Sábado | 06.01.2007
Montevideo, Uruguay | 23:17
 Que Pasa
Carlos Borche, un periodista que se enfrentó a una dictadura
Solución final a la paraguaya
En 1945 un periodista de El País viajó a las profundidades del Chaco paraguayo y desenmascaró las infames prisiones clandestinas del régimen pro nazi.

HUGO MACHÍN

CARLOS BORCHE Y EL FOTÓGRAFO Alberto Rodríguez intuyeron que se asomaban a un infierno. Eran campos de concentración nazis a dos días de distancia de Montevideo. El equipo periodístico enviado por El País comenzaba esa mañana del invierno austral de 1945 la mayor historia de su vida profesional.

Esta es la crónica de un reportaje de un período "épico" en el periodismo, en el que el héroe era el propio reportero con su valor y sus impresiones recogidas en el terreno de los hechos.

Las sucesivas notas publicadas por Borche en El País a mediados del siglo pasado desnudaron la existencia en América de una dictadura simpatizante con las fuerzas del eje Roma-Berlín-Tokio, cuando ya finalizaba la Segunda Guerra Mundial.

Las crónicas de Borche advirtieron la evidencia de Paraguay como un país que ya era -y seguiría siéndolo en las décadas siguientes- un refugio de nazis y criminales de guerra. Y, según testimonios de la época, anticiparon la caída del régimen paraguayo.

El reportaje de Borche y Rodríguez, desarrollado durante 15 días y tras recorrer seis mil kilómetros, despertó la curiosidad en Estados Unidos.

Una periodista del Chicago Sun y de Newspaper PM confirmó las denuncias del periodista uruguayo. Virginia Prewett, una de las primeras mujeres corresponsales de guerra, especializada en América latina, de dilatada trayectoria en la prensa estadounidense, se trasladó a Montevideo y Asunción a verificar la historia.

La tarde del 3 de julio de 1945 el dirigente gremial de la Universidad de Asunción, Badri Yampey, se presentó en la mesa de redacción de El País. Venía de Paraguay.

Se había fugado de un campo de concentración en el corazón del Chaco paraguayo y luego de recorrer 500 kilómetros en 23 días, obtuvo refugio en la legación uruguaya de Asunción.

El relato que hizo Yampey en la redacción fue impresionante. Detenciones sin órdenes judiciales, torturas, trabajos forzados, hambre, enfermedades. Su testimonio se parecía a los relatos provenientes de los campos de concentración nazis sembrados en Alemania y Europa del este. Borche escribió la crónica esa noche y se publicó al día siguiente.

Al día siguiente, en la tarde del 4 de julio, Leonel Aguirre y Eduardo Rodríguez Larreta, directores de El País, recibieron una carta de J. Natalicio González, representante diplomático paraguayo en Montevideo. En la misiva, además de negar los hechos relatados en la crónica, invitaba "a algún redactor de su ilustrado diario, para que haga un viaje al Paraguay, a fin de comprobar sobre el terreno la veracidad del los hechos denunciados".

La dirección del diario decidió enviar un equipo periodístico a Paraguay. Antes de partir, Borche y Rodríguez participaron de un agasajo organizado por la flamante Asociación de la Prensa Uruguaya (APU).

A la despedida asistieron los ministros de Ganadería y Agricultura, González Vidart, de Obras Públicas, Tomás Berreta, los subsecretarios y el representante paraguayo González, que sería presidente de Paraguay en 1948.

El vapor Bruselas remontó el Paraná. Borche detectó a casi todos los "tiras" que Juan Domingo Perón había enviado a Asunción previo a la visita que haría el presidente de facto argentino, Edelmiro Farrell, al general Higinio Morinigo, presidente paraguayo.

Clandestino en las pyragües

El periodista llevó cosida en el forro de su saco una nómina de presos políticos confinados en diferentes campos de concentración.

La policía secreta argentina, en connivencia con sus colegas de Paraguay, lo vigiló en el barco, en Asunción, en los pasillos del hotel, hasta en el Palacio de Gobierno.

En la aduana asunceña el jefe de Policía de Asunción, Marcos Fuster, ex estudiante de odontología en Uruguay, infructuosamente oculto tras lentes negros, les hizo el mangiamiento (o sea que los fichó).

"Partimos en un auto acompañados por los agentes de propaganda del gobierno. El coche corre por las calles en procura del hotel. A unos 50 metros le persigue un auto ocupado por elementos de la oposición (...) Una hora después ya se había establecido el contacto con el movimiento democrático clandestino, contacto que se mantendrá todos los días de nuestra estada y que se expresará de formas casi inverosímiles, aún mismo durante nuestra permanencia en los fortines militares del Chaco", escribió Borche en sus crónicas.

Un dirigente estudiantil, Ricardo Franco, llegó hasta el hotel, se entrevistó con Borche y de inmediato fue detenido por la policía política del régimen.

Esa noche Borche recibió la visita de "una delegación de mujeres, familiares de presos que se hallan en el Chaco, que nos hace entrega de un paquete conteniendo decenas de cartas y esquelas familiares enviadas desde el cautiverio por sus maridos e hijos. Nuestro compañero Rodríguez empieza a sacar fotografías", según el relato del periodista uruguayo.

El hotel era vigilado. "En las esquinas se hallan los que esperan el tranvía y nunca lo toman. El pueblo les llama pyragües -que en guaraní significa patas con pelos- a estos empleados de investigaciones", escribió Borche.

El viernes 3 de agosto Borche se entrevistó con Morinigo. Al ingresar al palacio de gobierno, el jefe de la custodia le ordenó casi con prepotencia: "Sáquese el sombrero, tire el cigarrillo, abotónese el saco".

Luego del saludo a Morinigo y antes de iniciar la entrevista, Borche reclamó con tono firme, más allá de sus tareas como reportero extranjero: "Señor presidente, queremos hablarle de un hecho ocurrido ayer. La Policía de su gobierno ha detenido al estudiante Ricardo Franco al retirarse del hotel en que nos hospedamos y eso puede tener un carácter decisivo en lo que respecta a la continuidad de nuestra misión".

"A ver, a ver, qué es eso…", respondió Morinigo en dirección a su secretario, Brugada Doldán, quien salió "a escape hacia una sala vecina, donde parece, se hallan los teléfonos", describió Borche.

Regresó instantes después. Se cuadró militarmente y golpeó sus tacos de civil: "mi general, efectivamente, ese tal Franco ha sido detenido. Se trata de un estudiante, peligroso agitador, que ha ido a ver a los periodistas uruguayos con propósitos de intriga". Morinigo prometió la inmediata libertad del detenido. Es que el general que gobernaba desde 1940 se proponía continuar en el poder otros tres años.

De regreso al hotel, Borche no se sustrajo a las palabras de Morinigo: "Se dice que soy un dictador. No es cierto. Usted ve cómo la gente del pueblo viene a visitarme. Es que yo no necesito de partidos políticos que sirven de intermediarios. Yo me entiendo directamente con el pueblo".

Antes de partir hacia el Chaco, Borche y Rodríguez, "previa autorización del jefe de policía de Paraguay, teniente coronel Francisco Chavez del Valle", visitaron la Cárcel Pública de Asunción. "No existe humana imaginación que pueda concebir las características dantescas de esta prisión. Un viejo edificio en ruinas con un patio descubierto, rodeado de celdas, de cuyos techos de tejas solo restan pedazos, es el albergue de centenares de detenidos andrajosos", relató Borche.

Borche constató entonces que los presos políticos habían sido trasladados al interior del país luego que el régimen supiera de la misión periodística uruguaya.

Rumbo al infierno

Restaban horas para la partida hacia el Chaco y Borche memorizaba, anotaba, trazaba su estrategia.

"Hasta altas horas de la noche estuvimos recibiendo información y, sobre todo, lista de detenidos y ubicación en el mapa del Chaco de los sitios en que se hallaban confinados, después de una serie de movimientos y traslados que se operaron con anterioridad a nuestra llegada", resumió Borche en su crónica.

De un lado estaban el periodista y el fotógrafo, una libreta de apuntes y una cámara fotográfica. Del otro, un régimen dictatorial con asesores nazis, prólogo de lo que sería a partir de 1954 el gobierno del "tiranosaurio" Alfredo Stroessner, un Ejército envanecido por la reciente victoria sobre Bolivia en la Guerra del Chaco, una Policía política omnipotente, una nación aterrorizada.

Borche se preguntó si no haría un servicio fenomenal a Morinigo en caso de no constatar las denuncias realizadas en las páginas del diario.

El periodista contó: "El avión despega en las primeras horas de la mañana del domingo (5 de agosto). Componen la tripulación, el piloto instructor norteamericano T. C. Van Hyning, el piloto paraguayo Pedro Cataldo, el mecánico norteamericano Vicent A. Labate y el piloto paraguayo Enrique Coffiere. Volamos a unos 2.000 metros de altura, en línea recta y en dirección al centro del Chaco".

En Mariscal Estigarribia, los recibió el comandante de la zona militar del Chaco, coronel Augusto Guggiari, y al día siguiente fueron llevados al campamento de prisioneros de Puesto Muñeca.

Borche fue ubicando diferentes campos de concentración, habló con los presos políticos, confrontó sus listas con los confinados y llegó a trasmitir al sindicalista paraguayo Bernardo Leiva, allí detenido, el saludo de Nicasio Zeballos, nacionalista independiente, dirigente obrero textil de la Unión General de Trabajadores (UGT).

Notas y fotografías documentaron la crueldad nazi enquistada en el país latinoamericano.

Estaban presos por oponerse al fascismo y a la política cómplice con el Eje, bajo la máscara de neutralidad sustentada por Morinigo.

Borche recibió información de diferentes campos de contracción distribuidos en el interior paraguayo.

Estaba descubriendo una realidad ignorada por la opinión pública internacional: Irendagüe, Puerto Casado, la isla prisión de Peña Hermosa, Tebicuary, Independencia, Caacupé, Ihú, Colonia N. Talavera, Villarica, Caazapá, pasaron a ser nombres de lugares de sufrimiento equiparables a los campos de concentración europeos.

Haciendo leña del árbol nazi

"El Paraguay es el único país de América donde en todo el curso de la guerra y hasta después de producida la derrota de Alemania, no fue apresado ningún nazi", anotó Borche.

Las simpatías del gobierno de Morinigo con el nacionalsocialismo y el fascismo eran evidentes para cualquiera que llegara a Asunción en la década de 1940. Oficiales y miembros del gobierno expresaban abiertamente sus simpatías por el Eje.

El Jefe de Policía paraguayo había bautizado a su hijo con el nombre de Adolfo Hiroito, en honor a Adolfo Hitler y al emperador de Japón. Cadetes de policía se hacían bordar esvásticas e insignias italianas en su uniforme. Morinigo recién declaró la guerra a Alemania en febrero del 45, escasos tres meses antes de la caída de Berlín.

Borche remontó ríos en el vapor Iris. Una noche trasbordó al vapor San José para entrevistar a un general paraguayo en el barco que viajaba el militar.

Aplausos para el reportero

El periodista también registró datos cotidianos que acercan su vivencia: "un sacerdote salesiano, Juan Cassanello, concurrió a abrazar a los uruguayos porque ello le daba pretexto para recordar los años vividos en Manga, en nuestro país". Y también otro, el uruguayo Sosa Torres, que se desempeñaba como secretario del torturador Fuster. Ya en Montevideo sus notas revelaron todo lo que había documentado.

"Fue precisa la rectitud moral del periodista para vencer él solo a un gobierno armado hasta los dientes y reestablecer la verdad ante los medios de comunicación", destacó en su discurso del 19 de octubre de 1945, Dardo Regules, legislador, ministro del Interior y catedrático de Derecho. Esa noche en el Ateneo de Montevideo, convocados por la APU, personalidades de la política y la cultura desbordaron el salón de actos para homenajear la labor periodística de Borche y Rodríguez.

Allí estaban Eduardo Acevedo, Tomás Berreta, Emilio Oribe, Julio Castro, Washington Beltrán, Paco Espínola, José Pedro Cardoso, Luis Pedro Bonavita, Jesualdo Sosa, Carlos Benvenuto, Reyna Reyes, Américo Plá Rodríguez, Enrique Beltrán, Martín Aguirre, Leonel Aguirre, Pedro y Carlos Manini Ríos, entre otros destacados hombres y mujeres del quehacer nacional.

Después de todo, el periodista Borche tuvo su homenaje inclusive de aquellos que no creían de antemano en una aventura que luego tuvo repercusión mundial. La caída nazi era completa esos días.

El nacionalista José María Penco admitió: "Vengo a confesar que yo fui uno de los que me opuse a este viaje de Borche por considerarlo de imposibles resultados. La tenacidad y la valentía del periodista me han derrotado. Por eso quiero sinceramente sumar mis aplausos a los de vosotros".

Del Partido Comunista Paraguayo a El País

Asunción, 16 de Agosto de 1945.

Señor Dr. Eduardo Rodríguez Larreta,

Director de El País. Montevideo.

Señor Director: Por acuerdo del Secretariado de la C. P. del Comité Central de Partido Comunista paraguayo trasmito a usted las expresiones de nuestro cálido reconocimiento por el interés que El País bajo su digna dirección, demuestra por los sufrimientos del pueblo paraguayo, y, en particular, de sus perseguidos antifascistas. Al proceder así interpreta usted fielmente el espíritu de los acuerdos de la Conferencia de Chapultepec, de la que usted fue participe.

Firma la carta el secretario del P. C. de Paraguay, Augusto Cañete.

La voz de víctimas y prisioneros

Con los prisioneros.

"-Quiero conocer a los que están en este campo. ¿Qué le parece si pasamos lista?

Y empezamos a leer pausadamente la lista de confinados que nos entregara el movimiento democrático clandestino de Asunción.

A cada nombre que mencionamos, se nos contesta `¡Presente!` y el que así se manifiesta da algunos pasos y se coloca a nuestro lado, separándose del resto del grupo.

A veces se hace el silencio. Entonces, un oficial que actúa como jefe militar del campo y que se ha aproximado, contesta por el que no está: `Fue enviado a Asunción`, como dando a entender que ya está en libertad.

Pero una voz todavía tímida de unos de los presos agrega: `Y de Asunción, remitido a tal otro punto. Y da el nombre de una localidad`."

Un testimonio

"No tenemos más delito que nuestras ideas antinazis y nuestra solidaridad con el petitorio conjunto que se hizo al gobierno a favor de la normalización constitucional. Casi todos estamos detenidos desde el día en que se hizo el paro obrero continental a favor de la democracia en América. Ninguno de nosotros nunca vio jamás un juez (ya llevamos seis y siete meses)."

Víctimas

"Julio Díaz: Niño de 13 años. Preso y apaleado terriblemente en un sala de torturas para que delatara el paradero de algunos dirigentes comunistas. A consecuencia de los golpes recibidos ha quedado semi-demente.

Zenón Franco: Dirigente obrero, sastre, cayó inconsciente en la sala de torturas. Fue golpeado salvajemente y lo sumergieron en una tina de agua electrizada para que delata el paradero de los miembros del cuerpo de redacción del periódico clandestino Adelante. Enviado luego a un campo de concentración.

Alfredo Alcorta: Destacado dirigente estudiantil, redactor del periódico Adelante, fue torturado durante dos noches consecutivas. En una pieza oscura, policías enmascarados le asestaron brutales golpes en la cabeza y en la espalda. Más tarde lo enviaron un campo de concentración.

Cristóbal Díaz: Obrero mecánico, fue terriblemente martirizado. Fue colgado de los testículos, durante horas, perdiendo el conocimiento. Enfermo, ha quedado inútil para el trabajo."

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