Bajó de la vitrina y se zambulló

| Hoy, Menchú tiene un 75% de simpatía popular. Se arriesga a manchar esa imagen porque cree que las personalidades solemnes no resuelven nada.

Hoy, Menchú tiene un 75%de simpatía popular. Se arriesga a manchar esa imagen porque cree que las personalidades solemnes no resuelven nada. 260x422
Hoy, Menchú tiene un 75%de simpatía popular. Se arriesga a manchar esa imagen porque cree que las personalidades solemnes no resuelven nada.

Rigoberta menchú, dirigente indígena de Guatemala y premio Nobel de la Paz 1992, acaba de optar, a sus 48 años, por "tirarse al agua". Así describe su decisión de presentarse a las elecciones presidenciales de setiembre, al frente de un colectivo maya y en alianza con el Partido Encuentro por Guatemala (izquierda).

-¿Por qué el salto a la política?

-Porque queremos ejercer un derecho que los pueblos indígenas y muchas mujeres no hemos alcanzado en Guatemala: el derecho a ser elegidos. Y porque hay una gran desesperanza. Las últimas encuestas indicaban que la mitad de los empadronados pretendía no votar. Muchas personas están desengañadas de los partidos tradicionales. Finalmente, es un deseo del conjunto del liderazgo maya agrupado en Winaq, nuestro movimiento. Nos dijimos: hoy es hoy, si no nos lanzamos, nunca agarraremos experiencia.

-¿No teme que meterse en el avispero político de Guatemala pueda quemar su imagen?

-Es una decisión muy fuerte que tomamos con mi esposo. Las encuestas indican que tengo el 75% de simpatía popular como personalidad, y me imagino que, como política, esto va a cambiar muchísimo. Pero hay que preguntarse para qué sirve una personalidad solemne si debe estar en una vitrina y dar una imagen, pero no resuelve nada. Me lo exige la gente y no quisiera quedarme al margen. No tenemos nada que perder, sino ganar: contribuir a la democracia. Cuando uno va madurando quiere dejar algo, iniciar procesos. Estamos abriendo una brecha.

-¿Se considera candidata de izquierda, o candidata étnica?

-No hay que poner camisas de fuerza a nuestro movimiento, porque puede que me cobren facturas que no son mías, y lo más importante es contribuir al proceso democrático. Somos una alianza de diversos dirigentes de pueblos indígenas, abierta a cualquier guatemalteco que tenga como principio la democracia, la honradez, el respeto.

-Su candidatura ha despertado simpatías, pero también recelo. Algunos sectores la acusan de haber estado vinculada a la antigua guerrilla, otros se sienten asustados por su apoyo a Fidel Castro o sus críticas a la economía de mercado. ¿Qué mensaje les ofrece?

-Nos urge crear un modelo intercultural basado en la inclusión. Nuestra candidatura es un termómetro para medir hasta dónde el sufrimiento del conflicto armado sigue vigente en la población, para ver si hemos abandonado los pensamientos radicales de racismo, de fascismo, de extremos. Queremos ser la referencia de una juventud que no es izquierda ni derecha, ni vivió la guerra. Nos toca escuchar.

-En Guatemala no se ha dado el voto étnico. De hecho, el general Efraín Ríos Montt, al que usted ha demandado por genocidio, ha ganado tradicionalmente en zonas mayas. ¿Podrá unir el voto indígena?

-Hay que ser realista. En Guatemala hay gente a favor y gente en contra mío. Sería una equivocación leer mi candidatura en términos excluyentes. Estoy con la gente más sufrida y más humilde, la gente que sueña con una vida digna. Tenemos que responder a eso. Sería inconcebible que Rigoberta Menchú no vaya a escuchar a las comunidades, a incrementar el nivel de vida, a dar trabajo, pero sobre todo a dar una esperanza de futuro. La violencia nos tiene arrodillados.

-Y eso a pesar de las cuantiosas ayudas recibidas para reformar las fuerzas de seguridad. ¿Qué se puede hacer?

-Estamos revisando las propuestas para una agenda mínima, pero le diré que lo más duro de Guatemala es que el crimen organizado, la corrupción, el narcotráfico constituyen fuerzas incrustadas dentro del Estado. Son como Estados dentro del Estado. Tendrán que buscarse medidas con el apoyo internacional y luchar enérgicamente contra la impunidad, pero también hay que abordar la dimensión social, las oportunidades de trabajo.

¿Encontraste un error?

Reportar

Te puede interesar