Sábado | 30.12.2006
Montevideo, Uruguay | 06:32
 Que Pasa
Histeria, locura y humor involuntario del otro lado del río Uruguay | "No lloren por mí, fraybentinos" | Reunidos como en terapia colectiva, con mate y termo bajo el brazo
Gualeguaychú te mata
En el famoso corte de ruta están convencidos de que echarán a Botnia. Una de las armas principales es un tranquilo matrimonio de ancianos que ofrece inmolarse para bien de la humanidad. ¡Y el Ejército Alpargatista ya controla el Puente San Martín!

CÉSAR BIANCHI,

¿Qué pasó? Hechos 2006

Tres de la tarde en gualeguaychú, las cuatro en Fray Bentos, y un sol que calienta el asfalto. Un puñado de piqueteros (o asambleístas, como les gusta que los llamen) están sentados en sillas playeras a la altura del kilómetro 27 de la ruta internacional 136 que llega al puente San Martín, que unía y ahora divide Uruguay de Argentina.

Para ser exactos son 11: cuatro hombres, cuatro mujeres y tres niños. Antes de llegar a la chata que no permite pasar hay dos guardias de la Gendarmería argentina que toman nota de la matrícula del coche que, si se autoriza, podrá cruzar a territorio entrerriano.

Quien da la bienvenida a los visitantes, curiosamente es uruguaya. Se llama Estela Vence, tiene 47 años y hace 26 que llegó de Carmelo a Gualeguaychú, para quedarse. Dejó a su familia y su trabajo como cocinera por venir al corte a "hacer el aguante". De hecho, ni va a su casa a dormir y ya ni se acuerda cuándo fue la última vez que vio a su marido o a sus nietos. Ella vive en el corte. Se cocina, se baña y duerme en un ómnibus que donó el vecino José Veronesi, quien le quitó los asientos y lo acondicionó para que sea una vivienda.

Renunció a un trabajo que le reportaba entre 500 y 600 pesos argentinos por mes (entre 4.250 y 5.100 pesos) por liderar la protesta contra las papeleras de Botnia desde la ruta. "Entre mi trabajo y estar acá, me quedo con esto. Ni mis hijos ni mi nietos vienen a visitarme. Pero me sigo llevando bien con todos. Mi esposo cree que la obra igual se va a hacer, entonces discutimos y preferimos dejarla por ahí... Mis hijos intentan estar al margen. Cuando hemos discutido, les dije que estaba acá por ellos y mis nietos... La lucha vale la pena el alejamiento de mi familia. Hoy lo primordial es quedarse acá hasta que se vayan las pasteras. A mi familia la veré después. ¡Es la lucha, hay que estar acá!"

A ella no se le pasa por la cabeza que Botnia se instale y dentro de un año comience a operar. "Mientras Gualeguaychú esté de pie, no va a salir humo de esa chimenea", asegura.

A unos metros de ella hay otra mujer dispuesta a hablar. Es Syra Muñoz, de 63 años, quien también descuidó su trabajo, su casa y a su marido por venir al corte de ruta. Al menos ella sí duerme en su cama todas las noches, pero ya no corta el pelo ni oficia de ama de casa. Se levanta a las 6.30 y a las 7.30 toma el colectivo que la trae hasta Arroyo Verde. Cuando hay asamblea se vuelve a medianoche, y cuando no, un par de horas antes.

"A mi marido y mis hijos no les gusta, pero no me dicen nada. Hace mucho que trabajo acá, porque para mí esto es un trabajo, aunque no me paguen. Es una obligación moral venir a luchar acá".

Dice que ser militante anti-papeleras le dio sentido a su vida, que está en plena ruta con un gorrito blanco con consignas que se repiten en su remera porque está defendiendo a sus nietos, y que se levanta y se acuesta pensando en Botnia (en cómo hacer para que se vaya del polémico enclave).

-¿Y si Botnia no se va?

-Es que se van a tener que ir...

-Le falta un 25% de construcción de la obra para empezar a operar. Supongamos que lo logran.

-Cuando empiece a contaminar, la gente verá que teníamos razón. Nosotros ya estamos enfermos, enfermos de los nervios, pensando qué más podemos hacer. Si se quedan, seguiremos luchando. Esta ruta va a seguir cortada 20, 30 años, lo que sea. Vendrán las nuevas generaciones, como mi nieta de 9 años, que ya viene.

También están Diego Veronesi, su esposa Cecilia y sus tres hijos. No quieren hablar con el grabador encendido, menos si éste pertenece a un uruguayo. Pero igual hablan: suponen que difícilmente se logre el objetivo de la relocalización de las papeleras de Botnia, pero igual vienen y duermen de noche en su viejo Renault 12. Más ahora que los niños terminaron la escuela y le piden a gritos venir al corte. Cuando se le pregunta a Veronesi, productor agropecuario, si tiene pensado abandonar la resistencia en la ruta, su hija de 8 años exclama: "¡papá, no vas a dejar tu lucha!"

De pronto, se suman dos más al corte. Están vestidos de ciclistas con mallas ajustadas al cuerpo que destacan algunos rasgos de su anatomía. Estaban entrenando para salir el 3 de enero hacia a la cordillera de los Andes, a dejar una bandera con el mensaje "No a las papeleras".

Son Víctor Rebosio, abogado de 47 años, y Mariano Arocena, empleado en una fábrica de agua y soda, de 30. Ambos frecuentan las noches del corte de ruta con periodicidad. A Rebosio incluso se le ocurrió contestarle a Botnia con contaminación sonora: ponerle una sirena que no deje trabajar tranquilos a sus operarios. "Si en Fray Bentos son malos vecinos, nosotros seremos pésimos vecinos", advierte.

"Acá no vale nada. No vale la miel, no vale la carne, el pollo, nada. Mis hijos no tienen valor, mi esposa no vale nada y yo mismo estaré devaluado cuando empiece a funcionar Botnia. Pero ojo, porque no nos iremos de la ruta. Esto puede durar 30 o 40 años, y entonces quizás ya no venga yo, pero vendrán mis hijos y mis nietos". Sus palabras ya no sorprenden: van en el mismo sentido que las de sus compañeros, obstinados gualeguaychuenses, consecuentes con su lucha.

Los ciclistas siguen su camino. Ya no son 13, volvieron a ser 11 los piqueteros. El mismo sol, la misma cantidad de ocio acumulada. El escenario sería absolutamente patético, de no ser porque conserva cierto encanto difícil de explicar.

Una pareja bomba

El chimento recorrió los medios de comunicación del Río de la Plata, pero muy pocos pudieron acceder al testimonio real que originó tanta alarma. Supuestamente, una anciana de Gualeguaychú dijo frente a una cámara de televisión que estaba dispuesta a inmolarse para luchar contra la papelera finlandesa.

Los principales asambleístas primero relativizaron el dato y después lo negaron. Decían que era un simple "bolazo" que alguien tiró por ahí, en esta batalla mediática que da para todo. "No podés tomarlo en serio", advirtieron muchos.

El coordinador Gustavo Rivollier, agregó: "¿Vos la encontraste? Porque yo la ando buscando todavía... Hay que ser ingenuo para pensar que una mujer de 80 y pico de años pueda hacer eso".

Hasta la propia prensa argentina se sumó a la ola de rumores. El periodista Daniel Balmaceda, editor de política nacional de la revista Noticias, fue lejos en su especulación: "Todo comenzó a partir de un conflicto ambiental. Pero Daniel Taillant, el marido de la secretaria de Ambiente, Romina Piccolotti, le habría dicho en Washington a una periodista, ¡que había una abuela dispuesta a inmolarse, haciendo estallar una de las pasteras! ¿En nombre del equilibrio ambiental y de la verdura del paisaje? Se habla de una abuela de 88 años y la nube de estupidismo cubre toda la región en conflicto", escribió en su edición del 8 de diciembre.

Lo cierto es que la "vieja-bomba", como ella misma se presentó, sí existe, aunque no tiene 80 y tantos sino 72. Y no bromeaba. Vive junto a su marido Alberto Blanco en Pueblo Belgrano, una pequeña localidad con 1.500 personas, en las afueras de Gualeguaychú. El matrimonio tiene un jardín prolijamente cuidado con plantas y flores que pueden atender porque él ya no trabaja como empleado de la provincia y ella se jubiló como peluquera, aunque alguna clienta fiel todavía requiere sus servicios.

La idea de sacrificarse a modo de llamado a la conciencia del presidente Tabaré Vázquez se le ocurrió días antes de viajar junto a decenas de asambleístas hacia Buenos Aires para protestar en la Plaza de Mayo el 12 de diciembre. Le dijo a una compañera: "Yo ya viví la vida, si tuviera que inmolarme o tirarme de un avión arriba de Botnia, lo haría, porque le voy a hacer un bien a mis hijos y a mis nietos". "Y a los hijos y nietos de todos los uruguayos y argentinos, porque no pienso sólo en la gente de Gualeguaychú", agrega en su casa.

En la manifestación encaró a una periodista de América TV y le repitió la original idea, y cuando ésta le preguntó si era consciente de lo que estaba proponiendo, ella le espetó que "completamente".

Blanco no pudo ver a su mujer ofreciéndose como kamikaze porque había corte de luz. Se enteró cuando ella misma llegó a su casa y le dijo lo que había estado pensando. "Yo pensé que era una broma", dice él.

-¿Y ahora que sabe que habló en serio?

-Y... nos inmolaremos los dos, porque el compromiso cuando nos casamos hace 50 años era que íbamos a estar juntos hasta que la muerte nos separe.

"Si hay que hacerle un bien a la humanidad, pensando en las nuevas generaciones, lo haremos", dice ella. "¿Qué mundo les dejamos?", pregunta él. "No habrá industrias en Gualeguaychú con las papeleras: Baggio se va, no habrá leña, ni miel, ni carnes, ni sembradíos, porque estará todo contaminado".

Caballero no ha propuesto su ofrecimiento suicida como moción en la asamblea, porque casi no concurre a la misma por falta de locomoción. Está dispuesta a hacerlo si se lo piden, aunque sabe que es muy improbable. "Nadie me dijo nada, quizás no lo saben, no me tomen en serio o no les va ni le viene", dijo.

Los asambleístas sí han oído hablar de una abuela dispuesta a inmolarse como protesta, pero se encargan una y otra vez de minimizar la propuesta. Saben que una idea tan disparatada en poder de los medios debilita la postura de la Asamblea Ambiental de Gualeguaychú y le quita seriedad a su planteo.

"Una periodista de acá me dijo que estaban luchando por la vida y no vale la pena la muerte de una militante. Puede que tenga razón. Pero es que una se desespera cuando ve que nadie hace nada... y los gobiernos están dormidos", justificó Irma Caballero.

Blanco, su marido, dice que todo se pudo haber evitado si el gobierno de Kirchner hubiera cortado relaciones con el de Vázquez. Recuerda que Botnia no suspendió las obras cuando ambos presidentes solicitaron un gesto en plena asunción de la presidenta Michelle Bachelet en Chile, y disculpa a los uruguayos. porque "están amordazados".

"Esto de los cortes va a ser infinito. Hasta que se trasladen o se vayan. Mientras estén las pasteras seguirá la lucha", avisa Caballero. "Infinito", repite su esposo, el Romeo anti-papeleras.

Corte a la noche

A la noche del lunes estaba prevista una asamblea que no se realizó por mal tiempo. Las lluvias habían dejado maltrecho un toldo que no podía tapar a todos. En la casilla construida para cocinar la comida de los asambleístas se hizo puchero, el mismo menú que cocinó Estela Vence en su ómnibus-casa. Grupitos de a tres o cuatro compartían mate y hablaban de cualquier cosa.

Si a alguno de los considerados "blandos" se le ocurrió la idea de levantar el corte durante las fiestas, los más "duros" se encargaron de desestimarla de plano. La consigna es clara: con Botnia, no se levanta el corte. Uruguay, por su parte, dice: con el corte, no hay diálogo. Así pasan los días en el kilómetro 27 de la ruta 136.

Rivollier, entonces coordinador de la asamblea, dijo que superar el conflicto depende de la voluntad política. Para él, el gobierno uruguayo tiene que recapacitar y el finlandés debe analizar que está perdiendo imagen.

Y reiteró la premisa con la que tanto insisten todos: "No nos iremos hasta que no se vaya Botnia. A mí me puede agarrar la jubilación acá en la ruta, eh", avisó. Curiosamente, una semana después renunció a la asamblea ambiental por "razones familiares".

El asambleísta "Pepo" Pouler, que tiene una pizzería en la avenida 25 de Mayo, la principal de Gualeguaychú, está esperanzado porque el premio Nóbel de la Paz argentino, Adolfo Pérez Esquivel, anunció que la Universidad de Roma detectó irregularidades en los estudios de impacto ambiental que la consultora canadiense Ecometrix realizó para el Banco Mundial.

Pouler cree que el triunfo está cerca. Y que será modélico para una enorme cantidad de movimientos sociales en el Río de la Plata y el mundo entero. "Están siguiendo atentamente cómo nos va a nosotros. Vamos a ser un ejemplo a seguir, un ejemplo de lucha".

Según Martha Gorosterrazú, secretaria de la asamblea en el municipio de Gualeguaychú, reciben 180 correos electrónicos por día de particulares y organizaciones que les manifiestan todo su apoyo.

¡Alpargatistas al poder!

Si el ofrecimiento de Irma Caballero parece una excentricidad, qué decir del Ejército Alpargatista de Liberación Nacional de la República Occidental del Uruguay. Liderados por el subcomandante Flaco Claret decidieron llamar a la resistencia contra las papeleras y luchar por la preservación del chingolo, un ave que abunda en la región pero que -dicen- corre peligro frente a la chimenea de Botnia.

El Ejército se formó en 2003 pero ya pasó a la clandestinidad según decisión del propio Flaco, un albañil que creó el Alpargatismo como tributo al Ejército Zapatista, aunque el modus operandi de los ciudadanos de Gualeguaychú sea muy distinto al de los luchadores de Chiapas.

Inventaron la lucha "almada" (de reunión de las almas) para concientizar contra las pasteras de Botnia. Y dicen que fue el germen de lo que hoy es la Asamblea de Gualeguaychú y su espíritu de lucha. Con convocatorias que apelaban al humor, la música de los Lengua Verde interpretando folclore y ritmos "latinoamericanos" o las alusiones al río Uruguay en temas de Aníbal Sampayo, lograron sumar alpargatistas con conciencia social en Argentina, Uruguay y vía internet en toda la región.

"Es una batalla perdida, por eso intentamos festejar cada derrota", dijo el alpargatista Emilio Vitale antes de comenzar la entrevista.

Andrés Rivas, periodista local y alpargatista de la primera hora, tiene otra visión. "El aporte que hizo nuestro ejército de lucha almada es que por medio de la alegría se puede hacerle frente al conflicto. Siempre tuvimos espíritu triunfalista. Hay una lucha alternativa, distinta a la que nos quiere imponer el poder trasnacional".

"Nuestra lucha es romántica. Por un lado tenemos la lógica que nos impone el mercado mundial, donde tenemos que producir lo que ellos nos dicen, cómo y cuándo nos lo dicen; y por otro queremos otra forma de vida, muy distinta a los que nos ordenan. Estar bien no quiere decir lo que nos impone el modelo: el DVD, el home-theatre y el celular último modelo. Vivir bien es que no haya niños con hambre, que no haya mortalidad infantil, que todos tengan acceso a la educación y el agua", agregó el comprometido Rivas.

Algo lejos de la impronta pachanguera que proponen los alpargatistas, Rivas reconoce que la preocupación por el ecosistema está cargada de una fuerte concepción ideológica. "En el mundo entero estamos al límite: basta ver los fenómenos climáticos. Tormentas como la que azotó el país el pasado fin de semana había una cada cinco años y ahora hay una por mes. Acá hay ideología: tiene que ver con que esa forma de producción que nos imponen ya no da para más".

Vitale, en cambio, se olvidó del discurso de celebrar cada fracaso y, rectificándose, dijo que era muy optimista. "Ya estamos pensando qué hacer con todos los eucaliptos que hay", dijo, embuido del espíritu triunfalista de Rivas. "En Argentina hay 1.200.000 hectáreas de eucaliptos que alcanza para hacer 10 millones de viviendas dignas en el país y sobra para hacer un polo turístico. Uruguay tiene 800.000 y son tres millones, así que imaginate".

"No podemos perder: somos el movimiento ambientalista más grande del mundo", dijo. Cuando se le recordó que Botnia tenía un 75% de la obra terminada, Vitale contestó: "Lo lamento. Pero tendrán que irse".

Rivas opinó en el mismo sentido. "Les guste o no les guste se van a tener que ir. ¿Dentro de cuánto? Ni idea. Esto es una lucha por la vida. Acá hay una población que está dispuesta a dar su vida por la causa".

Y si no, que le pregunten a Irma y Alberto.

No a los papelones

El 28 de octubre qUpASA publicó un informe contando las peripecias de finlandeses y otros europeos en Fray Bentos: noches con cervezas de 1.000 pesos en la whiskería La Miel, ebriedad y accidentes por culpa de la misma. También se relató en ese artículo cómo se desarrolló el primer día de la vuelta a los cortes de ruta por la Asamblea Ambiental de Gualeguaychú, el viernes 13 de octubre.

Los mil manifestantes -querían que en las crónicas constara que eran el doble- cantaron el himno, prepotearon a porteños que pretendieron cruzar y acusaron de "violar los derechos humanos" a la presidenta de Finlandia.

Uruguayos apoyan el corte de ruta

El lunes 18 de diciembre un grupo de uruguayos residentes en Gualeguaychú se reunió por segunda vez en la secretaría de Cultura del municipio de la ciudad entrerriana. El motivo de la primera reunión había sido juntar firmas para entregarle a los presidentes Néstor Kirchner y Tabaré Vázquez, haciéndoles saber su "preocupación" y "angustia" por el conflicto por las papeleras. Sumaron 90 firmas, proveniente de una comunidad de 500 uruguayos que viven en Gualeguaychú. El motivo de la segunda reunión no estuvo tan claro. Hicieron catarsis y procuraron identificar un objetivo para seguir reuniéndose.

"Nosotros estamos en el medio. Acá tenemos que explicar lo que sienten los uruguayos, y cuando cruzamos a ver familiares tenemos que explicarles lo mal que lo pasa la gente acá", explicó Sergio Llambí, uno de los siete uruguayos que fueron a la segunda reunión. Hace 14 años que Llambí vive en Gualeguaychú, donde tiene un restaurante.

Lilián Melnik, que llegó de Salto y atiende colmenas, explicó que como uruguayos se sienten "entre la espada y la pared". "Nosotros evaluamos qué es preferible: tener la ruta cortada con nuestras familias del otro lado o a Botnia funcionando". Y optan por lo primero. Melnik confirmó que todos ellos apoyan a la Asamblea Ambiental de Gualeguaychú en su reclamo.

"Si vos usás la razón -no importa si sos uruguayo o argentino- sabés que las pasteras van a contaminar", agregó Alberto Rodríguez, empleado del municipio.

Melnik aclaró que siempre fueron tratados con "respeto", aunque a veces aparece algún "desubicado". Llambí contó que más de una vez algún vecino de Gualeguaychú pidió la palabra y micrófono en mano insultó a los uruguayos con el pecho inflado de patriotismo. "Después vienen y te aclaran: `che uruguayo, mirá que no lo dije por ustedes`, pero bueno, ya está dicho".

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