Sábado | 30.12.2006
Montevideo, Uruguay | 08:22
 Que Pasa
Ayer médico de la muerte, hoy médico de la misericordia | Eutanasia bajo sospecha | Un posible perfil
El doctor Magga curado de espanto
Fue acusado de matar a cuatro pacientes. Dos nuevos informes parecen limpiar la imagen del médico más polémico del año. Él analiza ofertas para irse al exterior.

NICOLÁS NAGLE

¿Qué pasó? Hechos 2006

Existen tres informes médicos que investigan la actuación de Diego Magga. El único de ellos en salir a la luz pública es el de FEMI, el primero de todos, en el cual se lo acusa de provocar la muerte de cuatro personas, siendo tres de ellas pacientes no terminales. Las otras dos investigaciones fueron realizadas por el Instituto Técnico Forense (ITF), organismo dependiente del Poder Judicial y por la Facultad de Medicina. Ambos cuestionaron los resultados de FEMI, y señalan que Magga actuó correctamente, y que todos los pacientes eran terminales. Estos informes pueden ser decisivos para que se resuelva la investigación que el Poder Judicial está llevando a cabo.

El caso del doctor Magga saltó a la luz pública cuando Últimas Noticias publicó la noticia de un médico de San José acusado de provocar la muerte de al menos cuatro personas. Los demás medios tomaron el hecho. Las notas hablaban de Magga como el "Dr. Muerte", los titulares decían cosas como "Omnipotencia médica o un sicópata con título" (La República, 5 de agosto).

En ese momento en que "ardía Troya", según palabras de su abogada Hebe Martínez Burlé, el doctor se encontraba en un congreso en México. Aconsejado por su defensora, decidió no regresar al país y viajó hacia Buenos Aires. Cuando el juzgado de San José lo citó, Magga no se presentó. Se le ordenó a la Policía que lo ubicara, pero un dato de la Dirección Nacional de Migraciones, informó que se encontraba fuera del país. Cuando el médico y su abogada consideraron que la situación estaba más tranquila, decidió presentarse. "Si hubiera vuelto a Uruguay en aquel momento yo no sé si no lo mata la gente en la aduana. Porque no olvidemos que estaba acusado de asesino serial", sostiene Martínez Burlé.

Actualmente, el doctor de 37 años ha recibido numerosas ofertas de trabajo en Uruguay y el exterior, de hospitales de Chile, Argentina y México. Ya no trabaja en San José, pero mantiene su empleo en el Hospital Militar y en una emergencia móvil.

Junto a su esposa, sus tres hijos y sus padres y hermano, espera la resolución de la Justicia. Esta llegará recién después de la feria judicial, probablemente en los primeros 15 días de febrero. El fiscal del caso, Ariel Cancela, deberá estudiar el expediente completo, que le fue entregado el 18 de diciembre. Si decidiera acusarlo sería por homicidio, ya que en el Código Penal uruguayo no se habla explícitamente sobre eutanasia.

Tres versiones de la muerte

La situación, desde el punto de vista de la opinión pública, parece estar a favor de Magga. Los diarios ya no titulan "Dr. Muerte", ahora es el "Dr. Misericordia". La misma persona que hace poco tiempo era catalogada como un asesino, ahora es un héroe inocente. Sobre el papel de la prensa, Martínez Burlé señala que luego de las primeras acusaciones, "el periodismo jugó un papel muy importante en tratar de aclarar la situación". San José Hoy, en una columna editorial titulada Mala praxis periodística, sostiene que "el Dr. Diego Magga fue expuesto innecesariamente en forma pública (…) como protagonista de una situación dolorosa y lamentable que debía ser dirimida, fundamentalmente, en los ámbitos del Ministerio y de la Justicia".

Un informe de Zona Urbana de Canal 10 mostró graves conflictos internos dentro del hospital de Libertad. Martínez Burlé dijo: "Llegué a la conclusión de que había algún tipo de persecución. Que no sabía si era personal, técnica, administrativa o ideológica". En el informe se descubría un enfrentamiento personal entre Diego Magga y Marta Zerbino, directora del hospital. En el informe de FEMI se dice que "está probado" que "existían desavenencias" entre ambos. Prueba de ello, es que Zerbino pidió como condición para asumir el puesto "el cese del Dr. Magga como médico de sala". Esto no fue aceptado por el Ministerio de Salud Pública. Cuando Zerbino asumió expulsó a Magga, acusándolo entre otras cosas de practicar la necrofilia. El médico protestó y debió ser restituido. Entonces Zerbino hizo las denuncias de los cuatro pacientes fallecidos.

Los motivos de esta guerra personal no parecen claros. De cualquier modo, la actuación de la directora del hospital dejó dudas sobre el caso, sobre todo por haber hecho las denuncias de los cuatro pacientes fallecidos en el 2004 recién cuando asumió como directora, dos años más tarde.

Más allá de todo esto, queda por dilucidar qué fue lo que realmente pasó con los cuatro pacientes muertos. Para ello se hicieron tres informes. El primero y único hasta el momento en salir a la luz pública es el de FEMI. Pero luego se hicieron otros dos, que resultaron favorables a Magga. La primera diferencia es que en el informe de FEMI se dice que tres de los cuatro pacientes no eran terminales, mientras que en los estudios del ITF y la Facultad de Medicina se dice que sí lo eran. Lo extraño del caso es que para hacer la investigación se basaron en las mismas historias clínicas.

Las críticas que se le hacen al informe de FEMI se basan en la presunta influencia de la directora Zerbino. El de la Facultad de Medicina, de tan sólo dos páginas y al cual hasta el momento la prensa no había tenido acceso, señala que el doctor Magga "en todos los casos actuó éticamente, sin desvío de las normas de conducta médica". Y luego agrega, "todos los pacientes fueron terminales, o sea que su enfermedad de fondo no tenía reversibilidad".

La morfina los termina

José Ilarra era un paciente de 66 años en situación de calle, sobre quien se centran las mayores controversias. El informe de FEMI es contundente respecto a cómo Magga lo atendió: "Este caso es quizás el más impresionante de los analizados. No parecía tener una patología terminal". Y luego agrega que "al fracasar los esfuerzos por ubicarlo en alguna institución, y al no poder realizarse un seguimiento decoroso se le suministra una alta dosis de morfina que, como dice el perito Dr. Guido Berro, para este y los demás casos, los fallecimientos no serían ajenos causativamente a la conducta asistencial del Dr. Diego Magga".

Sobre esto, la doctora Carolina Seade quien también participó en el informe agrega: "Acá hay un elemento muy... no quiero poner epítetos... gravísimo de mala praxis, por ahora de mala praxis. Si hay intencionalidad o no… eso lo evaluarán ustedes".

El informe de la Facultad de Medicina concluye en cambio que se trató de un paciente terminal. Al describir su enfermedad sostiene que "parecería tratarse de una encefalopatía vascular asociada al alcoholismo".

En el informe del ITF se señala que Ilarra tenía la siguiente afección: "desnutrido, encefalopatía alcohólica, demenciado y abandono social". Fuentes médicas opinaron que dicho cuadro es bastante habitual en personas en situación de calle, pero que no sería necesariamente una afección terminal. Ambos informes, tanto el de la Facultad de Medicina como el del ITF señalan el "abandono social" como un elemento que incidió en que se lo declarara paciente terminal.

Sobre la intención de Magga al sedar a sus pacientes también existen discrepancias, esta vez entre el informe del ITF y el de la Facultad de Medicina.

Este último señala que "claramente no existió intencionalidad de provocar la muerte sino de aliviar el sufrimiento de los pacientes". Mientras tanto, el estudio del ITF no resulta favorable en este punto y dice que "el plan terapéutico de sedación/analgesia utilizado, en ninguno de los casos fue gradual y las dosis utilizadas dejan entrever la intencionalidad de acortar la agonía (alivio del sufrimiento) mediante el uso del principio del doble efecto (eutanasia)".

Cuatro muertos

Adela Ríos, de 90 años de edad, tenía una neumonía por la cual había sido internada. El 21 de agosto a las 21 horas por orden de Magga se ordenó suspender el tratamiento y se le recetaron cuatro ampollas de morfina cada tres horas. La paciente falleció una hora y 45 minutos después.

Ramona Matto, de 85 años de edad, ingresó el 16 de agosto del 2004 con una gastro enterocolitis. Dos días más tarde, la paciente no tuvo deposiciones. El 20 de agosto se le agregó suero fisiológico y cuatro ampollas de morfina. Se suspendió el resto del tratamiento. La paciente falleció seis horas después.

José Ilarra, de 66 años de edad, era alcohólico y en situación de calle. Se decidió su internación el 9 de febrero del 2005. El 9 de abril, Magga ordenó duplicar la dosis a cuatro ampollas de morfina cada tres horas. El paciente falleció al día siguiente a las 20:50. Durante tres días recibió 59 ampollas de morfina.

Héctor Tejera tenía 47 años. El 30 de julio del 2004 se lo trasladó desde el Hospital de Clínicas a Libertad con un cáncer pulmonar con múltiples metástasis encefálicas. Se le recetaron diez ampollas de morfina. A las 23:25, 20 minutos después de su ingreso, falleció.

¿Chico excelente?

Diego Magga tiene 37 años y vive con su esposa y tres hijos. Es grado dos de la Facultad de Medicina, especialista en neumología e internista. Se trata de una persona con un currículum brillante, según su abogada Hebe Martínez Burlé, quien lo define como "una persona tremendamente capacitada". Incluso las autoridades de FEMI en su informe resaltan su capacidad académica.

Cuando era niño tenía sobrepeso y sus compañeros le hacían burla por ello. Pero no se dejó amilanar, y años más tarde regresó a su pueblo con el título de médico, dos especialidades y unos cuantos kilos menos (corre 16 kilómetros por día). Las personas que estudiaron con Magga, recuerdan que sus profesores le tenían mucha confianza.

A pesar de que con su currículum podría haber trabajado en cualquier hospital de Uruguay, decidió volver a Libertad. Allí realizó tareas sociales junto con otros médicos y enfermeras de la zona. Según Martínez Burlé, esto "se contradice mucho con el perfil de un asesino serial. Porque si a ti te molestan las personas mayores difícilmente pierdas tu tiempo ayudándolas".

Todo ese trabajo social dio sus frutos porque son notorias las manifestaciones de apoyo de gran parte de la gente de Libertad, incluso durante los meses más difíciles, en los cuales la mayoría de la opinión pública uruguaya estaba en contra del médico.

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