar a centralizar los talleres, a que haya más actividad, que hayan toques, espectáculos de teatro, a que determinados días se pueda formar un espacio nocturno, hasta las 11 de la noche, para darle más vida, que sea referente".

Moreno reconoce que hoy por hoy la Casa de Juventud dista mucho de lo que él pretende que sea, pero considera que no está muerta ni mucho menos, sino que se perfila rumbo a grandes cambios.

"El Inju no ha ido desapareciendo; es verdad que antes tenía más presencia en los medios, pero de todas formas no hemos perdido presencia en la gente. Hay programas igual de masivos que antes. Sin ninguna bandería política, me parece que desde que comenzó hasta ahora se ha avanzado, con retrocesos, pero se ha avanzado", enfatizó Moreno.

En un discurso público, Arismendi reconoció que la izquierda no tiene en su programa de gobierno una "política de juventud" general, pero explicó que hay "políticas sociales que los atienden en el sentido de salud, educación, trabajo".

De todas formas, los funcionarios se quejan de que las noticias sobre acciones para jóvenes no tienen, desde hace un tiempo, al Inju como protagonista o actor de reparto y apuntan que éstas comenzaron a ser presentadas por otras instituciones como la Secretaría de Juventud de la Intendencia Municipal de Montevideo o Turismo Juvenil del Ministerio de Turismo y Deporte.

En su blog agregan que "la desidia es tal" que cuando se armó la nueva página web del Inju se incluyó un espacio llamado "Mensaje del Directorio", que al día de hoy, a dos años de su creación, sigue "en construcción".

En el Inju se emplean a unas 60 personas. Fuentes del sindicato que los reúne señalaron que algunos de ellos trabajan y otros no están haciendo nada. "Tenemos que ir a trabajar, pero a veces no tenemos trabajo que hacer", dijeron.

Después del masivo traslado al Mides, en la Casa de la Juventud quedan 12 funcionarios, todos se dedican a la atención al público o a tareas de logística y ganan un sueldo aproximado de 3.000 pesos.

Tarjeta Joven en stand by

El buque insignia del instituto fue, desde sus orígenes, la Tarjeta Joven. Un plástico que se otorga a quienes tienen entre 14 y 29 años y que habilita a obtener descuentos en pagos al contado en comercios o en entradas a diversos espectáculos. Las que ahora están en circulación tienen como fecha de vencimiento mayo del 2004, aunque todavía tienen utilidad en algunos locales, más que nada en cines y teatros. Gandini considera que la tarjeta nació como un programa de identidad juvenil. "Era un elemento básico de identificación y pertenencia que también se ha hecho desaparecer. No se lo ha eliminado, pero tampoco se la ha renovado, ni promocionado".

Ferrer opina que la Tarjeta Joven buscó y logró en su momento imponer el concepto de juventud en Uruguay. "Generar la idea de una capa social etárea con la cual el Estado se comprometía a dirigir políticas".

Desde que asumió la actual dirección, la Tarjeta Joven parece no haber sido prioridad. Fuentes del instituto señalaron, sin embargo, que hace dos años que las autoridades del Inju realizan negociaciones con el Banco República para un relanzamiento de la tarjeta. Las mismas fuentes aseguraron que en noviembre puede haber novedades al respecto. Mientras tanto, cualquier persona que no supere los 30 años puede ir hasta la Casa de la Juventud a solicitar una tarjeta provisoria. El único problema es que la mayoría de los establecimientos comerciales terminaron el contrato y no la aceptan. "Recibimos unos 60 llamados por día de personas que consultan si la tarjeta sigue vigente o en dónde se pueden obtener descuentos", informó Moreno.

El funcionario entiende que la Tarjeta Joven pasó a un segundo plano porque la idea de la dirección es posicionarla como un elemento con más contenido social, que no sea asociado al consumo. "La tarjeta estaba encuadrada en un grupo. Si no tenías nada para consumir no te servía. La idea de hoy es tratar de ponerle otro contenido, lograr un acuerdo con cines y teatros y que en determinados días presentando la Tarjeta Joven se pueda entrar gratis. Porque sino no vale de nada. Encerrás la Tarjeta Joven en un círculo que es para determinado grupo de gente, un grupo de consumo, que hoy por hoy es el menos".

Se estima que hay medio millón de tarjetas entregadas que básicamente sirven para entradas más baratas, aunque no tanto, en los cines.

Acusaciones cruzadas

Desde 1991 han pasado ocho personas por el sillón de director del Inju. En un acto público realizado el año pasado en la Casa de la Juventud, la ministra Arismendi arremetió contra las anteriores jerarquías del instituto, dijo que el organismo fue "creado" para el "acomodo", los "chanchullos" y la "politiquería". Luego de que se supiera públicamente que el novio de la hija de Arismendi había sido designado en un cargo de confianza en el propio instituto, las críticas se vinieron en su contra. Gandini fue el primero en salir al cruce. "En nuestra gestión nunca hubo parientes de nadie: Ahora la ministra se ocupó de controlarlo políticamente a través de sus familiares y procuró que fuera dirigido por una autoridad de la Unión de Juventudes Comunistas como para alinearlo", dijo. Sin dar nombres, algunos funcionarios del instituto reconocen que para muchos de los jerarcas que han pasado por la sede de los jóvenes, la dirección del Inju fue utilizada como medio para un fin político que poco tiene que ver con implementar programas que atiendan las necesidades del organismo.

En el 2004, el entonces director del Inju, Pablo Scotellaro, fue removido de su cargo por el ministro de Turismo, Pedro Bordabery, al entender que en la repartición había "caos y desprolijidades administrativas". Además se lo acusó de realizar actividades "extra-función pública". Una perla más de un instituto siempre bajo sospecha. Entre tanto tiro cruzado e irregularidades, los jóvenes esperan que no les digan adiós .

Ministerio cuestionado

El INJU fue creado en 1991 bajo la órbita del Ministerio de Educación y Cultura. En el año 2000 pasó a depender del nuevo Ministerio de Deporte y Juventud, y en 2005, el gobierno de izquierda lo derivó al recién creado Ministerio de Desarrollo Social, una cartera cuya principal línea de acción es el Plan de Emergencia Social (Panes). La bandera que han flameado los principales detractores de la actual administración tiene como leyenda: "Desarrollo Social no es solo el Panes, el Inju también existe". El año pasado, los funcionarios agremiados del Inju hicieron una ruidosa protesta frente a la Casa de la Juventud. El delegado sindical Gustavo Arias dijo en su momento que el gobierno se había perdido una oportunidad histórica de hacer políticas para un sector "fluido" de la población. "Nosotros entendemos y compartimos la prioridad del Plan de Emergencia, pero creemos que los jóvenes son una parte sensible de la población y siempre fueron relegados", expresó. . Arismendi estuvo de acuerdo con la mayoría de los reclamos, pero argumentó que no se contaba con los recursos necesarios para generar otras políticas. "Por el momento se hace imposible hacer grandes cambios", dijo. En el Inju se están desarrollando los programas que nacieron junto al instituto: Primera Experiencia Laboral y Orientación Vocacional, que reúne entre ambos grupos a cerca de 200 jóvenes. Además se implementataron proyectos solidarios que funcionan bajo la órbita del Panes como "Arrímate" y Amplificá tu voz".

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