La muchachada de Putin

| El Kremlin financia grupos de jóvenes con una fanática lealtad al presidente, un dato que muchos ven con preocupación como un síntoma de nostalgia por aquellos tiempos soviéticos.

MODA. En el desfile por la victoria al nazismo, relucieron viejos uniformes. 400x530
MODA. En el desfile por la victoria al nazismo, relucieron viejos uniformes.
Bloomberg

OWEN MATTHEWS Y ANNA NEMSTOVA, NEWSWEEK

Horas después de que Estonia retirase una estatua de un soldado soviético de la segunda guerra del centro de Tallinn, empezó una batalla virtual. Agencias de noticias, bancos y oficinas públicas fueron el blanco de una guerra relámpago de correo basura, un bombardeo de miles de millones de e-mail, aparentemente desde Rusia, que tiraron abajo servidores y colapsaron bandas anchas. Era el primer ataque cibernético de una superpotencia contra un vecino casi indefenso.

En Moscú, los ataques no fueron tan sutiles. Activistas de un grupo juvenil creado por el Kremlin, el Nashi, irrumpieron en una conferencia de prensa del embajador de Estonia. Otros bloquearon la carretera de abedules que une Rusia y Estonia con un enorme cartel: "Ud. va hacia la fascista Estonia". En tanto, el presidente ruso, Vladimir Putin, conmemoraba la victoria soviética sobre el nazismo con un desfile militar y oscuras advertencias de "nuevas amenazas" a la seguridad mundial, "como en tiempos del Tercer Reich".

El Kremlin está a la ofensiva. Y la fuerza de choque en su lucha contra los enemigos, reales o imaginarios, de Rusia es una nueva generación de apasionados jóvenes militantes: algo así como la Liga de Jóvenes Comunistas de la Rusia de Putin. Tienen nombres como Nashi ("Nuestros"), la Joven Guardia y Caminando Juntos. Altamente disciplinados y auspiciados por el Kremlin, estos jóvenes ideologizados salieron de la nada hace unos años y hoy son 100.000, un ejército privado fanáticamente leal a un solo hombre, un presidente dedicado a la glorificación de la Unión Soviética y el poder ruso.

En tiempos comunistas, el grupo de jóvenes soviéticos, Komsomol, surgió de la obsesión del partido por "formar la conciencia política" de los jóvenes. Y eso pasa hoy. La movida del Kremlin para ganarse los corazones y las mentes de la juventud rusa, surgió después de las revoluciones populares en Ucrania, Georgia y Kirgystan de 2003 y 2005. Algunos en el Kremlin pensaron que Rusia era la siguiente. "El papel crucial que los jóvenes jugaron en esas revoluciones, nos hizo darnos cuenta de que había que hacer algo", dice Sergei Markoz, un ideólogo vinculado al Kremlin que ayudó a fundar Nashi en 2004. "La idea era crear una ideología basada en una devoción total al presidente".

Con elecciones legislativas y presidenciales en camino, Nashi y sus movimientos hermanos tienen un blanco obvio: quien desafíe el poder de Putin. Nashi reparte un folleto que identifica a esos enemigos. Esa "galería de traidores" viene con retratos trucados de líderes como el ex primer ministro, Mikhail Kasyanov y el escritor radical, Eduard Limonov, enemigos del pueblo que complotan para subvertir su nación y entregarla a los espías extranjeros. Entre ellos también están el exiliado oligarca de la era Yeltsin, Boris Berezovsky, y Mikhail Khodorkovsky, el ex multimillonario venido a menos por recaudar fondos para la oposición.

En abril, 15.000 voluntarios de Nashi se pusieron unas chaquetas rojas con la leyenda "Comunicadores de Putin" en sus espaldas, y repartieron panfletos y unas 10.000 tarjetas para teléfonos celulares. Las tarjetas les permitían a los usuarios enviar mensajes al Kremlin, respondidos rápidamente por voluntarios Nashi. A los que las recibían también se les instruía cómo usarlas para informar sobre cualquier síntoma de revolución naranja. Si eso pasa, las tarjetas envían automáticamente mensajes de texto explicando qué hacer y dónde reunirse.

El sabor paramilitar es indudable. Cada verano, Nashi organiza campos de reclutamiento en todo Rusia. Los nuevos miembros ven películas de propaganda y reciben entrenamiento militar básico, cuanta el jefe Nashi, Vasily Yakimenko. Nashi también maneja una Policía voluntaria, vestida con uniformes negros, que, de acuerdo al servicio de prensa del movimiento, "ayudan a la Policía a patrullar las calles y, si es necesario, golpean a algunos indeseables".

La veterana disidente Valeria Novodvorskaya afirma que los nuevos "jóvenes de Putin" están modelados como la Juventud Hitleriana. Eso es exagerado. Nashi y los otros grupos podrán ser fanáticamente leales a Putin pero su retórica y sus métodos son más una siniestra parodia de los movimientos pro-democracia en Ucrania, por ejemplo. Mucha de su actividad es orquestada por Vladislav Surkov, mano derecha de Putin para asuntos políticos y de medios, que se reúne con los líderes de los grupos para coordinar la propaganda y las campañas políticas. El Kremlin, también, es generoso con los recursos, dice Ilya Ponamarov del Instituto de Estudios de Globalización, tanto en contribuciones directas como en alentar a la empresas del Estado a que patrocinen programas. Su instituto estima que sólo la campaña de "Comunicadores de Putin" costó U$S 220 millones. Y como en el viejo Komsomol, los beneficios de la membresía son considerables. Los integrantes tienen ingreso gratis a varias escuelas de gerenciamiento, negocios o relaciones públicas. Y consiguen pasantías en las principales empresas públicas como Gazprom, Rosfnet, las cadenas de televisión e incluso el Kremlin.

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