JUAN JESÚS AZNÁREZ, EL PAÍS DE MADRID
-Su último libro, Ilícito, argumenta que los contrabandistas están cambiando el mundo, pero el contrabando, los traficantes, los mercados negros han existido siempre.
-Los traficantes han mutado, se han transformado en un fenómeno diferente al que teníamos hasta ahora. El mundo de hoy no puede ser comprendido si uno no toma en cuenta la influencia de estas redes trasnacionales, que han adquirido capacidades políticas y financieras que no tenían antes.
-Hasta ahora, los gobiernos no han podido con ellas.
-Así es. Llevo 15 años estudiando el fenómeno y no pude encontrar un solo ejemplo en el cual un gobierno pudiera declararse victorioso. Contrariamente, todos estos mercados ilegales están creciendo a una velocidad superior a lo que crece la economía mundial. Es un problema que trasciende a países, jueces y policías. Los delincuentes crecieron aprovechándose de la globalización, de la caída de la URSS, de internet, las privatizaciones y la avidez consumista en el planeta.
-¿Tiene datos de ese crecimiento?
-En diez años, entre 1992 y 2002, las incautaciones de droga crecieron anualmente un 2,5% (cocaína), un 19% (anfetaminas) y un 27% (éxtasis). El número de aprehensiones de 1990 fue de 300.000, contra los 1,4 millones de 2001. Las cifras son espectaculares. El tráfico subió de 400.000 millones de dólares en 1990 a más del doble actualmente. Por otra parte, el valor de las falsificaciones, una industria que hace 15 años apenas existía, oscila hoy entre los 400.000 y los 600.000 millones de dólares. El tráfico de armas suma otros 10.000 millones de dólares; el de personas, otro tanto. El valor de las obras de arte robadas cada año asciende a 3.000 millones de dólares, según Interpol.
-¿Y el blanqueo de capitales?
-El lavado de dinero se ha multiplicado al menos por diez desde 1990 y hoy representa, según cálculos del Fondo Monetario Internacional, entre uno y 1,5 billones de dólares. El comercio mundial legítimo casi se duplicó en ese mismo período: de unos cinco a unos diez billones de dólares.
-¿Cómo han podido prosperar tanto esas mafias?
-Porque los gobiernos son presos de su soberanía y sólo pueden funcionar dentro de su jurisdicción, dentro de sus fronteras.
-Los delincuentes no tienen ese problema.
-Para ellos, las fronteras no son una camisa de fuerza, sino una gran oportunidad y un escudo. Les permiten que haya diferencias de precios que generan los lucros, y son un escudo contra las autoridades de una jurisdicción que trate de capturarles. Además, los cambios tecnológicos y políticos rompieron las barreras con las que los gobiernos controlaban tradicionalmente el tráfico de personas, bienes y dinero, y debilitaron a los organismos oficiales encargados de contener los negocios ilegales.
-¿Cómo actúan los mafiosos en política?
-Las redes ilegales se transformaron en grandes empresas legales y, para protegerlas, dedican cantidades inmensas a influir sobre gobiernos, policías, jueces, legisladores, políticos, periodistas. Lo hacen para influir sobre quienes toman las decisiones que afectan a sus ganancias. Es como el proxeneta tailandés que presentó su candidatura en unas elecciones locales para influir sobre los reglamentos de las casas de masajes.
-¿Cuál es la estrategia de esas redes?
-Cuando adquieren un tamaño importante se convierten en empresas legales para reducir el riesgo de que todos sus ingresos procedan de una sola actividad ilegal; también sobornan para protegerse y llevan a cabo acciones filantrópicas para mejorar su reputación.
-¿Esas redes operan más fácilmente en las democracias o en dictaduras?
-Son tan potentes en democracias como en dictaduras. Operan en China, donde son importantísimas en el tráfico de personas y la falsificación y copiado de productos; en Bielorrusia, en la city londinense o en Manhattan, lugares atractivos para el lavado de dinero. Esas redes disponen de bancos y hacen posible que países como Corea del Norte lucren con la venta de armas, de anfetaminas o la falsificación de dinero. Lo que saben hacer muy bien estas redes criminales es mover productos ilícitos entre fronteras. Un día pueden estar moviendo gente; otro, narcóticos, y al tercer día pueden estar moviendo armas.