Michael Hirsch, Melinda Liu y George Wehrfrtiz, Newsweek
Los grandes eventos de la historia pueden florecer de pequeños acontecimientos. Kaiser Wilhelm nunca perdonó a los franceses por no invitarlo a un desfile en París. "Los monarcas de Europa pagaron el no haber atendido lo que tenía que decirles", se quejó el emperador alemán antes del ajuste del continente bajo llamas en 1914. Por muchas razones, Kim Jong Il de Corea del Norte también sufre de un ego sensible. El dictador de 1,60 metros es susceptible por su altura (de ahí su extraño peinado y sus zapatos con taco). Después de ordenar el secuestro de una actriz surcoreana, Choe Eun Hee, en 1978 para ayudarlo a construir una industria nacional de cine, la primera pregunta que el fanático de las películas le hizo en una cena de bienvenida fue: "Bien, señora, ¿qué opina de mi aspecto?". Más dolorosamente, él teme que ante los ojos de sus conciudadanos y aliados, nunca podrá igualar los logros de su reverenciado padre, el "Gran líder" Kim Il Sung (que medía más de 1,80 y lideró un ejército guerrillero contra la ocupación japonesa en la década de 1930).
Sólo así puede comprenderse la reacción en los niveles más altos del régimen secretista de Kim a los comentarios del presidente estadounidense, George W. Bush, en una reunion de senadores republicanos en 2002. En una diatriba privada que dejó a algunos oyentes asombrados por su vehemencia, Bush llamó a Kim un odioso "pigmeo", que se portaba como "un niño malcriado en la mesa". Como esas frases y otras declaraciones personales de Bush fueron reportadas en varias publicaciones occidentales, funcionarios norcoreanos se han quejado regularmente sobre ellas al erudito de Washington, Selig Harrison, que visita Pyongyang regularmente. "¿Cómo podemos tratar con usted cuando su líder no nos muestra un mínimo de respeto?", le pregunto Kym Gye Gwan a Harrison en 2004.
La Historia no trata solamente sobre fuerzas abstractas como la economía, la ideología o la geografía. También está marcada, a veces más decisivamente, por las metas y ambiciones de hombres profundamente dañados, hombres como Kim, su padre y generaciones de soldados, científicos y espías norcoreanos que han gastado años tratando de unirse al Club Nuclear. ¿Kim decidió probar un artefacto nuclear porque el líder de la única superpotencia nuclear del mundo rechaza hablar con él directamente? Es más complicado que eso, por supuesto, así como la Primera Guerra Mundial tiene muchas más causas que el complejo de Napoleón del Kaiser Guillermo. Pero la pista de los eventos que llevaron a este peligroso momento (haciendo de Corea del Norte el primer poder nuclear declarado en ocho años e indudablemente el más inestable de los ocho, sin contar a Israel) tiene mucho que ver con años de orgullos desplazados y prejuicios entre Pyongyang y Washington, de profundos desencuentros y desastrozas pérdidas de oportunidades. En una entrevista del 10 de octubre en un periódico de Seúl, un diplomático norcoreano confirmó que Pyongyang estaba enviando un mensaje: "Cuando declaramos que tenemos armas, los Estados Unidos desestiman nuestras habilidades y dudan de que realmente las tengamos. La prueba nuclear ha probado nuestros dichos".
I. Secretos del Norte
Nadie en Washington ha sabido nunca cómo tratar con Corea del Norte. Como solitario régimen stalinista, la nación de Kim es un basurero tóxico que ha supurado durante 50 años en medio de los brillantes éxitos del este asiático. También es un lugar de verdadera singularidad orweliana, donde policías de tráfico en los bulevares vacíos de Pyongyang realizan los movimientos para dirigir autos que no existen, donde miles de personas mueren de hambre inadvertidamente, y donde Kim administra "un gulag del tamaño de Houston", en palabras de Bush. De la misma manera, Bill Clinton despreciaba a Kim, y como presidente estuvo mucho más cerca que Bush de atacarlo. Pero el actual presidente de Estados Unidos es, por mucho motivos, ofendido por Kim en un nivel moral y personal mucho más profundo.
Durante su primer viaje a Seúl, poco después de su discurso sobre el "eje del mal" a principios de 2002, Karen Hughes, por ese entonces concejera de Bush, comentó a reporteros que el presidente estaba fascinado por fotos de satélite de la península coreana, que mostraban luces brillantes sobre el sur y oscuridad sobre el norte, carente de energía. Para Bush, las fotos mostraban "la luz y la oportunidad que llegan con la libertad, y la oscuridad de un régimen opresivo", según Huges. Hace algunas semanas, en una conferencia de prensa días antes de la prueba nuclear de Kim, Bush recordó una reunión que tuvo en abril con una madre japonesa que perdió a su hija adolescente en un secuestro norcoreano 29 años atrás, posiblemente para convertirla en prostituta. Bush dijo que la reunión rompió su corazón.
Aunque la dimensión de la nueva prueba norcoreana fue poco impresionante (medio kilotón o menos, poco más que un fulminante nuclear), Pyongyang continúa siendo el primer proliferador de misiles del mundo. Y la larga y turbia historia de secuestros secretos, misiones de comandos anfibios y otras tenebrosas operaciones del régimen ponen a los agentes de inteligencia muy nerviosos, como siempre, por lo que Kim tiene y por lo que planea hacer con ello. Aunque Corea del Norte no ha sido descubierta aún desparramando materiales nucleares, puede que enojado y necesitado de efectivo Kim Jong Il algún día permita que un pedazo de plutonio del tamaño de una pelota de tenis se cargue en una bomba terrorista para dirigirse a Estados Unidos.
Igualmente atemorizante es que podría acordar con otros regímenes con metas nucleares, especialmente su compañero del "eje del mal", Irán. En el alba de la Era Nuclear, durante la Segunda Guerra Mundial, los científicos estaban preocupados porque la tecnología atómica nunca iba a poder ser controlada totalmente, porque las armas producidas para pelear contra la tiranía eran demonios en delgados disfraces. Una investigación de Newsweek rastreó los demonios nucleares norcoreanos hasta sus orígenes, y la historia muestra que, trágicamente, los temores de mediados del siglo XX pueden convertirse en un lugar común en el siglo XXI.
La última explosión de medio kilotón fue el producto de un esfuerzo realizado a lo largo de medio siglo o más. Es difícil precisar el momento exacto en que Kim Il Sung decidió que necesitaba la bomba y un programa balístico y de misiles. Pero la ambición con la profunda inseguridad por los dudosos orígenes del régimen.
Corea del Norte, después de todo, es un país inventado, una reliquia de la división de la Guerra Fría. Después de la derrota de Japón, que había ocupado Corea en la Segunda Guerra Mundial, el régimen fue creado por Stalin en 1945 en la mitad norte de la península coreana y Moscú apoyó a Kim Il Sung. Los americanos, mientras tanto, construyeron su estado cliente en la mitad sur. Las dos partes nunca cesaron sus reclamaciones por toda la península, lo que los colocó en un permanente equilibrio de guerra. Para consolidar su poder, Kim creó una ideología parecida a un culto de auto-confianza llamado Juche, una poción espesa de xenofobia y nacionalismo tradicional coreano, una confusa diferenciación entre autoridad y utopía marxista-leninista.
Algunos expertos argumentan que Kim decidió que necesitaba una manta de seguridad nuclear poco después de la Guerra de Corea entre 1950-1953, la que él luchó. Luego, en los inicios de la década de 1970, se dio cuenta de que estaba perdiendo la competencia económica contra sus enemigos de sangre de Seúl, después de que se desintegró la Unión Soviética, un fracaso que de repente dejó a Pyongyang sin un patrón comunista o un paraguas nuclear para protegerlo. Un cada vez más paranoico Kim Il Sung patrocinó varios actos de terrorismo contra el sur, incluyendo el presunto sabotaje de un avión de Aerolíneas Coreanas en 1987, matando a los 115 pasajeros y a la tripulación, el día antes de los Juegos Olímpicos de Seúl. Y él enseñó bien a su hijo.
Conducido por dos hombres con poder casi absoluto, el programa norcoreano fue producido por un asombroso molde de caracteres. Científicos idealistas coreanos educados en el Japón imperial y repatriados después de la Segunda Guerra Mundial, estudiantes educados en la Unión Soviética y miles de técnicos de cosecha propia. A pesar de su aislamiento, este reino es sospechado de haber recibido asistencia nuclear de 14 países: Rusia, China, Austria, Francia, Canadá, Rumania, Alemania, Pakistán, India, Japón, Irán, Ucrania, Kazajstán y la República Democrática del Congo.
También había privados: desertores, tecnológicas chinas, casas de comercio japonesas y empresas dispersas entre Tailandia y Escandinavia; todas proporcionaron tecnologías, componentes y conocimientos. Incluso la Agencia Internacional de Energía Atómica (IAEA) ayudó sin ser consciente: los analistas dicen que un diplomático norcoreano, Choi Hak Gun, quien estuvo en las oficinas de la IAEA en Viena entre 1974 y 1978, limpió la biblioteca de la agencia de conocimiento nuclear.
Los costos humanos de las ambiciones nucleares norcoreanas fueron terribles. Pocos pagaron un precio más alto que la generación de 1962 de la Universidad de Kimchaek, de acuerdo con un egresado que desertó de Corea del Norte varios años atrás y que le contó su historia a Newsweek.
En el momento de su graduación en el colegio de élite hace más de 40 años, el comentario en el campus era que Kim Il Sung había ordenado la construcción de una instalación avanzada de investigación para estudiar la energía atómica, y ese científico joven y patriota pronto iba a ser movilizado para trabajar allí. "Nuestros profesores realmente impulsaban la necesidad del desarrollo nuclear", relató. "El rumor que circulaba entre los estudiantes era que aquellos de nosotros que fueran enviados allí no tendrían mucho tiempo de vida".
El desertor, con el destino de aquellos que fueron asignados a laboratorios nucleares, pasó su vida adulta observando a desafortunados compañeros de clase que crecían enfermos, débiles y desanimados. Uno de ellos le confió su desesperación por casarse y tener hijos antes de que la radiación lo dejara estéril. "Era exactamente lo que temíamos", dijo el desertor, todavía entristecido por su sacrificio. "Esos hombres se volvieron calvos. Muchos de ellos perdieron sus cejas. Algunos de ellos tienen constantes hemorragias nasales. Lucían tan débiles que era difícil afrontarlos. El pensamiento era, `si un científico cae, siempre habrá otros que tomarán su lugar`". Esa lógica no sólo devastó a generaciones de científicos enviados a laboratorios nucleares tóxicos. Costó miles de millones en divisas fuertes que pudieron haber alimentado a las personas privadas de comida y dificultó la economía nacional imponiendo una austeridad perpetua bajo slogan como "militares primero".
Corea del Norte fue ayudada por su participación en clubes de naciones que sufrieron las sanciones de Estados Unidos por perseguir ambiciones nucleares, conducidos por Pakistán, desde el final de la Guerra Fría. Después de que Washington cortó las exportaciones de hardware militar a Pakistán en 1985, el analista pakistaní del mercado negro, AQ Khan, visitó Corea del Norte 13 veces en los años siguientes. El presidente pakistaní, Pervez Musharraf, negó saber algo, pero de acuerdo con antiguos oficiales pakistaníes esas visitas ocurrieron con el consentimiento de los líderes militares. Pakistán acordó proveer cierta tecnología a Corea del Norte a cambio de misiles y los científicos norcoreanos fueron a reuniones en el Laboratorio de Investigaciones Khan, la principal instalación nuclear de Pakistán.
En los inicios de 1990, después de que Washington y Pyongyang casi llegaron a enfrentarse por el programa, el evangelista Billy Graham y Jimmy Carter lideraron las visitas de paz por el acuerdo marco de Bill Clinton. Bajo ese pacto de 1994, Clinton obtuvo un compromiso de congelar el tratamiento de plutonio a cambio de ayuda y una planta nuclear civil. Cuando los expertos americanos fueron autorizados a inspeccionar Yongbyon, el centro del programa nuclear norcoreano, no podían creer lo que veían. Adentro, la charca de frío parecía una piscina abandonada. Encima, una ventana estaba rota; un cadáver de un pájaro flotaba en el agua. Debajo de una película de algas, cámaras acuáticas revelaron receptáculos de metal -parecían recipientes de botellas de leche- en el fondo de la piscina, con barras de combustible nuclear gastadas que podían ser reutilizadas para producir plutonio para armas. Algunas barras estaban rotas, muchas cubiertas de lodo. Hojas de árboles y ramas arruinaban el lugar. Entre las ruinas, los inspectores se dieron cuenta de que las ranas vivían en el agua.
Pero desde que se cayó el acuerdo en 2002 -la administración Bush lo desechó por ser un daño de la política de la era Clinton- Yongbyon ha sido reparada, dijo Sig Hecker, quien inspeccionó en enero de 2004. Hecker dijo que los norcoreanos estaban ahora "incontestablemente competentes" en la química y la metalurgia del procesamiento del plutonio. En realidad, la historia del programa norcoreano evidencia que "cualquier país del mapa con una población de entre 20 y 25 millones puede tener el grupo principal de personas que pueden (ir en el camino nuclear) si se exprime la economía lo suficientemente fuerte", dijo Daniel Pinkston, un experto contra la proliferación del Instituto para Estudios Internacionales de Monterrey. Y Corea del Norte ha sido bastante abierto a exprimir en búsqueda de poder.
II. Señales perdidas.
El 17 de octubre de 2000 había una hermosa noche de luna llena en Washington. Marshal Cho Myong Rok, el segundo de Kim en Corea del Norte, bebía con Madelaine Albright en la terraza de la opulenta habitación Benjamín Franklin del Departamento de Estado. En otra reunión, más temprano ese mismo día, Cho había declarado que Pyongyang había renunciado al terrorismo, y entregó una invitación personal de Kim Jong Il para que el presidente de Estados Unidos visitara Pyngyang.
Las dos partes estaban seductoramente cerca de un pacto para frenar todas las exportaciones norcoreanas de misiles y cesar el desarrollo, testeo y despliegue de cualquier cosa que no fueran escudos de corto rango. Al menos eso creía el equipo de Clinton. A cambio, Corea del Norte recibiría reconocimiento diplomático total, la promesa de miles de millones en ayuda de Washington y Tokio, y el sello de legitimidad y garantía de seguridad que ofrecería la visita de Clinton al país, dijo la antigua jefa de ayuda de Albright, Wendy Sherman. Según Yang Sungchul, el embajador surcoreano en Washington, quien estuvo allí aquella noche, Albright y Marshal Cho conversaron en una esquina; ella lucía confortable y el general muy erguido como si estuviera tenso. "Estoy seguro de que estaba abrumado" por el shock cultural, dijo Yang: ahí estaba Cho, el general líder de un país en cuya capital se destaca un museo de crímenes de guerra de Estados Unidos, rodeado por el enemigo.
Una semana después Albright estaba en Pyongyang, reuniéndose con lo que ella describió como un bien informado y encantador Kim, quien le dio un detallado informe sobre la situación de su seguridad y gentilmente dirigía a sus mozas para que no le dieran demasiado alcohol durante el brindis. Una vez, recordó Sherman, Kim solicitó que tropas de Estados Unidos permanecieran en la península de Corea (para protegerse contra China). Albright también fue invitada a un show del que participaban cientos de acróbatas y bailarines en un estadio, con la intención de impresionarla con las gloriosas hazañas de la revolución norcoreana. Durante el espectáculo, una masa de ejecutantes mostró carteles de colores que representaban el lanzamiento del misil de Kim Taepodong I de su primera prueba en 1998. En ese momento Kim miró a Albright y le dijo, "ese fue el primer lanzamiento del misil, y va a ser el último".
Esa noche fue el punto máximo en la relaciones entre Estados Unidos y Corea del Norte. Desde entonces, los dirigentes de la línea dura del Partido Republicano se regocijaron criticando a Albright por la visita. Muchos diplomáticos asiáticos y estadounidenses creen que Corea del Norte probablemente no desarrolló un misil intercontinental, el Taepodong II, con un rango que pudiera alcanzar Alaska o Hawai.
Al final, Clinton fue absorbido por las conversaciones de paz en Medio Oriente, las que la Casa Blanca consideró más importantes que un riesgoso acuerdo del que muchos colaboradores dudaban. Pero el nuevo secretario de Estado, Colin Powell, estaba tan impresionado con los términos del pacto que él y la entonces consejera de la Seguridad Nacional, Condoleezza Rice, lo elogiaron en la prensa. El 6 de marzo de 2001, Powell declaró que la nueva administración "planea acordar con Corea del Norte, continuar donde el presidente Clinton abandonó. Algunos elementos prometedores quedaron en la mesa". El presidente de Corea del Sur, Kim Dae Jung, lleno de fervor mesiánico por su nueva "política del amanecer", corrió a Washington.
Powell se olvidó de chequear con su jefe antes discursar sobre Corea del Norte. Y Kim Dae Jung parecía atontado cuando ofreció una conferencia de prensa conjunta después de una reunión con Bush en marzo de 2001. "No habló sobre lo que habíamos acordado pero empezó a criticar a Corea del Norte diciendo que el régimen que no podía alimentar a su gente estaba haciendo armas nucleares", dijo Kim Dae Jung a Newsweek. "Desde ese momento las cosas empezaron a andar peor. Soy un convencido de que si el presidente Bush hubiera seguido) el acuerdo del presidente Clinton el asunto de Corea del Norte hubiera sido resuelto".
El equipo de Bush dice que tanto Powell como Kim Dae Jung se adelantaron, imponiendo una política al presidente cuando el apenas había asumido su función. Había, en aquel momento, un tono hostil de "nada de eso de Clinton" en la Casa Blanca, y Kim Jong Il era un villano práctico para tener alrededor y justificar el carísimo programa de defensa contra misiles de Bush.
Los atentados del 11 de setiembre cementaron la actitud de Bush hacia Kim. El secretario de Defensa, Donald Rumsfeld estaba obsesionado con la posibilidad de que terroristas pudieran tener armas nucleares. Entonces, le pidió a su equipo que revisara cuáles naciones tenían la capacidad de producir armas nucleares y cuáles tenían vínculos con grupos terroristas. La revisión resultó en una lista de más o menos una docena de naciones, incluyendo a países como Siria y Libia que podían ser obligados a abandonar sus ambiciones, pero concluyó que el trío incondicional -Irán, Irak y Corea del Norte- probablemente era inmune a cualquier presión pacificadora. Esa revisión fue la que condujo a Bush a hablar del "eje del mal" en el discurso de enero de 2002.
Mientras Clinton estuvo cerca de viajar a Pyongyang, Bush sostiene que tiene un acercamiento más realista a Kim. Durante una visita a Pyongyang el líder de las negociaciones, James Nelly, en octubre de 2002, presentó lo que Estados Unidos describía como prueba de que Corea del Norte tenía un programa secreto de enriquecimiento de uranio. Los enviados de Bush dijeron que los norcoreanos confesaron. Pero ahora los diplomáticos dicen que fue un error de traducción.
En 2002, el que luego sería el comandante del Pacífico, Dennis Blair, dijo en una reunión en el Pentágono dirigida por el subsecretario de Defensa, Stephen Cambone, que sus equipos de vigilancia y monitoreo todavía no habían detectado nada. Según un participante que no quiso ser identificado, eso condujo a Cambone a abordar a Blair. Lo apuntó con un dedo en el pecho y le dijo que esperaba más de él.
Los diplomáticos surcoreanos indicaron que incluso Ronald Reagan negoció con la Unión Soviética después de llamarla "el imperio del mal". "Establecer un diálogo no es hacer amigos", dijo Kim Dae Jung. "Tú puedes dialogar incluso con el Diablo si es necesario".
3. Un peligro global que se extiende
Como un diálogo con el Diablo, así ven muchos oficiales estadounidenses un pacto con Kim Jong Il, ahora que el trabajo de dos dictadores, generaciones de científicos y militares aparentemente han catapultado a Corea del Norte a las filas nucleares. La administración Bush tiene un plan de guerra para Corea. El OPPLAN 5027 forma parte del inventario del Comando Pacífico de Estados Unidos desde hace tiempo; inicialmente como un plan sólo para la defensa del sur, pero desde principios de 1990 también presenta un seguimiento de la invasión del norte y derribo del régimen. Pero los militares dicen que las víctimas pueden ser muchas, incluso en el mejor de los casos. El 19 de mayo de 1994 el secretario de Defensa Bill Perry informó a Clinton sobre los costos probables de la invasión: 52.000 militares estadounidenses y 490.00 soldados surcoreanos muertos o heridos, y un número desconocido de víctimas civiles, todo en los primeros 90 días. Perry fue quien concurrió a Pyongyang a negociar en última instancia.
No causó sorpresa, entonces, que Bush haya dejado claro que no tiene intención de atacar a Kim. Pero tampoco parece que vaya a existir una solución diplomática. El Consejo de Seguridad de Naciones Unidas aprobó una resolución imponiendo sanciones, pero China y Rusia todavía se niegan a algo demasiado severo.
El problema con el tipo de acercamiento de Bush, dicen los críticos -incluidos Kim Dae Jun y diplomáticos asiáticos- es que mientras espera por el colapso del régimen, pueden pasar cosas muy malas. Corea del Norte puede ser incluso más peligrosa porque al retirarle el acceso a fondos legítimos de los bancos, Kim deberá recurrir a fondos ilícitos, del tipo que puede venir de la venta de armas de destrucción masiva. Y en los pasados seis años Bush permitió al líder norcoreano cruzar más "líneas rojas" -reprocesar combustible usado para convertirlo en plutonio, echar inspectores y declarar que tiene armas nucleares- que Clinton.
El peligro más grave es la proliferación de regímenes con la misma cabeza, especialmente Irán. A pesar de la carencia de cualquier objetivo común -a un régimen le gustaría ver que el mundo se vuelve verde islámico y el otro quiere que las cosas sean rojas- los dos países están cerca de ser un eje. Por eso, en parte, Rice estuvo viajando a Asia y Rusia en una nueva ofensiva diplomática: ella unirá a Corea del Norte e Irán otra vez, argumentando que como ofensores nucleares deberían ser los nuevos parias del siglo XXI.
Para Washington, la esperanza contra las mentiras de Kim es China, que controla cerca de 70% de los proveedores de combustible de Norcorea. Estados Unidos espera que el presidente chino, Hu Jintao, decida que ya tuvo bastante con su antiguo socio. Oficiales cercanos al vice Dick Cheney están advirtiendo a sus colegas chinos que Japón puede ser forzado a unirse al Club Nuclear. También están advirtiendo que Corea del Norte puede amenazar las Olimpíadas de Beijing en 2008.
Los burócratas norcoreanos amenazaron con otra prueba, pero en privado los diplomáticos enviaron mensajes a Estados Unidos implorando que volvieran para conversar. El enviado norcoreano, Han Song Ryol, quien estaba en la misión de Naciones Unidas en Nueva York, sonaba triste cuando les dijo adiós a sus amigos estadounidenses. Han le preguntó a un conocido: "¿Qué podemos hacer para conseguir que los estadounidenses hablen con nosotros?". "Nada" fue la rápida respuesta.
En la oficina oval de Bush se encuentra un busto de bronce de Winston Churchill, quien sirvió tanto en el gobierno como en el frente de guerra. Churchill estaba preocupado por lo que podría pasar "si Dios se cansara de la humanidad", pero él no cedería. "Nunca se estremezca, nunca se canse, nunca desespere", dijo Churchill. La Época Nuclear es triste, pero las palabras de un hombre viejo pueden ayudarnos a ver el camino futuro para saber cómo domesticar a nuestros demonios.