GABRIEL SOSA
A principios de julio de 2006, una noticia sacudió Bolivia: un dirigente indígena de la ciudad de El Alto, Roberto de la Cruz, anunció la creación de un grupo opositor al proyecto de autonomía regional impulsado por las regiones más ricas del país, Santa Cruz, Tarija, Pando y Beni. De la Cruz es líder del movimiento 17 de Octubre, y unos meses antes había entrado por la fuerza a la Cámara de Diputados para repartir tarjetas rojas a sus miembros y pedirles que renunciaran, gritándoles "¡inútiles!".
En declaraciones a la televisión, de la Cruz aseguró que tenía bajo sus órdenes a centenares de voluntarios: "Junto a más de 400 jóvenes, en su mayoría estudiantes universitarios, nos organizamos para contrarrestar a los movimientos de la oligarquía que se originan en Santa Cruz y que humillan a los collas".
Aunque las declaraciones de de la Cruz alteraron bastantes ánimos, las imágenes televisivas sacaban bastante fuerza a sus declaraciones. A espaldas del dirigente, en un gimnasio, se veía apenas a media docena de jóvenes de El Alto ejercitándose con pasamontañas y remeras anunciando el nuevo y extraño nombre de la agrupación: los Talibanes Indígenas. De la Cruz explica el nombre diciendo que "son estudiantes dispuestos a todo y lo de indígenas porque apuntan a tener un gobierno pleno de indígenas". Sin referencia a afganos ni musulmanes, al parecer.
En el complejo ensopado de tensión política, racismo e injusticias con siglos de antigüedad que es Bolivia, la aparición de los Talibanes Indígenas provocó varias reacciones, desde la indignación a la hilaridad. Se llegó a sostener que el grupo era la respuesta indígena a la Unión Juvenil Cruceñista, un grupo independentista de Santa Cruz agresivo y muchas veces violento, que fue calificado de fascista por el gobierno de Evo Morales.
Y hablando de Evo Morales, de la Cruz anunció que su grupo talibán pretendía defender al gobierno y a las ideas del presidente. Evo no quedó muy contento: "Me ha sorprendido eso de los talibanes, no los conozco, pero quiero pedirles deponer cualquier actitud, tenemos la obligación de orientar ", dijo.
Luego de su surgimiento, los Talibanes Indígenas desaparecieron hasta noviembre, cuando se los vio en el lugar menos pensado: un espectáculo de lucha libre. Resultó que los 400 combatientes resultaron ser media docena de forzudos dedicados al kachascán (como se lo conoce en Bolivia), tan aptos para combatir a una milicia de derechas como Martín Karadajian para derrocar la dictadura militar argentina.
Otro hecho curioso es que en el equipo de lucha que integraban los Talibanes Bolivianos se encontraba Mister Atlas, cuyo nombre real es Daniel Torrico Balderrama. En 1980 este Torrico formó parte de un grupo paramilitar, los "Cuchillos Largos", que secuestraron y asesinaron al cura socialista español Luis Espinal. Antes de eso, otra ocupación de Torrico fue ser guardaespaldas del criminal de guerra nazi Klaus Barbie, refugiado en La Paz.