-¿Cuál es el escenario actual de prestaciones de las AFAP?
-A diciembre pasado estaban en curso de pago 5.269 casos que correspondían a un total de 7.042 beneficiarios. El 95% son beneficiarios de pensión de sobrevivencia. El número de jubilados propiamente es mínimo, ya que el sistema tiene apenas 11 años de vigencia y, por lo tanto, está lejos de su madurez. Recién en diez años más habrá un número significativo de beneficiarios .
-¿En qué situaciones resulta conveniente adherirse al sistema?
-La opción por adherirse o no, la tienen sólo quienes tenían menos de 40 años al 31 de diciembre de 1996 y percibían ingresos menores a 15.178 pesos. Para ellos la conveniencia de afiliarse a una AFAP es prácticamente indiscutible, en función de un subsidio implícito en el cálculo del sueldo básico de jubilación de estos trabajadores. Esto beneficia significativamente a los trabajadores -hoy jóvenes- de baja calificación laboral y, por ende, de baja movilidad salarial.
-¿Qué pasa cuando muere alguien que aportó y no se jubiló?
-Son beneficiarios de pensión de sobrevivencia los hijos menores de edad o totalmente incapacitados y la viuda o viudo, con ciertos requisitos. En ciertos casos también pueden ser beneficiarias las personas divorciadas y los padres absolutamente incapacitados. Si no existen beneficiarios, el saldo de la cuenta del fallecido integra el haber sucesorio, siendo de aplicación las normas del Código Civil.
-Está instalada una discusión sobre mantener o desarticular el sistema, ¿qué opina al respecto?
-El cuestionamiento a la reforma fue parte de una estrategia de acumulación de fuerzas, centrada en reivindicar y exaltar las características del Estado de Bienestar uruguayo, fuertemente incorporado en el imaginario colectivo como parte de un pasado feliz que podía fácilmente reinstaurarse. Esos sectores no dieron a conocer un proyecto alternativo. En la campaña electoral de 2004 algunos sectores de la coalición de izquierda, incluido el presidente Tabaré Vázquez, admitieron que no la derogarían, sino que introducirían algunos ajustes, lo que no fue pacíficamente aceptado por otros sectores de la coalición que continuaron exigiendo la derogación de las AFAP. Esos sectores hoy parecerían estar dispuestos a tener un fuerte protagonismo. Hasta el presente la administración de Vázquez se ha caracterizado por el pragmatismo y continuidad de las orientaciones estratégicas, evitando rupturas que puedan afectar negativamente el clima de inversiones y negocios.
-¿Existen cambios realizables para mejorar el sistema?
-Sería compatible introducir algunos ajustes a efectos de mejorar la funcionalidad de la reforma. Podría considerarse la posibilidad de que se administre más de un fondo, con diferentes grados de riesgo, o redefinir la regulación del ahorro voluntario. También podrían abrirse alternativas de inversión, habilitando la colocación de entre 10% y 15% de los fondos en activos del exterior. Esta medida, reclamada por las administradoras, tendría fuerte oposición y es de baja viabilidad.
-¿Y medidas del tipo social?
-Cabría pensar en flexibilizar las condiciones de acceso a las pensiones de vejez, habilitando causales con menos de 35 años de servicios, por ejemplo a partir de los 65 años, y reexaminar el programa de prestaciones no contributivas. Es necesario precaver dos riesgos: la tentación de dirigir fondos hacia inversiones de interés social, en detrimento de los principios de rentabilidad y seguridad, y propiciar una mayor concentración del mercado, la que beneficiaría a República AFAP. Si se dejara actuar libremente a las corrientes internas que tienden hacia la eliminación de la reforma, la herramienta más potente sería la concentración del mercado, en detrimento de las administradoras privadas.
-¿Cómo juega República AFAP?
-República AFAP podría estar en condiciones de dar un fuerte espaldarazo a la línea anti reforma, ya que tiene potencialidad de reducción de comisiones claramente superior a la de sus competidoras. Si desaparece la competencia, el modelo pierde uno de sus componentes mixtos, concentrando la gestión en agentes públicos. Esto probablemente potenciaría los riegos políticos y financieros inherentes al sistema.
-¿Cuál es el futuro de las AFAP?
-El futuro depende de manera muy importante de la consolidación o no, en el largo plazo, de la corriente, dentro de la actual administración, preocupada por el clima de inversiones y negocios. Esa línea se encuentra en fuerte tensión con la otra, expresada a través de corrientes sindicales. Sin embargo, la ausencia de una alternativa viable a la reforma de 1995, sugiere que no se desandará el camino, sin perjuicio de la introducción de ajustes convenientes y necesarios.