El 14 de octubre de 1999 el embajador chileno entregó una carta al ministro del Interior del Reino Unido solicitando la liberación de Augusto Pinochet por razones de salud. El ex dictador llevaba un año bajo arresto domiciliario en Londres. Esta fue la primera de una larga serie de maniobras alrededor de Pinochet que, con la excusa de su deteriorada salud, le permitieron evitar requerimientos judiciales.
El 23 de enero de 2001 el juez español Baltasar Guzmán decidió que Pinochet era culpable de 75 asesinatos. De inmediato comenzó una avalancha de recursos tendientes a diferir cualquier resolución judicial. Mientras su defensa argumentaba hasta el cansancio y con éxito que Pinochet estaba impedido física y mentalmente, el ex dictador seguía su vida normal. En 2002 una periodista le preguntó a su esposa, Lucía Hiriart, si Pinochet había realizado un viaje por decisión personal.
-Por supuesto, pues, linda. ¿Cómo no va a ser por decisión personal si él es dueño y señor de decidir? ¿Usted no creerá esa estupidez de que está loco o demente?
A pesar de esta y otras declaraciones, la maniobra tuvo éxito y Pinochet murió a los 91 años, en completa libertad.
El Crack y el boom
El Nobel de Economía y Chicago Boy Milton Friedman fue decisivo para el "Milagro Chileno". "Si hay que cortar la cola del perro es mejor cortarla entera", le dijo al General Pinochet. La política de shock hizo caer el salario 40% respecto de su nivel de 1970. Pero el recorte del gasto público y la reducción de aranceles, permitió un crecimiento desde 1978 a 1981 de 32% anual en la economía. Con un gran aparato represivo, que no dio descanso a los disidentes, Pinochet superó el 1.000% de inflación dejado por Allende.
El 11 de setiembre de 1973 el palacio de la Moneda ardía por los cuatro costados después del intenso bombardeo golpista. En uno de los salones, el presidente constitucional de Chile, Salvador Allende, disparando con la metralleta regalada por Fidel Castro, pidió un último favor a Danilo Bartulín, su médico personal: "Tú has sido mi mejor y más leal amigo. Si quedo herido, pégame un tiro".
Hacia las diez de la mañana del 11 de setiembre, un edecán militar comunicó que Augusto Pinochet estaba dispuesto a enviar un vehículo para trasladar al presidente ante su presencia. Bartulín recuerda la contestación del presidente: "Dile esto: que un presidente digno recibe en la Presidencia; si quiere parlamentar, que venga él aquí".
El presidente y su colaborador se cobijaron cerca de la cocina. "Allende me pide un pedazo de pan. Le doy el pedazo de pan, y como había unos pollos troceados, le dije: Doctor, voy a cocinar porque a lo mejor no bombardean nunca". Lo hicieron pronto.
Los pelotones irrumpen por la puerta del palacio. Bartulín es detenido. Allende se batía en la segunda planta, y el general Javier Palacios fue por él. Después informó que el presidente depuesto se suicidó.