Una revolución. Un apellido. Y dos estilos: Fidel y Raúl. Fundadores de la revolución ambos, ninguno está dispuesto a subvertir su espíritu. Pero partiendo de las mismas convicciones, las formas difieren. Según Gabriel García Márquez, Fidel "es uno de los mayores idealistas de nuestra época y en eso reside quizá su mayor virtud, aunque también ha sido su mayor peligro". Castro siempre creyó que el hombre se mueve por convicciones y principios y piensa que los "estímulos morales" son los que importan.
En 1993 fue capaz de transigir. La crisis provocada por la desaparición del campo socialista obligó a descentralizar la economía e introducir reformas aperturistas como la legalización del dólar, siete años después superados los peores ratos del Periodo Especial, él mismo frenó aquellas reformas que no le gustaban y se metió de lleno en la llamada "Batalla de Ideas", que supuso un regreso al idealismo más duro, con las consecuencias económicas subsiguientes.
Raúl, menos carismático que Fidel, tiene fama de organizado y práctico. Su estilo de trabajo es diferente, más abierto a la discusión y el análisis colectivo; cuando tiene que tomar una decisión, dedica considerable tiempo a estudiar el problema en todas sus variables. En la década de 1980 impulsó el proceso de "perfeccionamiento empresarial" en las industrias militares, que concedió autogestión a las empresas y vinculó el salario a la productividad, experiencias luego extendidas a la vida civil. A diferencia de su hermano, no es alérgico al dinero. "No importa cuánto gane un campesino si produce más y vende barato", ha dicho. El 26 de julio, anunció "cambios estructurales y de concepto" en la agricultura y otros sectores. Dijo que se trabajará "con premura pero sin desesperos", y que no es posible esperar `"resultados espectaculares" porque los problemas son serios.
Todo esto ocurre en vísperas de las elecciones al Parlamento que serán a comienzos de 2008. Serán elegidos los diputados que luego nombrarán al presidente de los Consejos de Estado y de Ministros, cargo que ha ocupado siempre Fidel Castro. El 26 de julio dijo Raúl que las elecciones serán un momento importante. ¿Será de nuevo Fidel el jefe del Estado los próximos cinco años? ¿Será Raúl? ¿O se buscará una nueva fórmula que consagre definitivamente el relevo, con dirigentes más jóvenes en la cúspide?
La situación de Fidel, que este mes cumple 81 años, es incierta. En un año no ha aparecido en público y nada parece indicar que pueda regresar al mando. Pero hasta ahora, sin estar ha estado presente y su influencia es grande. En cuatro meses publicó 31 comentarios en el diario Granma. Comenzaron siendo reflexiones sobre los grandes problemas de la humanidad, pero las últimas entregas ha criticado las reformas de la década pasada, insistiendo en que el factor "conciencia" es vital. Pero en los últimos 48 años, los dos Castro, Fidel y Raúl, se complementaron a la perfección.