El matrimonio con sangre entra

La comunidad romaní ha seguido reglas muy estrictas respecto al matrimonio. Lo normal era que se casaran entre gitanos únicamente, aunque a los varones se les permitía contraer matrimonio con criollas. Para las mujeres estaba prohibido. Pero todo cambia. Juan Carlos Cabrera es un "medio gitano", es decir, un criollo que se casó con una gitana. A su esposa la vio por primera vez en un casamiento romaní, al cual fue invitado por sus amigos gitanos de Atlántida. Y por intermedio de ellos la conoció más tarde. El resto es historia. Cabrera dice que se ha adaptado perfectamente a las costumbres de su esposa, ha vivido en carpa y recorrido el país. Según él, la principal diferencia entre criollos y gitanos, es que éstos "son más machetes", dice bromeando.

Esta situación es aceptada por muchos romaníes. Sin embargo, hay otros que no ven con buenos ojos este tipo de casamientos. Cuando se le pregunta al respecto, Andrés Nicolau, un gitano de treinta y pico de años, responde que en todas las familias hay "ovejas negras".

Esto puede ofrecer algunas dificultades debido a lo reducida que es la comunidad en Uruguay. Malena Natalia Marcos es soltera y dice que quiere casarse con "un gitano, aunque está complicado porque son pocos", asegura.

Los matrimonios eran arreglados por las familias de los novios. Cuando veían que dos jóvenes se gustaban, los padres intercedían y comenzaban los preparativos para el casamiento. Sin embargo, Malena asegura que "no te obligan a casarte" y que las mujeres eligen a su esposo.

La boda es una gran fiesta que dura tres días y que debe ser pagada por la familia del novio. No se escatima en gastos ya que está en juego el prestigio de quienes organizan el festín. Es un momento de reunión para todos los gitanos esparcidos a lo largo y ancho de todo el país, y a veces vienen de Argentina y Brasil, o incluso de más lejos. La boda más reciente fue la del cuñado de Nicolau, en el Country Club de Atlántida, a la que acudieron más de 150 personas.

La ceremonia de unión es generalmente llevada a cabo por el gitano de mayor edad, quien declara, "así como el pan y la sal van siempre juntos, así deseo que permanezcan ustedes", en el idioma romaní. De esa forma, queda formado el matrimonio según las normas gitanas, lo cual no implica que la pareja esté casada según la ley uruguaya.

Otra curiosa costumbre tradicional es que se debe demostrar que la recién casada perdió la virginidad en su primera noche con su esposo. Para ello, se pone una sábana blanca en la cama, la cual quedará manchada con sangre (en caso de que sea virgen, claro), y que luego será exhibida por la madre de la novia.

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