XIMENA AGUIAR, NAUSÍCAA PALOMEQUE
"Marihuana: `Fumata` y captura en Colón". Así titulaba el diario El Día una nota de la sección Policiales, que informaba del hallazgo de 12 personas fumando marihuana en Plaza Colón, en 1988. Fueron detenidas y cinco procesadas por el delito de "suministro de estupefacientes", la figura delictiva que se usaba cuando se compartía la sustancia. La nota fue parte de la documentación que analizó el sociólogo Rafael Bayce para sostener que la construcción mediática del tema droga como un problema público se basaba en mitos, estereotipos y medias verdades alarmistas, en su libro Drogas, prensa escrita y opinión pública, de 1990.
Mitos como que quien prueba una droga ilegal se vuelve un adicto y escala inevitablemente hacia otras drogas más peligrosas hasta llegar a poner en riesgo su vida. Estereotipos que asimilaban al consumidor de drogas con un enfermo y un potencial delincuente, generalmente joven y desprolijo. Medias verdades como la exageración de su impacto en la salud, desplazando los de las drogas legales como el alcohol y el cigarrillo.
En 2006 unas 500 personas fumaron marihuana en la plaza Independencia. Hoy esta actividad entra dentro de la categoría de "consumo grupal", y, al igual que el consumo, no está prohibida, ni constituye un delito. Los diarios publicaron la noticia en la portada y entrevistaron a algunos de los presentes, que se manifestaron a favor de la legalización de la marihuana.
Fue una novedad que se juntara tanta gente a fumar marihuana en Montevideo, no que se fume marihuana en la ciudad. Sin preferencias sociales ni económicas, su olor se percibe en las esquinas de Carrasco y en los corredores de Casavalle, en liceos y universidades públicas y privadas, en la playa, en los tablados, en las plazas, en el estadio. La imagen de la hoja de cinco puntas está en los muros de la ciudad. "Soy fumanchero y canto mi cumbia", cantaba Damas Gratis, y La Vela Puerca homenajeaba a la semilla. Este año la murga Todavía No Se Sabe le dedicó un cuplé al "país porructivo": lo presentaron en la selección y fue aprobado; lo cantaron en los tablados y suscitó sonrisas cómplices. En ferias y comercios se encuentra ropa con la planta como emblema y toda la parafernalia para consumirla.
Las estadísticas de la Junta Nacional de Drogas (JND) indican que por lo menos 100.000 uruguayos probaron marihuana. Según una encuesta de percepción de la JND, la marihuana es percibida como la menos peligrosa de las drogas ilegales.
La sociedad uruguaya está cambiando y la oferta de drogas también. Desde 2000 la pasta base pasó a ser la droga que más preocupa, porque es muy tóxica y adictiva y tiene graves consecuencias sociales. Los especialistas coinciden en que la pasta base contribuyó a que se perciba la marihuana como una droga casi inofensiva.
La propuesta de legalizar
Fumar marihuana no es un delito en Uruguay y su consumo se ha naturalizado. Sin embargo, su uso sigue asociado a lo ilegal: porque su producción, suministro, comercio y tenencia está prohibido; porque no hay una cantidad establecida que determine el límite entre una sustancia para consumir o para vender; porque la policía puede detener a un fumador e interrogarlo; porque debe ser llevado ante el juez que es quien determina en cada caso si se está cometiendo un delito o no.
Preocupada por este tema, la senadora Margarita Percovich, de la Vertiente Artiguista, está revisando la legislación sobre drogas en Uruguay, retomando la iniciativa que las juventudes políticas de su sector vienen planteando desde 2001.
El enfoque se asocia con nuevas estrategias en el abordaje del tema: la legalización del comercio y el suministro a cargo del Estado, la prevención del daño, la educación y la responsabilidad en el consumo, sin abandonar la represión del narcotráfico. "Las prohibiciones y penalizaciones no han servido para nada, cada vez hay más narcotráfico y cada vez hay más adictos. Hay que apostar a la prevención y a la educación. Ésa debería ser la reflexión que hiciéramos en este siglo XXI en el que hemos perdido todas las batallas con las drogas", dijo Percovich. La senadora está trabajando con el asesoramiento del sociólogo Agustín Lapetina, del Abrojo, la doctora Raquel Peyraube, consultora en uso problemático de psicoactivos y miembro del Comité Ejecutivo de la Asociación Internacional de Reducción de Daños, y el abogado Daniel Camaño, del Instituto de Estudios Legales y Sociales del Uruguay (Ielsur).
Para la senadora las consecuencias de la prohibición del comercio y el suministro de marihuana son múltiples: "perdemos a las personas porque las convertimos en delincuentes; no tienen ningún control sobre lo que consumen; no tienen a quién reclamarle si tienen algún inconveniente sanitario. En vez de visualizar y controlar algo que existe, lo llevamos a lo ilegal y lo potenciamos. Entendemos que se debe admitir el consumo, educar para que no sea dañino, y limitar cuando la persona altera su conducta con un uso indebido de la sustancia".
El equipo de trabajo está revisando las listas de sustancias prohibidas y cuáles podrían cambiar de estatus. Aún no están definidos los alcances de la reforma, pero sí sus principales lineamientos. La propuesta implicaría una reforma integral de las políticas de drogas: que se establezca cuáles son los derechos de los usuarios; que se den insumos para un consumo responsable; que se controlen los centros donde se realizan tratamientos; que se permita utilizar la marihuana con fines terapéuticos, como en algunas experiencias europeas (Holanda, Barcelona) y norteamericanas (California y Vancouver); que el Ministerio de Salud controle su calidad y su suministro; que se permita el cultivo para consumo personal; que se siga controlando el narcotráfico.
Asimismo, la senadora entiende que con la marihuana debería aplicarse un criterio similar al del consumo de tabaco. "Tiene que estar prohibido fumar en espacios donde agredís a otras personas con el humo; pero la gente tiene que poder comprar y fumarlo, igual que un cigarrillo. Debería aplicarse la misma lógica con la marihuana, que vayas a la farmacia y puedas comprar".
En la misma línea que Percovich, el sociólogo Lapetina dijo que la prohibición causa daños a l a persona y a la sociedad: "Uno de los daños mundiales de la prohibición como sistema, más sutiles y más potentes es instaurar la creencia personal y colectiva de que como usuario o como comunidad no podés regular cómo relacionarte con la sustancia. Es un modelo de sociedad y ser humano auto limitante que no compartimos: el sujeto pierde poder y el poder lo tienen las drogas".
Desde el punto de vista legal, el abogado Camaño, otro de los asesores de Percovich, explicó sus críticas al marco legal actual. "Hay un problema filosófico, porque estas normas ven al consumidor como un enfermo. Es una legislación muy atrasada en su concepción de los usos problemáticos de sustancias, son cosas que necesariamente habría que reformar". Camaño puso como ejemplo el artículo 40 de la ley de 1974, que permite detener a quien sea sorprendido consumiendo, o en circunstancias que hagan suponer un consumo, para hacerle un examen médico que determine si se trata de un drogadicto, en cuyo caso el juez le impondrá un tratamiento: "Sería bueno derogarlo. Se castiga con un tratamiento, hay que separar lo médico de lo penal".
Además, Camaño consideró que sería necesario diferenciar el cultivo para uso personal de las plantaciones grandes. "A través del autocultivo el consumidor busca no tener que comprar y evitar los riesgos que eso implica. La persona está tratando de colocarse fuera de la situación de riesgo y está siendo castigada".
La doctora Peyraube afirmó que "la legalización no es un fin en sí mismo. Surge de la evaluación del daño de la ilegalidad de la sustancia". Señaló que traería beneficios para la salud: un sistema de salud más accesible a las consultas, mejor relacionado con los usuarios, y la posibilidad de hacer controles de la calidad de la sustancia. También dijo que con los impuestos que se les cobre a las drogas legalizadas se podrían financiar los tratamientos de quienes tienen usos problemáticos.
El ex secretario de la JND, el abogado Leonardo Costa, señaló que, si bien él, conceptualmente, está a favor de legalizar, entiende que plantea varias dificultades prácticas. "Para empezar, Uruguay no es un país productor. ¿Dónde va a conseguir la sustancia, si en casi todos los países la producción es ilícita? Además, tendría que cambiar la estrategia y modificar la incorporación de convenios internacionales. Y en un país con fronteras permeables eso naturalmente va a generar problemas con la región". Y agregó: "Creo que la ley uruguaya está inteligentemente planteada, porque acepta la libertad individual, y al dejar librado el tema al juez, contempla las circunstancias personales. Y si uno la aplica con criterio y realiza más que una política policial, una política de reducción de daños sanitaria, es mucho mejor".
Primeros debates políticos
La modificación de la ley de tránsito en el Senado, ya sancionada en Diputados, será una ocasión para tantear las posturas del Parlamento en el tema. "Ahí vamos a olfatear el tema y después seguiremos con la otra batalla: repensar las leyes de estupefacientes", dijo Percovich.
El artículo 53 del proyecto de ley prevé una pena de seis meses a dos años de prisión para quien conduzca un vehículo en estado de alteración producida por drogas psicoactivas, incluido el alcohol. Percovich señaló que Milton Romani, secretario de la JND, aconsejó que dicho artículo debería revisarse, considerando que el consumo puede ser un agravante severo, pero no ameritar por sí sólo una pena de prisión. También advirtió que, a diferencia del alcohol, en otras drogas es difícil detectar en forma inmediata cuánto se consumió.
Percovich señaló la posibilidad de diseñar medidas alternativas a la cárcel, que signifiquen un aprendizaje en el consumo responsable (por ejemplo, conocer a la persona a la que se le provocó un daño).
Para Percovich la discusión será compleja porque el sistema político es muy conservador y los temas de la vida cotidiana no suelen estar en su agenda.
A fines del año pasado, el Partido Socialista se comprometió a debatir el marco legal de la marihuana. El presidente Tabaré Vázquez y la JND consideraron beneficiosa la discusión. El subsecretario del Ministerio de Salud Pública (MSP), Miguel Fernández Galeano, dijo en la Comisión de Salud del Parlamento en setiembre que "el MSP, como todo el Poder Ejecutivo entiende que es necesario un debate en los diferentes planos y no tiene una opinión a priori". Pero pronunciarse a favor del debate no implica estar a favor de la legalización.
Para este informe fueron consultados parlamentarios de todos los sectores y se reconocieron posiciones encontradas, también en la interna del Frente Amplio.
José Carlos Mahía, diputado de Asamblea Uruguay, dijo que dentro de su sector las opiniones varían. En lo personal "como ciudadano, no como experto, creo que preferiría una despenalización, sería una forma de controlar la oferta, disminuyendo las grandes ganancias que crea la prohibición. Y creo que ayudaría una modernización en el enfoque de este tema".
Carlos Gamou, del Espacio 609, afirmó que el tema no se ha discutido en su sector, pero que su opinión es contraria a la legalización. "El tema de la droga es un sojuzgamiento a nuestros jóvenes peor que el imperialismo, significa una esclavitud total. Al que se dejó convencer por el imperialismo lo convenzo con ideas, pero al que le comieron la cabeza las drogas, es irreparable".
Dentro del Partido Nacional, el diputado Javier García afirmó una posición contraria a la legalización, señalando "las contradicciones en el mensaje del gobierno", que por un lado, limita el uso del cigarrillo y por otro, admite el debate sobre la marihuana. Y afirmó que las experiencias internacionales de despenalización fueron negativas, poniendo como ejemplo a Suecia.
En el Partido Colorado hay antecedentes de apoyo a la legalización (el más destacado, el ex presidente Jorge Batlle, manejando argumentos económicos) y en contra: la oposición histórica del Foro Batllista.
En la interna de la izquierda estas propuestas se asocian con los lineamientos más aggiornados; no con sus raíces más tradicionales. "Todavía hay una parte de la izquierda que nos dice que son debates importados de los europeos y de las clases altas", dijo Percovich. Y agregó: "Nuestra izquierda del 68 no hizo la revolución cultural. Pensar con la perspectiva de la diversidad y del derecho a la identidad y no solo desde `el Pueblo` es un tema nuevo en la izquierda".
Placer y dependencia
Las drogas generan placer porque aumentan los niveles de la sustancia dopamina, vinculada al bienestar. Cuanta más capacidad tenga la sustancia de aumentar la dopamina, más placer generará y mayor será su poder adictivo. La mayoría de las drogas: el tabaco, el alcohol, la cocaína, la pasta base de cocaína, el LSD actúan directamente en el cerebro, aumentando la dopamina.
A diferencia de ellas, la marihuana actúa en forma indirecta: inhibe al neurotransmisor inhibidor de la dopamina. "Inhibición más inhibición equivale a estimulación", explicó Cecilia Dell`Acqua, médica toxicóloga, quien trabaja en el tema drogas desde hace 20 años. Como su acción es indirecta su efecto es más leve y genera menos dependencia.
La sustancia química responsable de los efectos de la marihuana es el tetra-hidrocannabinol (THC). Un cigarrillo de marihuana (hojas y flores secas y trituradas de la planta de cáñamo cannabis) tiene cerca de 5% de THC. Nuevas variedades modificadas de marihuana que se producen en Europa y América del Norte tienen una concentración mayor, de más de 15%.
Se habla de adicción cuando el consumo de la sustancia se convierte en el centro de la vida de la persona. "Allí debe entenderse que entran en juego muchos factores, que tienen que ver con la sustancia, con la historia de la persona y su entorno", dijo Antonio Pascale, médico toxicólogo, quien trabaja en el Portal Amarillo, el centro estatal de rehabilitación. También influye lo que en psiquiatría se llama personalidad adictiva. "Aquellos que generan vínculos patológicos con las sustancias o con las personas, que lo esclaviza. Es una relación de placer y de sufrimiento", explicó la psiquiatra Susana Grunbaum, directora del Portal. Ése puede ser un factor influyente, pero nunca determinante. "No significa que todo consumidor tenga una personalidad adictiva ni que si la tiene, necesariamente será adicto", dijo.
En los centros de rehabilitación informaron que son pocos los casos que reciben por adicción a marihuana, pero que existen. En esos casos, la abstinencia implica cambios en el estado de ánimo, dolores de cabeza y estómago. Sin embargo, puede haber usos problemáticos de la droga, aunque no haya adicción.
Uno de cada tres fumadores diarios de marihuana podría entrar dentro de la categoría de uso problemático, estimó el informe 2006 del Observatorio Europeo de Drogas y Toxicomanías, citando como referencia un estudio realizado en Estados Unidos.
Pese a su menor capacidad adictiva la marihuana ha sido considerada peligrosa por su carácter de "puerta de entrada" a otras drogas. La teoría de la escalada implica que el primer "porro" conduce al segundo y al tercero, y así se pase casi fatalmente a drogas más duras y a la adicción. Sin embargo, todos los especialistas consultados coinciden en que esta teoría no tiene base científica. "No hay argumento científico que sostenga esa teoría", dijo Pascale. Además, señalan que, si hay drogas de iniciación, son el alcohol y el cigarrillo.
Por su parte, Dell` Acqua relató que en sus 20 años de experiencia como toxicóloga ha visto consumidores que fuman marihuana toda su vida y no tienen un problema de adicción ni pasan a consumir otras drogas; otros que comienzan directamente con la pasta base o la cocaína, o que probaron marihuana, no les gustó su "pegue" y sí el de otras drogas; otros que consumen simultáneamente distintas drogas.
Según el estudio Jóvenes y drogas en países sudamericanos, de la Naciones Unidas (que compara el uso de drogas en liceales de Uruguay, Argentina, Bolivia, Chile, Ecuador y Perú), Uruguay es el segundo país que más consume marihuana y al mismo tiempo, tiene el índice más bajo de estudiantes que probaron otras drogas ilegales. No habría una relación directa entre el consumo de marihuana y el de otras drogas.
Sin embargo, los nuevos abordajes no ponen tanto el foco en la sustancia, sino en la decisión de probarla y de repetir el consumo. "Una sustancia arriba de la mesa no es ni buena ni mala. Si entra en mi cuerpo, es por una decisión", dijo Carlos López, psicólogo de Cavia, una de las instituciones privadas que trabaja con usuarios problemáticos de drogas.
Por placer, por curiosidad, para pertenecer a un grupo, para transgredir: ésas son las razones por las que un adolescente prueba una droga, explicaron los especialistas consultados. Pero no sólo los jóvenes prueban. "Hay gente que toda la vida tomó alcohol, y escucha que si toma cocaína puede tomar más cantidades, y prueba a los 40", dijo López.
Fichados y no fichados
"En todas las sociedades hubo consumo de drogas y en todas hubo regulación", dijo Lapetina. En el siglo XX se conformó una regulación por medio de la prohibición y penalización internacional. El combate a las drogas opera en base a la información y al secreto. Por eso genera dudas sobre el alcance de algunos de sus procedimientos, como por ejemplo el registro de personas vinculadas a drogas ilícitas.
-¿Se ficha a los consumidores detenidos?
-Por ley podemos llevar un registro de las personas que son detenidas por consumo o traficando o en cualquier otro aspecto de las leyes relacionadas con drogas. Tenemos un registro de eso - dijo Julio Guarteche, director de la Dirección General de Represión de Tráfico Ilícito de Drogas.
-Por ejemplo, si me detienen por consumo, ¿quedo en el fichaje?
Guarteche asintió.
-¿Cómo se usa esa información?
-Si es por consumo no se utiliza para nada. El tema es si encontrás, como muchas veces hemos encontrado, personas fichadas por consumo hace 20 años y hoy son traficantes importantes. Se hace una acumulación de información sobre el mismo individuo.
La conversación requirió otra, para aclarar si el registro era tanto de los detenidos procesados como de los no procesados. "Sí, de todo". La ley de estupefacientes de 1974 creó la Dirección General de Represión del Tráfico Ilícito de Drogas y estableció que le compete "la formación de un registro en que figuren todos aquellos delincuentes cuya actividad ilícita a nivel nacional o internacional se relacione con la materia de esta ley". De ahí la insistencia:
-Por eso le preguntaba si entran también los detenidos no procesados, supongo que no se considera delincuentes a los no procesados.
-Sí, tiene razón, no entran, no. Los detenidos nomás no.
Por consumo no se puede ser procesado, ni ingresado en el registro. El abogado penalista Juan Fagúndez señaló que, en caso de que se fiche a detenidos no procesados, cuando la ley habilita al registro sólo de delincuentes, sería "un abuso de funciones por parte del Estado".
El registro se lleva desde que se formó la Brigada en 1974, pero su director no supo estimar cuántas personas hay registradas, ni cuántas por marihuana.
De todos modos, la detención de los consumidores es responsabilidad de la policía de Orden Público. En algunas seccionales de Policía fotografían a los consumidores detenidos que no tienen cédula, para chequear si son sospechosos, comparando la foto con los archivos de antecedentes o de buscados. Esos datos en ocasiones se guardan en la seccional.
"Lo que no estamos haciendo más desde hace muchos años es detener a un consumidor para que nos diga quién se la vendió; ya no se hacía desde antes de 2000. A los consumidores se los interroga, pero hay una idea de que los detenemos para subir a los grupos organizados. No es así. Sabemos claramente que ponemos en riesgo la vida del individuo, y no vale la vida de nadie hacer una operación", dijo Guarteche.
Se puede detener a un consumidor en posesión de cualquier cantidad, aunque sea un cigarrillo, señaló el director. "El consumo es privado, si lo hace en un lugar público, puede ser detenido por tenencia de estupefacientes. Y se lo investiga. De repente esa persona tiene dos kilos en la casa". El juez será el que determine si la cantidad será para consumo o para comercio.
Aunque Guarteche dijo que esto sucede cada vez menos. "Cada vez se detienen menos consumidores y con menor cantidad de detenidos se procesa a más gente. Quiere decir que los procedimientos se están haciendo bien, no se detiene gente al barrer porque sí".
En 2002 fueron procesadas 279 personas, de un total de 1.765 detenidos por Narcóticos. En 2006, fueron 461 procesados de 1.692 detenidos.
Guarteche señaló que en la Dirección se hace una distinción entre "la visión del consumidor, al que consideramos una persona enferma, y del traficante. Estamos entrenados para combatir al traficante, no para perseguir al consumidor".
La estrategia contra el narcotráfico se da en tres áreas: la lucha contra el tráfico internacional que usa al Uruguay para hacer tráfico hacia otros países, contra el tráfico internacional cuyo destino es Uruguay, y contra la distribución del micro tráfico. "El énfasis está puesto en luchar contra los grupos organizados que tienen capacidad para ingresar la droga a Uruguay", dijo Guarteche. Dispone para ello de 108 policías, y dos departamentos, Información y Operativo (la Brigada Antidrogas). El primero maneja la información en forma reservada y hace operaciones internacionales. La Brigada se encarga de las operaciones dentro del país. No hay diferenciación por drogas, sino por origen del tráfico.
Para desarmar un grupo trabajan en base a información. "Tenemos muchísimas fuentes. Obtenemos información sobre el funcionamiento de una persona o de un grupo organizado. Tratamos de identificar a todo el grupo, conocer sus costumbres, su forma de manejarse, establecemos las rutas que utilizan, los depósitos, y después esperamos el momento adecuado -que es lo más difícil de determinar en una operación-, para actuar".
El trabajo de combate a la distribución del pequeño tráfico se hace en forma compartida con el resto de la policía. En los liceos en los que se considera más probable la venta de drogas, la Policía patrulla en los horarios de entrada y salida, y vigila con policías vestidos de civiles. El trabajo con el tráfico ilegal de sustancias lícitas (como el alcohol) no se controla desde Narcóticos.
Guarteche no quiso pronunciarse sobre la legalización. "Yo voy a cumplir con la ley que haya". Dijo que no creía que sirviera para desarmar las mafias del narcotráfico. "Siempre va a haber individuos que se van a salir de la norma, van a contrabandear".
Entre el consumo y el delito
Claudia Venturini, de 45 años, y su pareja, fuman desde hace años. Ella recordó que probó la marihuana en Estocolmo, a donde fue a vivir como hija de un exiliado político. En 2005 vivían en Lagomar, vendiendo artesanías y empanadas. En su casa consumían con frecuencia cuatro personas, "seguro, 100 gramos por mes". El 5 de agosto 2005 fueron detenidos. "Teníamos 220 gramos de marihuana y siete plantas, cuatro de ellas en flor, tres chicas, de dos centímetros".
¿Por qué plantó? "Me regalaron semillas. Las planté para abaratar el consumo, pero no sólo por eso. También es una cuestión religiosa, de cultura y relación con la planta; de no tener que pedirle a nadie, y también de controlar la calidad. Si comprás prensada, no sabés qué tiene, con qué la rociaron o con qué la mezclaron. Además, ningún faso es más rico que el tuyo".
La tenencia de marihuana procesada se consideró dentro del consumo personal (eran unos 50 gramos por persona), pero la plantación, de acuerdo a la ley, es delito, y fueron procesados sin prisión.
El caso de Venturni ejemplifica una de las demandas de los consumidores: la contradicción entre el consumo permitido y el delito que supone cualquier manera de conseguirlo. La ley uruguaya deja espacio para la confusión y para que haya casos intermedios entre la figura del narcotraficante y la del consumidor.
Desde su experiencia como abogado, Camaño dijo que hay casos en que los jueces consideran la tenencia de una o dos plantas dentro de la figura de tenencia de estupefacientes para consumo personal, y otras bajo la figura de cultivo. Venturini señaló que por la misma fecha también fue procesado su hermano, que vivía en Malvín: tenía un kilo de marihuana, fue tres meses al Comcar. Por la coincidencia con otras detenciones, sospechan que quien les vendía, "los entregó para limpiar su causa".
Otro caso es el de los intermediarios, que compran para otras personas, a veces grandes cantidades. "Uno empieza comprando para uno y para algún amigo que te pide que, ya que vas, le compres. Luego va creciendo, y te piden otros amigos, porque no tienen vínculos con quienes venden, o porque no quieren exponerse, o porque hay sequía y no pueden conseguir donde suelen hacerlo. También, para abaratar costos, la gente se junta para comprar en grandes cantidades y repartirlo", dijo un consumidor que no quiso ser identificado.
"En algunos casos extremos, por ejemplo antes del verano, uno puede llegar a comprar un kilo y medio. Al principio lo hacía de onda, después me cansé y cobraba unos 50 pesos. Si hacemos una cooperativa de compra, nadie gana nada. El riesgo que tiene quien hace esto no es de parte de los amigos, sino de la boca, que te mande a la policía", contó.
Él está a favor de la legalización, y argumenta: "Si fuera legal y la gente pudiera comprar con seguridad, no traficaría. No me voy a meter porque sí en algo ilegal".
Luchando contra el dolor
La lucha contra las drogas suele enfocarse en la lucha contra la oferta, pero hay otros aspectos importantes en una política de drogas: la demanda y el daño.
La intervención del Estado en la atención de quienes tienen un uso problemático de drogas está en sus primeros pasos. En 2005 abrió el primer centro público de atención: el Portal Amarillo.
Este año por primera vez se establecieron pautas unificadas para los centros de tratamiento privados. A fines de enero el Ministerio de Salud Pública aprobó un "Marco regulatorio para los establecimientos especializados en el tratamiento de usuarios con consumo problemático de drogas". Se fijaron requisitos legales, técnicos, locativos, metodología de diagnóstico, servicios a brindar y el equipo profesional mínimo para los diferentes centros de asistencia.
En él se establecen los derechos de los usuarios. "Se garantizará su derecho a no ser sometido a torturas ni penas o tratos crueles o inhumanos o degradantes; no ser objeto de injerencias arbitrarias abusivas en su vida privada ni de ataques ilegales a su honra o reputación; no ser objeto de medidas restrictivas que puedan menoscabar la libertad de conciencia y religión; no ser restringido en su derecho a la libertad de pensamiento y expresión". También se establecen el derecho a la adecuada información, al consentimiento del usuario y a seguir en contacto con familiares y amigos.
La JND detectó que por lo menos un centro, Remar, no cumplía con los requisitos establecidos.
Hoy coexisten diferentes enfoques para realizar el tratamiento, en algunos puntos complementarios, en otros opuestos.
Los tratamientos como el que ofrece la fundación Manantiales exigen la abstinencia inmediata y apuestan a aislar a la persona del entorno en el que consumía. En la mayoría de los casos, las terapias implican la internación. "La política es nunca más", dijo Marcelo Castro, ex adicto, quien trabaja como terapeuta y se encarga de las relaciones institucionales de la fundación.
Allí entienden que el alcohol y la marihuana son drogas de iniciación y que "del uso al abuso hay sólo un paso". Fumar marihuana sin llegar a la adicción y a las demás drogas es casi imposible. "La sustancia condiciona a la persona. De fumar dos por tres a fumar todos los días y volverse adicto hay un paso. Uno se convence de que puede manejarlo. Es parte de la enfermedad".
Para sacar estas conclusiones los especialistas de Manantiales se guían por su experiencia con pacientes. Según Castro, los 60 jóvenes internados en la institución por adicción a la cocaína o a la pasta base comenzaron con marihuana. Fumar marihuana, argumentó, implica acercarse a otras sustancias: "buscás un efecto más fuerte, en las bocas te ofrecen otras drogas y terminás probando otras cosas".
"La historia es saber decir que no. Manantiales te pone en esa situación: ¿volvés a cosumir o te volvés una mejor persona y no consumís?"
-¿No consumir te vuelve una mejor persona?
-Si tenés valores y aspiraciones, si no robás y no mentís, es más difícil que vuelvas a consumir.
En la fundación utilizan un cuestionario de 23 preguntas para orientar a los padres ante un posible consumo de drogas. "Un test cuyo resultado es objetivo, que no depende de sospechas o impresiones que pueden ser infundadas". Si más de tres respuestas son positivas, los padres deben estar alerta y controlar las pertenencias del joven, y si llegan a 15, su hijo "seguramente tiene un problema con drogas y necesita un tratamiento".
El problema es que diez de las preguntas pueden coincidir con características propias de la adolescencia, como el descuido personal y los conflictos familiares.
Un tratamiento en Manantiales con becas incluidas cuesta un promedio de 3.000 pesos mensuales y dura cerca de dos años, dijo Castro. Además, tienen un convenio de 15 cupos con el INAU.
Las terapias que tienen un enfoque de reducción de daños, como el grupo Cavia, aceptan tratar a quienes están consumiendo, minimizar los riesgos sanitarios y, si es posible, llegar a la abstinencia.
En Cavia se trabaja sobre los factores que pueden llevar a un consumo problemático. López señaló cinco puntos que aumentan esa probabilidad: si la droga es su única gratificación, si tiene dificultades para resolver conflictos y soportar el malestar, si tiene alguna patología psiquiátrica, si está pasando por una crisis. También depende de las características de la sustancia: hay drogas más adictivas que otras".
Asimismo, se trabaja en la reducción de los riesgos asociados a la sustancia y al modo de consumirla. "Por datos estadísticos, no de publicaciones uruguayas sino de España y Estados Unidos, del total de las personas que tienen un consumo problemático, alrededor de un 90% no está motivado a hacer algo para solucionarlo. Si se plantea de antemano que la única opción posible es empezar un tratamiento de abstinencia, lo vas a dejar fuera del sistema de salud, lo cual es gravísimo", dijo López.
En el Portal Amarillo combinan las estrategias según el caso "casi a medida de la persona", dijo Susana Grunbaum, su directora. Allí funciona un sistema de internación, donde no se permite el consumo de drogas y se apuesta al tratamiento terapéutico y farmacológico para lograr la abstinencia. Y otro sistema, ambulatorio, donde se apuesta a la reducción del daño y al consumo responsable, en un posible camino hacia la abstinencia.
La directora del Portal admitió que la legalización de la marihuana con fines terapéuticos podría facililtar algunos tratamientos de rehabilitación. "Si los pacientes del ambulatorio dicen con confianza que van a intentar fumar menos pasta y que para bajar las dosis van a fumar marihuana, no les podemos decir que no. Les decimos que, si eso los ayuda, tienen que verlo como una evolución, y que puede ser una transición hacia la abstinencia, que es lo ideal".
-Para consumir tienen que ir a las bocas de venta. ¿No se generan situaciones incómodas para ustedes?
-Hay que vivir con la incomodidad, lo otro es ser hipócrita. Yo no puedo indicarle que fume tantos porros, porque es ilegal y no se compra en la farmacia. Es una cuestión de respetar la libertad y de no caer en la omnipotencia que a veces siente el sistema de salud sobre la vida de los otros. No puedo perseguirlo para ver qué compra ni a quién.
Algunos pacientes del ambulatorio usan como estrategia fumar "bazoco": un cigarrillo de pasta base y marihuana. A la euforia inicial generada, sigue la calma de la marihuana, que les quita la compulsión a seguir consumiendo. Sin embargo, no siempre funciona. Grunbaum explicó que en algunos casos una droga les da ganas de consumir la otra. Además, hay usuarios que sólo consumen pasta base y no tiene sentido que empiecen a consumir otra sustancia.
"¿Hasta dónde llegar? Eso lo decidimos con la persona: el objetivo es aliviar el sufrimiento y buscarles nuevas motivaciones. Porque dejar una sustancia es entrar en el vacío".
Volver al principio
Hay también organizaciones que se especializan en enfrentar el uso de drogas por el lado de la demanda. La fundación Alianza para un Uruguay sin Drogas, (con origen en Estados Unidos), tiene como objetivo "que los jóvenes no se inicien en el consumo de drogas", dijo José Luis Hernández, integrante del directorio. Una de sus últimas campañas fue producto de una jornada de trabajo con estudiantes de la Universidad ORT, en la que realizaron afiches destinados a centros educativos.
El diseño seleccionado, una serie de superhéroes venidos a menos por el uso de las drogas, fue impreso en postales y repartido en algunos liceos privados. Hernández señaló que se descartaron los que eran muy alarmistas, pues podían ser menos efectivos.
Uno de los lugares claves para tratar la demanda es el ámbito educativo. Cristina Barcia, psicóloga integrante de la Comisión para la Promoción de la Convivencia Saludable, dijo que "la problemática de las drogas fue adquiriendo formas y manifestaciones que demandaron respuestas del sistema educativo. Y no necesariamente un docente, aun formado en las mejores condiciones desde el punto de vista técnico pedagógico, tiene herramientas para abordarla. Sin embargo, las respuestas son necesarias".
Barcia dijo que la temática de la droga no está en la currícula ni incluida oficialmente como tema de las clases. Ante la falta de recursos desde el sistema educativo, se inició en 2001 el programa "Centros educativos responsables", entre ANEP, Codicen, JND, MSP y Ministerio del Interior, en el que se acordaron objetivos en función de diagnósticos del observatorio de la JND, criterios comunes y programas de trabajo.
Con técnicos expertos en la temática desde distintas disciplinas, (sociológica, toxicológica, médica, psicológica, psiquiátrica) y con docentes se elaboró material de difusión y una Guía de medidas preventivas y manejo de situaciones vinculadas a usos problemáticos de drogas en centros educativos (2004), así como videoconferencias de capacitación a nivel nacional.
Con el cambio de gobierno se continuó la propuesta, integrando en 2006 a Primaria y Formación Docente. Hoy los objetivos del programa se centran en el uso abusivo del alcohol, que fue diagnosticado como el problema más relevante a partir de la última encuesta de la JND. Respecto del consumo de marihuana, Barcia dijo que no lo considera alarmante, "porque se trata principalmente de un consumo experimental". En el caso de que ésta se legalizara, "seguiríamos trabajando como hasta ahora: recabando datos, detectando problemas, diseñando estrategias".
Hasta hace unos años, como coordinadora de los equipos multidisciplinarios de Secundaria, Barcia recibía expedientes que decían que, al encontrar a un alumno con un cigarrillo de marihuana, había sido interrogado casi policialmente; y sancionado severamente. "Quizás ese alumno era un posible desertor del sistema, y lo estábamos perdiendo".
Ahora ya no recibe esos informes. Barcia señaló que el programa permitió dar herramientas para introducir a la droga como tema. "Adicto quiere decir `no dicho`. Todo esto, que está silenciado, debe pasar por el lenguaje".
Otra vez, el llamado al diálogo.
Yerba mala nunca muere
"La gente tiene que poder comprar y fumarlo, igual que un cigarrillo. Debería aplicarse la misma lógica con la marihuana, que vayas a la farmacia y puedas comprar", dijo la senadora Margarita Percovich.
Yerba mala nunca muere
No hay argumento científico que sustente la teoría de la escalada en las drogas, en la que la marihuana llevaría al consumo de drogas más peligrosas.
Yerba mala nunca muere