Una paria de mucho cuidado

| Derrocado en Guatemala por su intento de estatizar intereses de Estados Unidos, Arbenz se refugió en el amable Uruguay. Pero la CIA lo "escrachó" con la ayuda de periodistas locales. Además, Inteligencia lo vigiló 24 horas como si fuera terrorista.

Exiliado. Arbenz y su familia de viaje por el mundo. Un exilio cómodo en lo económico, hostil en lo social y agónico en lo político. 500x478
Exiliado. Arbenz y su familia de viaje por el mundo. Un exilio cómodo en lo económico, hostil en lo social y agónico en lo político.
El País

ALEJANDRO PÉREZ

Pocos uruguayos deben saber quién es Jacobo Arbenz. A lo mejor alguien que haya visto el reciente estreno en cine de El buen pastor cayó en la cuenta de que fue presidente de Guatemala y que resultó destronado por una de las primeras grandes operaciones de la Agencia Central de Inteligencia (CIA).

Arbenz era militar y de izquierda. Su presidencia (1951-1954) era una rara avis en América Latina. Si bien no tenía ninguna vinculación con Moscú, el gobierno estadounidense (metido de lleno en la "guerra fría") comenzó a operar contra Arbenz argumentando que su gestión política iba camino al comunismo.

Su gran pecado, en todo caso, había sido profundizar un plan de estatizaciones a empresas que casi no pagaban impuestos y se habían adueñado de buena parte del territorio a precios irrisorios.

Para Estados Unidos, el colmo fue la expropiación de la empresa United Fruit, más conocida como "El Pulpo", un trust que controlaba todo en forma monopólica, desde la exportación agroindustrial pasando por el transporte fluvial, la distribución de energía eléctrica y los ferrocarriles. United Fruit le daba trabajo a 70.000 de los tres millones de guatemaltecos.

Arbenz tuvo la mala idea de enfrentar al imperio y después de varias escalas terminó en Uruguay. Su unión con este país está llena de claves encubiertas que serían la pasión de numerólogos y apasionados de las cuestiones místicas. Para empezar, el golpe de Estado que lo derrocó -realizado por apenas 300 mercenarios- fue un 27 de junio, una fecha que también sería fatídica para el Uruguay 19 años después.

Otro vínculo casual pero también dentro del misterioso eje Uruguay-Guatemala: en el film dirigido por Robert de Niro, el actor que personaliza a Arbenz es el uruguayo Marcos Cohen, elegido entre miles de aspirantes precisamente por ser un clon del ex presidente.

Los vínculos de Arbenz con Uruguay no se acaban ahí. El 13 de mayo se cumplieron 50 años de su llegada. Aquí permaneció hasta 1960, cuando fue invitado a asilarse en la Cuba de Fidel Castro. En 1965, Arbenz volvió a México (había sido su primer lugar de exilio), donde murió en circunstancias nunca aclaradas en 1971.

Uno de los más fecundos nexos que Arbenz tejió involuntariamente con Uruguay está vigente hoy y es el que mantiene el joven historiador Roberto García Ferreira, que investiga los rastros de Arbenz en Montevideo y prepara además un libro sobre la vida del líder guatemalteco, un gran agujero negro de la historia.

Arbenz es un tabú también en Guatemala. Hasta ahora se sabía poco y nada sobre su exilio. Su carácter de refugiado político lo obligaba al bajo perfil. Su vida transcurrió en una residencia de Carrasco vecina a la de Howard Hunt, el jefe de la CIA que lo sacó del poder y que luego también se radicó en Uruguay investido como funcionario diplomático. Una ironía infeliz.

La primera vez que García Ferreira escuchó hablar de Arbenz fue en los cuentos de su padre. Le pareció extraordinaria la historia de ese concierto de naciones centroamericanas llamadas "repúblicas bananeras".

Su vocación de historiador nació en parte por las campañas de solidaridad del pueblo uruguayo contra el derrocamiento del presidente de Guatemala.

Mientras cursaba su licenciatura en Historia, García fue profundizando sobre el comportamiento contradictorio de Uruguay con el asilado Arbenz.

El país le ofreció solidaridad. Líderes como Batlle Berres, Herrera y Vasconcellos (su gran amigo uruguayo) alzaron su voz en foros internacionales. Pero por otro lado, en ese mismo Uruguay Arbenz sufrió una sistemática vigilancia policial de todos sus movimientos las 24 horas del día, y pudo leer extensos artículos periodísticos en la prensa montevideana contra su persona. Nadie lo sabía entonces, pero esos mensajes conformaban la última etapa de la "Operación Guatemala", gestionada y financiada por la dinámica oficina local de la CIA.

Un hombre "peligroso"

Esos datos se corroboraron cuando el investigador logró acceder a los archivos del Servicio de Inteligencia de la Jefatura de Policía de Montevideo y a una serie de dossiers desclasificados por la CIA durante 2006.

"La liberación de los documentos nos permitió acceder a fuentes nuevas. Con esas fuentes y otras que ya teníamos sí pudimos comprobar que había artículos de opinión anticomunista que provenían de la CIA, aunque había otros que tenían el sello de una opinión sincera contra Arbenz. Era común en la época. Estabas con Dios o con el diablo", sostiene el investigador.

Unos 60 de esos documentos serán la base del libro que García Ferreira presentará en los próximos meses, tanto en Guatemala como en Uruguay, sobre la vida de Jacobo Arbenz, el presidente constitucional derrocado con el 66% de apoyo popular.

Guatelama era un país muy atrasado. Un ejemplo: recién en 1945 quedó abolida la esclavitud para la población indígena. El gobierno de Arbenz había sido precedido por otro de corte izquierdista liderado por Juan José Arévalo. El mote de "comunista" para Arbenz era parte de la estrategia operativa de la CIA.

Entre los planes del investigador también figura escribir otro libro sobre la injerencia de la CIA en la prensa uruguaya durante el siglo XX.

"Se montó una campaña para defenestrarlo y luego sus compañeros de armas lo traicionaron. Hay que recordar que en esa época el anticomunismo estaba en auge, el mundo estaba partido en dos. Sin embargo, Arbenz no era comunista. Era más bien un reformador. Su reforma agraria no era colectivista al estilo soviético. Era un cambio capitalista", asegura García Ferreira.

Uruguay se enteró de la crisis guatemalteca por el ex presidente Arévalo. Llegó, dio una conferencia en el paraninfo de la Universidad y denunció al gobierno de Estados Unidos como principal responsable de la interrupción democrática.

El contragolpe no demoró. Los documentos desclasificados indican que la CIA infiltró los medios uruguayos con información contra Arbenz. Le pagaron a algunos periodistas montevideanos para publicar artículos de denuncia contra el "comunista" refugiado. Los protocolos de infiltración de medios fueron encontrados por el propio García Ferreira en ocho documentos desclasificados durante la última década.

Las fotografías y los documentos incluidos en el reporte de la Inteligencia uruguaya querían demostrar que Arbenz era peligroso. Fue vigilado las 24 horas durante su asilo montevideano, una actitud inexplicable en función de que Arbenz estaba solo, indefenso y lejos de su patria. Por otra parte, Guatemala no era lo que se dice una potencia terrorista.

Enterado del absurdo seguimiento policial del que era objeto, sin esperanzas políticas, tan lejos de Moscú como de Washington, Arbenz se refugió en el alcohol más que en la ciudad de Montevideo.

Se había cansado de andar por el mundo. En Suiza le pusieron trabas al asilo (su famila era de origen suizo), en Francia sufrió una brutal campaña de desprestigio, su hija se había suicidado en Bogotá. El trato recibido aquí era el fin de un largo calvario. "Si algo demuestra esta investigación son nuestras contradicciones históricas. ¿Cómo se explica que le dieran asilo y lo vigilaran?, pregunta García. "Uruguay puede no haber sido un país tan liberal y democrático como se cree."

A la comisaría todos los días

El permiso otorgado por el Ministerio del Interior para que Roberto García Ferreira ingresara a los archivos del Servicio de Inteligencia le permitió conocer detalles del hostigamiento recibido por Arbenz. También se obtuvieron detalles de la operativa de la CIA en la región, la metodología aplicable a la generación de opinión pública, todo con la anuencia de los gobiernos locales.

"Es una muestra de que la liberalidad uruguaya, la neutralidad sostenida por tantas décadas, era un asunto de la boca para afuera", dice el historiador, docente del departamento de Historia Americana de la Facultad de Humanidades.

El régimen policial al que obligaron al presidente derrocado podría ser similar al que se aplica hoy a un barrabrava de los peores. De acuerdo a los informes, apenas pisó suelo uruguayo, el militar guatemalteco fue invitado a presentarse todos los días en una comisaría de su zona de residencia. Al cabo de un tiempo, la presentación debió realizarse cada ocho días. Menos mal.

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