Sábado | 16.12.2006
Montevideo, Uruguay | 22:47
 Que Pasa
Isla chica, relajo grande
Paraíso violado
Pitcairn, en medio del Pacífico, no es el edén tropical que podría haber sido. Salvo para los violadores y las estampillas, principales productos autóctonos isleños.

GABRIEL SOSA

La isla Pitcairn se encuentra exactamente a medio camino entre Perú y Nueva Zelanda. Fue descubierta por los europeos en 1767, cuando la avistó un joven marino del H.M.S. Swallow, hijo de un tal mayor Pitcairn.

En 1790 desembarcó en la isla un grupo de marineros amotinados del barco H.M.S. Bounty, al mando de Fletcher Christian. Los marineros se habían apoderado del barco en un viaje entre Tahití y las Indias Occidentales, y luego de abandonar en un bote al comandante, el teniente William Blight, y al resto de los oficiales, volvieron a Tahití. Las cosas no marcharon muy bien, y los amotinados tuvieron que buscar nuevos rumbos antes de que llegara otro barco inglés a encarcelarlos. Y terminaron en la isla Pitcairn, con algunos hombres y una docena de mujeres de Tahití como apoyo. Este fue el primer grupo colonizador en la isla (hay rastros de habitantes polinesios muy anteriores, pero no se sabe mucho de su procedencia).

La comunidad de amotinados sobrevivió, aunque en dos años 13 de los ellos murieron en peleas por mujeres. En 1838 la isla se convirtió en colonia británica. En 1850 lo estaban pasando tan mal que pidieron asistencia a la Corona inglesa, y esta les ofreció la isla Norfolk para que se instalaran. En mayo de 1856 la comunidad completa de Pitcairn (193 personas) emprendió un miserable viaje de cinco semanas hasta Norfolk, donde se instaló. Un año y medio después 17 isleños sintieron nostalgia de no se sabe bien qué, y volvieron a Pitcairn. Este fue el núcleo de la nueva comunidad que floreció hasta alcanzar su pico histórico de población en 1937: 233 habitantes. En esa época comenzó un lento y constante flujo migratorio, que redujo la población actual a unas 50 personas. En 2003, nació el primer bebé de la isla en 17 años. En 2004 se mudó a Pitcairn la primera pareja del exterior desde la llegada de Christian y sus amotinados (el periodista Simon Young, editor de Kerrang!, una revista de heavy metal, y su esposa).

La economía de Pitcairn es de supervivencia, salvo por su principal fuente de ingreso: estampillas. Una guía turística de la isla incluye como puntos de interés el almacén general y los generadores públicos, que se prenden tres horas de mañana y cinco de tarde. Todos los hogares tienen internet gratis.

En setiembre de 2004 siete isleños residentes (incluyendo al alcalde Steve Christian, descendiente del fundador) y seis recién emigrados fueron acusados en Nueva Zelanda por un total de 96 cargos de violación en Pitcairn, la mayoría a menores de edad. Neville Tossen, un pastor adventista australiano que pasó dos años en la isla se percató de que algo raro pasaba y lo denunció al Concilio Legislativo isleño. "Mire, la edad de consentimiento de las mujeres siempre fue doce años, y nunca les pasó nada malo", le contestó un miembro del Concilio.

Menos uno, todos los acusados fueron encontrados culpables. Hubo voces que se alzaron contra la sentencia de prisión, tomando en cuenta que los criminales constituían la mayor parte de la fuerza laboral de la isla, pero finalmente se decidió construir una cárcel exclusiva para los diez, y el gobierno británico invierte 950.000 libras anuales en su mantenimiento. Más que el producto bruto interno de la isla.

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