El Poder Ejecutivo envió al Parlamento un proyecto de ley que procura la reparación a víctimas de la violencia política y del terrorismo de Estado -desaparecidos, civiles, militares y policías- que ha crispado los ánimos de las organizaciones de derechos humanos, sectores políticos y ciudadanos que entienden que la propuesta avala la denominada "teoría de los dos demonios" y que juzgan injusta en tanto no contempla casos que estiman que deberían ser tenidos en cuenta.
Que el autor de la iniciativa haya sido el diputado colorado Daniel García Pintos fortalece el rechazo. Es un hombre con un estilo político de estruendo a la hora de condenar la conducta política de tupamaros y otros grupos de izquierda, pero que le pone sordina a su voz a la hora de condenar los desbordes militares contra las instituciones democráticas.
Abanderados en la defensa de la ortodoxia semiótica de la frase "Nunca más", los que rechazan la iniciativa del gobierno recuerdan que la expresión se refiere a evitar que en el futuro se desate el terrorismo de Estado. Ciudadanos que rechazan el proyecto de reparación comenzaron a manifestarse a través de un blog que titularon "El `nunca más` es al terrorismo de Estado". Algunos de los actores que rechazan el proyecto de reparación habían reaccionado contra los dichos del presidente Tabaré Vázquez del 2 de marzo de 2007, cuando expresó su deseo de que nunca más hubiera enfrentamientos entre uruguayos.
El presidente expresó su deseo de que en el futuro no haya violencia política entre los uruguayos y quienes rechazaron sus dichos y el proyecto de ley, señalan que el "Nunca más" se refiere sólo al deplorable terrorismo de Estado. Es cierto que la frase "Nunca más" se acuñó como expresión tendiente a prevenir el terrorismo de Estado. ¿Eso impide que se extienda su sentido a la condena del recurso de la violencia a la hora de hacer política? No lo impide y es lo que la mayoría de los uruguayos piensa.
Conceptualmente se debe diferenciar el terrorismo de Estado de la violencia política contra las instituciones democráticas. El terrorismo de Estado es deplorable. También lo es hacer "política con las armas" en sociedades abiertas y democráticas, asumiendo esa opción como método. El gobierno acierta en tanto interpreta la voluntad de la mayoría de la ciudadanía cuando propone que los uruguayos nunca más resuelvan sus diferencias violentamente. Al no pronunciarse contra el recurso de la violencia como forma de hacer política en democracia, los defensores de la ortodoxia semiótica de la frase "Nunca más" debilitan sus posiciones éticas y políticas.
La democracia debe decirle nunca más al terrorismo de Estado y también a la pretensión de imponer ideas y sistemas políticos a la nación mediante la violencia.