Entre las 20.000 películas que conserva el archivo fílmico de Cinemateca debe estar De tiempos y cambios, un video sobre derechos humanos en Uruguay editado por Serpaj en 1997 y exhibido ese año en la muestra de producciones nacionales de la institución cinéfila. Eran tiempos buenos para Serpaj y Cinemateca, dos organizaciones emblemáticas y únicas en sus especializaciones. Pero hoy las cosas cambiaron y están en crisis.
En junio el Estado reaccionó para salvar a Cinemateca y su archivo fílmico. Cinemateca dio a conocer los números que la estaban matando: una deuda de 240.000 dólares y un déficit mensual de 15.000. Economía le asignó una partida de 100.000 dólares y la institución comenzó a repensarse para volver a ser autosustentable.
Fue un rescate oficial. Y aunque, como la cultura, los derechos humanos también son importantes en el discurso de la izquierda, la crisis del Servicio Paz y Justicia (Serpaj) es distinta y la solución no puede ser un salvavidas estatal. El problema de la primera organización uruguaya dedicada a la defensa de los derechos humanos, fundada en 1981, es que la financiación extranjera se está retirando de la región y hay pocas opciones para obtener fondos.
Hay organizaciones locales que recurrieron a convenios públicos para seguir adelante, pero eso no le sirve a Serpaj, que se dedica, entre otras cosas, a vigilar que el Estado respete los derechos humanos, tal como se comprometió en tratados internacionales. "Tenemos que estar denunciando al Estado y si es el Estado el que nos financia hay un problema", explicó Fernando Willat, coordinador de Serpaj.
La organización está trabajando al mínimo porque cada vez accede a menos financiación y se quedará sin fondos a partir de enero. Por eso está preparando una campaña para captar voluntarios que trabajen y aporten dinero. Pagar una cuota para ser miembro es común en organizaciones mundiales como Amnistía Internacional, pero es inédito en Serpaj.
Esa opción se empezó a manejar luego que en diciembre la agencia de cooperación alemana Pan para el Mundo le comunicó que le suspendería el apoyo en el segundo semestre de este año. Hace 15 años que esa institución financia las actividades principales de Serpaj, con unos 90.000 dólares anuales. Al final Serpaj logró extender esa financiación hasta fin de año.
Lo que más preocupa es 2008 pero los problemas ya empezaron. "Los últimos 10 años han sido de una reducción importante de la financiación, paulatina y progresiva", dijo Willat. Las agencias de cooperación europeas que dirigieron sus programas hacia América Latina en la década de 1980, en la etapa post dictaduras, reperfilan la cooperación hacia África. "No es una cuestión privativa de Serpaj, lo ves en toda América Latina", explicó la coordinadora Daniela López.
A diferencia de Cinemateca, Serpaj no tiene deudas, pero la escasez de fondos ya se tradujo en la reducción de sus actividades básicas. No se realizan más trabajos en el interior y las actividades de educación en derechos humanos y de visitas a las cárceles, que distinguieron a la institución, disminuyeron mucho, se lamentó Willat.
El Centro de Documentación y Biblioteca Luis Pérez Aguirre -en homenaje al cura fallecido y miembro destacado de la organización- atiende al público sólo dos días a la semana y en horario reducido. Antes, la única biblioteca especializada en derechos humanos del país y una de las más importantes de América Latina, era atendida todos los días por dos bibliotecólogas que ahora trabajan menos horario pero gratis.
Los puestos remunerados que quedan pasaron a ser simbólicos: al que le pagan más, cobra por tres horas diarias. Hay unas 20 personas que trabajan en Serpaj y eso no ha variado tanto.
La idea es aprovechar la crisis para redefinir metas, recuperar una plantilla efectiva y reforzar a la institución.
Uno de los aportes más relevantes de Serpaj, el único informe anual sobre la situación de los derechos humanos en el país, se viene salvando de los recortes. La intención es que este año se vuelva a presentar, como desde hace 19 años, el 10 de diciembre, día mundial de los derechos humanos.
Serpaj también sigue patrocinando demandas vinculadas a la dictadura y tiene activos dos programas financiados por el Estado: uno con el INAU, de trabajo con adolescentes privados de libertad, y otro con la Dirección Nacional de Empleo, de capacitación laboral a mujeres de la cárcel de Cabildo.
Es raro el vínculo de Serpaj con el Estado. En los hechos es uno de sus principales financiadores, en realidad es casi el único. Pero no quieren que sea así. Además, el presidente Tabaré Vázquez les dio la otra mala noticia del año.
El "Nunca más" oficial del 19 de junio "desdibujó" el concepto de "Nunca más terrorismo de Estado" que esa organización defendió con la publicación en 1989 de Uruguay nunca más, un informe sobre la violación de los derechos humanos en la dictadura.
Los coordinadores de Serpaj pasaron dos días intercambiando correos electrónicos para encontrar las palabras justas para reaccionar ante la usurpación oficial. Al final, el lunes 18 temprano en la mañana, Willat fue hasta la sede y envío el comunicado anunciando una de las ausencias más notorias en la Plaza Independencia. Lo hizo desde una de las pocas computadoras que le quedan a Serpaj.