Montevideo, 23 de enero de 1961. Blanca Suárez tuvo mellizas, las inscribió en el Pereira Rossell como María Graciela y María Ofelia Suárez y antes de que le dieran el alta se escapó con ellas. Afuera del hospital, en un taxi, la esperaba el "tío" Cigüeño, como le decían al hombre que entregaría sus hijas a otra familia. La niña que pesó más y tenía la piel más blanca fue la elegida por una familia de españoles que pagó una "atención" de 600 pesos. A la otra no la quisieron, por eso, después de dejarla tres días con la madre (que no quería o no podía quedarse con ella), Cigüeño la llevó de apuro a una casa en Lezica. Las hermanas nunca más se vieron, hasta hace un mes, cuando se encontraron en el Aeropuerto de Carrasco, después que un estudio de ADN confirmó que son hermanas.
El peso y el color de la piel marcó sus destinos. La niña elegida por la familia española terminó viviendo en Alicante, España, estudió ciencias económicas, se casó con un político, tuvo dos hijos y un nivel de vida "muy solvente", según la policía que hizo la investigación durante dos años, Mirta Núñez. La otra se crió en Lezica, con una madre con la que nunca se entendió bien. Es ama de casa y cuida a una señora, y se casó con un militar, que viajó en un contingente uruguayo al exterior y con ese dinero construyeron su casa. Ambas aceptaron sacarse fotos, pero pidieron que se cambiaran sus nombres.
Mariela, la que se crió en España, siempre sospechó algo: escuchó rumores, mientras vivió en Montevideo no la dejaban jugar con muchos niños y procuraban que no saliera, cuando tenía 10 años se mudaron en forma repentina a España y nunca regresaron, ni siquiera de visita. Después se enteró que su madre biológica merodeaba la familia, sus padres se asustaron, vendieron las acciones que tenían en Cutcsa y se mudaron a España. Hace dos años una prima le dijo que era adoptada. No podía hablar con sus padres porque estaban muy enfermos: su madre tenía mal de Alzheimer y el padre una enfermedad terminal y no hablaba, pero le confirmó con un gesto que el comentario de la prima era cierto. La madre de Esperanza, la que se quedó en Uruguay, murió y nunca dijo nada. El marido de Esperanza también sabía, se lo habían contado en la familia, pero tampoco habló.
De la madre se sabe muy poco. En el hospital está registrado el parto de las mellizas, hijas de Blanca Suárez y nietas de Odila Suárez. Se sabe que Blanca nació en Tacuarembó el 2 de octubre de 1940 y fue adoptada en una casa cuna del entonces Consejo del Niño. Fue al liceo y a los 19 años vino a trabajar como doméstica a Montevideo. Blanca quedó embarazada enseguida. No se sabe quién es el padre y no hay registros de que ella haya tenido más hijos. "Se le alivianó la cabeza", dijeron los vecinos que la suboficial contactó en Tacuarembó para referirse a su destino de prostituta. No figura en identificación civil, nunca votó, no está en el BPS ni en los hospitales ni en las partidas de defunción. Tampoco está en los registros de Interpol, ni de la policía argentina y brasileña.
Blanca estaba fichada en Jefatura como prostituta con una foto y otro apellido, como se estilaba, "Kaufman". Hay un control de profilaxis realizado en el hospital Maciel y un antecedente por hurto porque le robó 1.000 pesos a un cliente. Tuvo varias renovaciones de cédula y declaró que tenía un hermano llamado Mario, al parecer, un vecino.
La policía no ubicó a Ramón Cigüeño, pero sí que tiene antecedentes penales por contrabando. Él había conocido a Blanca en la whiskería donde ella trabajaba y era amigo de la familia española. Los visitó varias veces en España, tanto que la niña lo llamaba "tío Cigüeño". Hasta allí llegó la investigación sobre la madre. "Se la tragó la tierra y Mariela no quiso saber más, la movilizó que la hubiera entregado y que fuera una mujer de la vida", dijo Núñez. El marido de Mariela cree que la mujer vive en Argentina, pero no tiene pruebas suficientes y prefirió no dar más detalles. "No sé si quiero encontrarla, ya tengo a mi hermana. Habría que preguntarle a esa señora, si aparece, si quiere conocernos", dijo Mariela y apretó la mano de su hermana.
Reunir a las hermanas fue complicado. Núñez sólo tenía el nombre de la madre y una fecha; los documentos no están en computadora y ese año nacieron cerca de 3.000 niños en el Pereira Rossell. Un archivo del 23 de enero dice que Blanca Suárez dio a luz a dos niñas, pero no hay historia clínica y en las partidas de nacimiento no hay nadie registrado como hija de Suárez. Entonces la policía empezó a comparar las partidas con la edad de la madre, la hora y el lugar de nacimiento. Revisó más de 2.000 papeles hasta que quedaron tres nombres: María de la Fe, Esperanza María y María de los Milagros. Coincidía el año, eran partos de mellizas, las tres se llamaban María, el nombre que había elegido la madre biológica y el otro nombre sugería un hijo que llegó como un milagro. Pero todo indicó que la niña buscada era Esperanza. Fue anotada el mismo día y con los mismos testigos que la niña española y figuraba como hija única de una mujer mayor que no tuvo más hijos. "Estaba cantado que era una adopción", dijo Núñez. Ubicó a Esperanza en identificación civil, la llamó por teléfono y arreglaron un encuentro. Esperanza no entendía: "No era mi historia, no me reconocía. Si no me hubiera buscado, no hubiera sabido nada", dijo.
Cuando Núñez la vio no tuvo dudas: el perfil era igual a la fotografía que tenía de la madre, los ojos y el físico parecido al de Mariela, las narices y las manos idénticas. Esperanza aceptó hacer el análisis genético. El resultado del ADN fue contundente: 99, 99%.
Recién entonces Mariela quiso venir a Uruguay. Antes no había querido, tenía que cuidar a sus hijos, temía desilusionarse y sentía rencor por el país donde había nacido y su madre la había entregado.
Se encontraron en el aeropuerto. "Nos abrazamos y lloramos y nos reímos", dijo Mariela."El afecto surgió en forma espontánea, la sentí mi hermana enseguida, lástima que nos robaron más de 40 años", agregó. Durante un mes Mariela se instaló en la casa de su hermana con su marido y sus hijos y comparten lo cotidiano. "Lo que nunca tuvimos, ¿para qué vamos a ir a cenar a un restaurante? Igual vamos siete veces al mercado para cocinar juntas. Nos contamos nuestros secretos, hablamos de los hijos, de los maridos, de los viejos novios. Miramos fotos. Nos hemos pasado llorando", dijo Esperanza.
En este mes han reconocido semejanzas. Las dos son hipertensas y tienen dificultades ginecológicas similares. Un día se dieron cuenta que a ninguna le gustaba los dedos de sus pies, que son iguales y torcidos. Pero más allá de lo físico, dijeron que comparten los mismos valores y que las dos tienen el mismo mal carácter. Fue lo primero que reconocieron los cuñados.
Una es María Graciela, la otra María Ofelia, pero nunca van a saber cuál es cuál. Salvo si apareciera la madre, dijo la policía: "Si ella apareciera podría decirlo, porque sin duda tenía dos niñas para mirar".