MARCELA MORETTI
¿Qué pasó? Hechos 2006
VINIERON A VERNOS del Plan de Emergencia y les dijimos que no aunque éramos el cuadro perfecto: mi pareja y yo sin trabajo y con niños de 11, 8, 6 y un año y medio". La familia de Betty es una de las que prefirió enfrentar su realidad económica sin asistencia estatal directa. Y le fue bastante bien. La ayuda la obtuvo de otro lado: el Fondo Raúl Sendic, que presta dinero sin pedir garantía ni cobrar intereses. O el "banco militante", como lo definió el ministro José Mujica.
"Acá se nota que somos todos laburantes. Esto ayuda a los que tienen ganas de trabajar y, le guste a quien le guste: sirve", aseguró Betty mientras atendía su puesto. Era 15 de diciembre en plena plaza Cagancha. Y entre remeras con el logo del fondo que se vendían a 130 pesos y almanaques con la imagen del líder histórico de los tupamaros, unos 70 beneficiarios mostraron y vendieron sus productos, que en muchos casos se convirtieron en regalos de Navidad.
Historias como la de Betty se empezaron a gestar en diciembre de 2005, cuando el sector más votado del gobernante Frente Amplio anunció la creación del fondo para apoyar proyectos solidarios y productivos. Luego de reunir 500.000 dólares con los sueldos de dirigentes que ocupan cargos públicos de confianza, el MPP empezó a prestar dinero en abril. No le importaron las acusaciones de demagogia de sus compañeros de partido que rechazaron la idea de topear sueldos. Tampoco las suspicacias de quienes hablaban de riesgos de clientelismo político y se referían al fondo con el sugerente apodo de "Panes chico", por la sigla del Plan de Asistencia Nacional a la Emergencia Social.
En su discurso en la feria, Mujica explicó la iniciativa con "una vieja lección del `Bebe` Sendic: `estamos entrando en una época en la que muchos hombres no saldrán a conseguir un trabajo, tendrán que inventárselo`". Y agregó que "el crédito a los pobres necesita militancia y trabajo honorario" porque "no puede pensarse con las tasas del sistema bancario" y las garantías obligatorias.
Por ahora el fondo otorgó 446 créditos (345 en el interior, 98 de Montevideo y tres nacionales) por un total de 8.740.649 pesos a proyectos que, en promedio, involucraron a cuatro personas cada uno. O sea que se vieron beneficiadas 1.784 personas. Al final sobró poco de los 500.000 dólares iniciales porque se cuadruplicó la cantidad de créditos proyectada. Ahora la primera etapa de trabajo se cerró para planear la estrategia para 2007.
El excedente del tope de 21.000 pesos para los sueldos de los jerarcas del MPP seguirá siendo la principal fuente de capitalización del fondo. Pero no será la única. Ya se puede hablar también del "MPP Bank International". Es que la iniciativa que no llamó demasiado la atención entre los políticos uruguayos, sí está sumando "sucursales" con el apoyo de uruguayos que viven en Suecia, España e Italia. Allí están esperando que el fondo obtenga la personería jurídica y abra una cuenta para empezar a transferir el dinero que ya reunieron.
Luego de trabajar como honoraria en Uruguay, María Emilia Parola sigue conectada al proyecto desde Suecia, donde ya realizó dos reuniones con unos 40 uruguayos y sudamericanos para transmitir la experiencia. "Ha tenido gran aceptación porque es algo concreto y se ven resultados inmediatos", afirmó en una entrevista telefónica. "Ya creamos una cuenta que sólo recibe dinero para el fondo. Aportamos entre 15 y 30 dólares al mes y empezamos siendo seis". Tampoco falta la venta de chivitos o chorizos en Estocolmo para juntar fondos. La garantía del carnicero
Entre quienes ya recibieron un crédito del MPP el caso de Betty, una productora rural, llamó la atención en la feria de plaza Cagancha. En el centro de la muestra, con dos chanchitos en un corral y varios conejos que aseguró que estaban "estresados" por el ruido de la capital, narró el caso de su familia. El "MPP Bank" les prestó 21.000 pesos en tres cuotas de 7.000 ajustadas a la zafra y la familia de Rincón del Cerro mejoró su calidad de vida porque los padres dejaron de "pagar para trabajar". "Cuando tuve trabajo pasaba hasta tres meses sin cobrar y Pablo hacía changas en imprentas. A veces veíamos que nos ingresaba menos cuando salíamos a trabajar", contó Betty. Ahora crían chanchos, vacas, cabras, ovejas y terneras. Y se autoabastecen.
Para ella lo increíble de la propuesta del MPP es que vuelva a "confiar en la palabra", algo que dijo que le trata de inculcar a sus hijos. "Las referencias son vecinos o el carnicero de la zona", exclamó con un gesto de sorpresa.
En la plaza céntrica los chanchitos de Betty se mezclaron con plantas, ropa, fotos, muñecos, mates, baldosas, y licores. Unas pocas palabras se repetían en cada testimonio: "somos todos trabajadores" y "volver a creer en la palabra". Los mismos conceptos que Mujica destacó luego en su discurso. El mismo ministro que es vecino de Betty, quien lo admira porque es "como cualquiera. Anda con alpargatas agujereadas arriba del tractor".
La propuesta del MPP no hizo "temblar las raíces de los árboles", diría el presidente Tabaré Vázquez. Pero para Mujica sí implica una revolución moderna, esa que no necesita "consignas grandilocuentes" o "andar a los tiros", sino conciencia diaria de "la deuda social".
Por ahora el viento es a favor. El proyecto que inspiró al MPP, la banca Grameen para los pobres en India, del economista Muhammad Yunus, ganó el premio Nobel de la Paz. Y como en el caso asiático, el Fondo Raúl Sendic mostró que las personas de bajos recursos pagan. Hay sólo un 11,5% de atraso en los pagos y en el MPP creen que al final la mayoría pagará.
Betty fue clara en este punto cuando se lo explicó a uno de sus hijos: "festejar la Navidad está bien, pero primero hay que pagarle al Fondo. Esa es la prioridad".