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MÓNICA STILLO, MAGISTER EN ESTUDIOS COMUNICACIONALES

Greenpeace supone una faceta de la globalización: movimientos sociales transnacionales que llevan la participación política a escenarios con temáticas novedosas y convocan a una sociedad civil mundial desmembrada y descreída. La primera característica es su prescindencia de los marcos político-partidarios que suponían los ámbitos tradicionales de reflexión, producían las acciones políticas y respondían a los parámetros de un estado-nación que establecía las bases del acuerdo social. La globalización afecta el rol de los estados y devuelve un escenario en que las relaciones internacionales están determinadas por flujos financieros que limitan el margen de acción de los países.

Los movimientos como Greenpeace no responden a ninguna determinación territorial, son el producto de la desconfianza hacia los estados. Nacen y se desarrollan como comunidades de intereses multiculturales a través de redes que se multiplican en los medios de comunicación. Responden a un modelo de sociedad híbrida y migrante, en la que la incertidumbre constituye una constante.

Sobre la base de este nuevo compromiso se rigen bajo el signo de la tolerancia como valor absoluto y son la expresión de un cosmopolitismo planetario. A diferencia de las ideologías tradicionales no defienden una utopía revolucionaria, sólo son posibles como agrupaciones transversales que luchan por producir un sentido humano. Asumen conflictos activados por amenazas globales y sus discursos dan cuenta de peligros para toda la humanidad.

A través de estéticas vanguardistas y acciones impactantes desarrollan sólidos sentimientos de pertenencia e identificación con la causa, que se expresan a través de imágenes y productos (logos, eslóganes, merchandising), que acercan el estilo expresivo al de las marcas internacionales. A tono con la evolución simbólica del mercado, en el que las empresas se han corrido del mensaje tradicional que vendía productos a valores y estilos de vida, el discurso de estos movimientos revela un compromiso y transmite una manera de vivir dinámica, juvenil, comprometida, urbana y cosmopolita.

Las formas de participación son múltiples y cambiantes, no hay una militancia formal. Curiosamente, pueden ser de izquierda o derecha y son el marco para la generación de identidades sociales nuevas, basadas en la confluencia de preocupaciones y estilos de vida: vínculos más flexibles, frágiles y transitorios.

Sus propósitos suelen expresarse en acciones concretas, un contra-poder para la auto-regulación colectiva y el fomento de la participación civil frente a grandes poderes. La postura política se dirige hacia un ciudadano del mundo: solitario, comprometido, activo antes que reflexivo.

El manejo de la opinión pública a través de la visibilidad en los medios de comunicación es la estrategia y la esencia de su ideología. Se retoman estrategias publicitarias de fuerte impacto con el objetivo de contar con la cobertura de la televisión, el verdadero escenario donde se libran las batallas contemporáneas. Las acciones políticas se constituyen en actings, montajes que juegan en la frontera entre la realidad y la ficción, un acontecimiento político pre-guionado. Ver es creer y aparecer es existir. Greenpeace es protagonista de este proceso. Su impacto e influencia se sintetiza en la capacidad de llamar la atención, proclamar con imágenes y convocar a través de valores indiscutibles.

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