JOAQUÍN MORALES SOLÁ, LA NACIÓN, ARGENTINA/GDA
Mauricio Macri no dice que sí, pero tampoco dice que no. A mitad de semana, y ante un reducido grupo de colaboradores, el jefe electo del gobierno capitalino concluyó que su intención es cumplir con el mandato electoral del distrito porteño, pero no cerró las puertas a una eventual postulación para los comicios presidenciales de octubre.
Por lo menos, se comprometió a evaluar esa posibilidad si las circunstancias políticas cambiaran y si su postulación recibiera un claro respaldo de muchos sectores sociales.
En síntesis, condicionó su eventual candidatura a presidente a una mayor complicación política del gobierno de Néstor Kirchner y a la existencia de lo que en la jerga macrista se llama "operativo clamor" para que él aspire a la primera magistratura de la nación.
Tales corolarios sucedieron después de una extensa evaluación de encuestas recientes, algunas de las cuales se hicieron por orden del propio gobierno de Kirchner. Una conclusión claramente visible de esas mediciones de opinión pública es que hay sólo cuatro dirigentes nacionales con altos índices de imagen positiva y muy poca negativa.
Se trata, en este orden, del propio presidente, de Cristina Kirchner, de Macri y del vicepresidente Daniel Scioli. Estos tres últimos están separados por imperceptibles márgenes de diferencia. El nivel de aceptación social con que cuentan ronda o supera los 60 puntos, y la imagen negativa oscila apenas entre los 16 y los 18 puntos en los tres casos.
Las coincidentes mediciones corresponden a las agencias Analogías, CEOP y Julio Aurelio. Las dos primeras suelen hacer encuestas por encargo del gobierno de Kirchner, y Aurelio es el encuestador del propio Macri. Por primera vez, que se sepa al menos, la evaluación de un dirigente opositor tiene resultados parecidos en encuestas propias y del gobierno.
Paralelamente, Macri dio indicios en las últimas horas de que va camino de romper -o de congelar, por lo menos- su alianza con Ricardo López Murphy. Dijo públicamente que elegiría candidato a gobernador bonaerense una vez que se decidiera por una alternativa para las presidenciales de octubre.
López Murphy daba por descontado que esa alternativa era él para Macri, ya que PRO es una alianza entre Recrear, liderado por el ex ministro de Economía, y Compromiso para el Cambio, que responde al propio Macri. El electo jefe del gobierno de la capital había dado ya muestras de cierta distancia con López Murphy cuando postergó la nominación del candidato a vicepresidente del ex ministro.
Esa decisión de Macri, que sigue en estado de postergación, había afectado particularmente a López Murphy, a tal punto que éste deslizó en el fin de semana último que designaría a un candidato a vicepresidente propio, sin consultar con Macri. Se mencionó, incluso, el nombre de Esteban Bullrich como compañero de fórmula de López Murphy.
Luego sucedió aquella declaración de Macri que lo apartó de cualquier compromiso para las elecciones presidenciales de octubre. En verdad, pareciera que los dos están esperando que el otro rompa definitivamente la coalición que siempre los unió sólo relativamente.
Uno de los problemas de Macri es que debe presentar candidatos a diputados y senadores nacionales por la capital en las elecciones de octubre y que no quiere perder después de haber logrado más del 60% de los votos en los comicios del 24 de junio.
Una derrota en octubre lo debilitaría en sus tensas negociaciones con el gobierno de Kirchner para lograr, sobre todo, el traspaso de la Policía al ámbito del gobierno capitalino.
Sin riesgos
A su vez, Roberto Lavagna había deslizado, quizás en mensajes enviados al propio Macri, que éste debería mantenerse prescindente de las presidenciales y no arriesgar nada en octubre, ni siquiera con candidaturas a legisladores. "Nunca hará más de lo ya ha hecho. ¿Por qué debería correr riesgos innecesarios?", repitió el candidato presidencial en los últimos días.
En ese contexto de distancias y de presiones, llegaron las encuestas que confirmaron que la victoria capitalina de Macri se ha convertido en un hecho político de alcance nacional.
Descartado Scioli de la competencia por la Presidencia (él carece de los márgenes de oposición al kirchnerismo que tiene Macri), el presidente de Boca terminó considerando que él es el único político en condiciones de desafiar al gobierno actual en igualdad de condiciones. En días recientes se lo oyó comentar que era inagotable la cantidad de dirigentes sociales o ejecutivos de empresas privadas que estaban dispuestos a dar el salto a la política de la mano de Mauricio Macri.
"No tengo suficientes cargos en la capital para conformar a todos, y todos son muy valiosos", subrayó Macri. ¿Estaba diciendo que necesitaba una estructura más grande, como la del gobierno nacional, para darles cabida a todos? No lo precisó.
El "operativo clamor" para su postulación presidencial, si llegara en algún momento, debería incluir más que nada a la propia capital. La capital le acaba de confiar a Macri, abrumadoramente, la administración de su gobierno para los próximos cuatro años.
¿Aceptarían los porteños que el mismo jefe que eligieron compitiera con los Kirchner en los próximos meses por el control de las riendas del país?
En la respuesta a esa pregunta, que nadie tiene, se cifra gran parte de la decisión última de un Macri que, ahora se sabe, vacila ante la tentación de un poder más grande que el de un distrito grande, pero distrito al fin.