No es fácil entender la actualidad del país que fue el gran Imperio Persa. El 1° de abril de 1979 la revolución encabezada por el ayatolá Jomeini declaró a Irán República Islámica. Su sistema político no se parece a nada que se conozca en Occidente. En la cúspide del sistema se sitúa el líder. Después de él la autoridad oficial suprema es el presidente de la República. El conservador Mahmud Ahmadineyad es un ingeniero civil, de 50 años. Triunfó en la segunda vuelta de las elecciones de junio de 2005 en las que obtuvo el 61% de los votos, derrotando claramente al por dos veces ex presidente, Ali Akbar Hashemi Rafsanjani. Es el primer presidente no clérigo de Irán en 25 años. Fue alcalde de Teherán y consiguió la adhesión de los electores con un discurso nacionalista y populista en el que prometió el regreso de los ideales de la revolución. Desde que inició su gestión, su estrategia con Occidente fue confrontar por el enriquecimiento de uranio. Y aceleró la polarización con Israel por el predominio en Medio Oriente al negar el Holocausto judío.
El principal reto de Ahmadineyad en política interna será dar solución al desempleo (3 millones de personas), derrotar la inflación (16% anual) y recuperar la deprimida economía iraní. Aunque el precio del petróleo ayuda, su producción hoy es menor que en 1974: 4,2 millones de barriles por día contra 6,1 millones. Su precio está altamente subsidiado: 10 centavos de dólar. Lo curioso es que el cuarto exportador de petróleo importa 45% de los 73 millones de litros de nafta de consumo diario por problemas infraestructurales derivados del bloqueo occidental. En 2006 se destinaron 20.000 millones de dólares para mantener los precios internos.
La relación entre los diferentes órganos que se reparten el poder en Irán es compleja, por lo que Ahmadineyad deberá hacer gala de muy buenas dotes de político si no desea que su gestión resulte bloqueada. La clave para ello estará en mantener una relación equilibrada con el líder supremo ayatolá Ali Jamenei. Además del presidente, de acuerdo a la Constitución del país, el líder supremo (Rabar) es responsable de delinear y supervisar las políticas generales. El líder es también comandante en jefe de las fuerzas armadas y controla las operaciones de inteligencia y seguridad. Tiene autoridad para declarar la guerra, despedir jueces, a jerarcas de radio y TV estatales y al líder máximo del Cuerpo de Guardias de la República.
El parlamento iraní (Majles) es unicameral y está compuesto por 290 miembros, elegidos para un período de cuatro años. Toda su legislación debe ser confirmada por el Consejo de Guardianes. Funciona, asimismo, una Asamblea de Expertos integrada por 86 clérigos "virtuosos y doctos" elegidos por la ciudadanía para un período de ocho años. Esta Asamblea es la que elige al líder supremo entre sus miembros. El Consejo de Guardianes se integra con 12 juristas, seis de los cuales son designados por el líder y los restantes por el Parlamento. Deben interpretar la Constitución y determinar si las leyes aprobadas por la Majles son compatibles con la Sharía (Ley Islámica). El Consejo de Discernimiento es el órgano que media cuando se plantean conflictos entre el Parlamento y el Consejo de Guardianes.
En el Poder Judicial, el jefe de la judicatura es nombrado por el líder y designa al presidente del Tribunal Supremo y al Fiscal General. Las cortes públicas tratan los casos civiles y penales, pero también funcionan las cortes revolucionarias que resuelven -de manera inapelable- ciertas categorías de ofensas, como los delitos contra la seguridad nacional, tráfico de drogas y actos contra la revolución.
El país está dividido en 28 provincias en las que se reparten 70 millones de iraníes que hoy lo habitan. Los siete grupos étnicos principales son: persas, azeríes, kurdos, árabes, luros, baluchis y turkmenos, bajtiaris y armenios. Los cristianos, judíos y zoroastrianos son minorías religiosas reconocidas.