Rudy va a Washington

| El ex alcalde de Nueva York, Rudy Giuliani, es uno de los nombres fuertes de los republicanos para las elecciones de 2008, pero muchos desconfían de su estatura de héroe.

CUANDO A PRINCIPIOS de mayo a Rudolph Giuliani le pidieron su reacción sobre una nota aparecida en el periódico Village Voice en la que se cuestionaba su posesión de una exclusiva colección de anillos de campeonato del equipo de béisbol New York Yankees, Giuliani no habló de los anillos, sino de quien escribió la nota. "Este reportero tiene un muñeco mío en su casa y le clava agujas cada noche", comentó. "Está obsesionado conmigo".

Ese periodista, Wayne Barrett, admite que podría parecer una obsesión, considerando que ha escrito dos libros en los que el ex alcalde no queda bien parado: Rudy!, una completísima biografía, en 2000 y, en 2006, Grand illusion (junto a Dan Collins), una investigación sobre cómo Giuliani ha sacado ventaja económica y política a costa de su imagen pos 11-S. Incluso en su primer libro, City for sale -en el que daba cuenta de la corrupción en la era del alcalde Ed Koch en la década de 1980-, Giuliani era un personaje muy relevante como fiscal del Distrito Sur de Nueva York, que lo lanzaría a la fama. "Él era el héroe", comentó Barrett.

Los éxitos de Rudolph Giuliani como alcalde de Nueva York son conocidos en todo el mundo: recibió una ciudad en crisis a causa de la delincuencia y entregó una ciudad limpia y segura. Patentó y exportó la "tolerancia cero". Y luego, cuando su popularidad estaba en decadencia, se alzó como el líder que Estados Unidos necesitaba en el momento preciso: los ataques del 11 de septiembre de 2001.

Pero la historia de Giuliani tiene mucho de mito.

Rudy! causó controversia principalmente por exponer por primera vez los antecedentes criminales de su familia: su padre, Harold Giuliani, fue condenado por asalto a mano armada, estuvo preso y posteriormente trabajó como matón de su cuñado, el tío de Rudy, Lewis D`Avanzo, un hombre ligado a la mafia italiana neoyorquina. Giuliani nunca disputó ninguna de las afirmaciones -todas verificadas y documentadas- contenidas en su biografía. "Sabía algunas cosas, otras no las sabía, y otras realmente me sorprendieron", le dijo en su momento a Larry King en CNN. Sin embargo, en sus discursos -antes y después de la publicación- siguió hablando del ejemplo ético y de trabajo heredado de su padre.

En la biografía de Barrett se basó la película para la televisión hecha en 2003 sobre la vida de Giuliani. Claro que el film se hizo para realzar la figura del "Alcalde de América" tras los atentados a las Torres Gemelas. James Woods, un orgulloso conservador, exigió aprobar el guión final antes de aceptar interpretar a Rudy. Quería mostrar a un héroe. "Si estaban interesados en presentar la jihad liberal contra Rudy, no me interesaba", dijo Woods al New York Times.

Hace unas semanas una nueva información complicó la campaña de Giuliani, porque significó un misil a uno de sus argumentos básicos: su compromiso con la seguridad de Estados Unidos. El Newsday publicó la razón por la que Rudolph Giuliani dejó el año pasado el Grupo de Estudio de Irak, comisión bipartidista presidida por el diplomático James Baker que elaboró propuestas para el presidente Bush sobre estrategias para enfrentar el conflicto en ese país. Giuliani alcanzó a estar dos meses en la comisión, hasta que Baker le pidió que asistiera a las sesiones o se retirara: no había ido nunca. Entonces Giuliani renunció aduciendo "compromisos adquiridos de antemano" (sus representantes, en cambio, dijeron que renunció por que ya estaba considerando ser candidato y no quería politizar la comisión). Lo problemático para la campaña fue la revelación de cuáles eran sus compromisos: los discursos que ha dado en todo el país y en el mundo sobre su liderazgo para enfrentar el terrorismo. En 14 meses, Giuliani ha ganado 11,4 millones de dólares por eso.

La manera en que Giuliani ha convertido en dólares su mítica imagen de líder nacional el día de los atentados terroristas a Nueva York ha sido un foco importante de ataque de sus detractores, y es el objeto central del libro más reciente de Barrett, Grand illusion. En el inicio del libro, Barrett y Collins recuerdan los factores que llevaron a Giuliani -que para el 10 de septiembre de 2001 estaba terminando su segundo mandato con una baja popularidad, desmoralizado por una escandalosa separación, un cáncer de próstata y su decisión de abandonar la carrera senatorial contra Hillary Clinton- a convertirse en el líder que el país necesitaba el día de los ataques terroristas. Fue una coincidencia de dos factores: la capacidad y voluntad de Giuliani de salir a la calle y dirigirse a la Zona Cero a poner orden, y la ausencia del presidente Bush. Mientras a Bush sus asesores lo escondieron por temor a que fuera blanco de otros ataques, "Rudy" fue a donde había que ir y dijo lo que había que decir.

Suficiente como para que el país se rindiera a sus pies y el alcalde viera cómo su carrera política resucitaba mientras los medios le rendían tributo. Giuliani, quien ya había decidido que tras dejar su cargo ese año formaría a una consultora para asesorar a otras ciudades a combatir el crimen, formó Giuliani Partners con un giro comercial más amplio: ahora podía hablar de liderazgo y sobre cómo enfrentar la amenaza terrorista. Por su libro Liderazgo cobró un adelanto de 2,7 millones de dólares, y emprendió una lucrativa gira de apariciones públicas. En 2002 recaudó 8 millones de dólares por ese sólo concepto. El año pasado fueron más de 11. Giuliani sólo interrumpió el tour rentado en la carrera por la nominación republicana para 2008.

"No creo que antes hayamos tenido un candidato que esté compitiendo sobre la base de lo que hizo un solo día", comenta Barrett. "Ahora recorre el país y en todas partes a las que va habla de la gente cayendo de los edificios ¡mientras hace campaña! Se ha transformado en un empresario muy exitoso a costa de esas imágenes del 11-S, y parece ser un igualmente exitoso candidato presidencial, a costa de ese recuerdo".

Actualmente, bomberos y policías de Nueva York -los celebrados "héroes del 11-S"- manifiestan opiniones divididas sobre el ex alcalde. Mientras unos condenan lo que ven como un aprovechamiento político y económico de su tragedia, otros siguen agradecidos.

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