¿El execrable sujeto?

| Las graves acusaciones por abuso sexual contra el jefe del Estado de Israel desatan la indignación de toda la ciudadanía.

JUAN MIGUEL MUÑOZ, EL PAÍS DE MADRID

VIOLACIÓN, AGRESIÓN y acoso sexual, quiebra de confianza, grabaciones ilegales a empleados, acoso a testigos y aceptación de sobornos para liberar presos... No se trata del expediente policial de un delincuente cualquiera. Es el pliego de cargos de la policía israelí que acecha al presidente del Estado judío, Moshe Katsav. El primer mandatario de Israel nacido en un país musulmán (Irán, 1945) está contra las cuerdas.

El escándalo en torno a la presunta violación de dos empleadas, una durante su actual mandato y la segunda mientras ejercía como ministro de Turismo a finales de los años setenta, ha desatado el desencanto de la población. El 52% de los israelíes opina que el presidente cometió las violaciones, y dos tercios estiman que debería abandonar el cargo ya. Katsav padece el desaire a todos los niveles. El lunes se inauguró en el Parlamento el período de sesiones de invierno. Como es tradicional, el presidente debía dirigirse solemnemente a los diputados. El día anterior anunció que acudiría. Pero cuando varios legisladores, incluidos algunos de sus correligionarios del Likud, anunciaron que se ausentarían de la Cámara o que no se pondrían en pie para recibirle, el mandatario dio marcha atrás. Se recluyó en la residencia oficial, en el centro de Jerusalén. A la espera de que el fiscal general, Menahem Mazuz, decida el procesamiento formal, todo indica que Katsav tiene los días contados en la jefatura del Estado.

Legendarios héroes nacionales, como Moshe Dayán, hacían gala de sus conquistas femeninas, e incluso alguna de ellas alardeó de su aventura amorosa en la machista, militarizada y, en materia sexual, muy liberal sociedad israelí. Todos hacían la vista gorda ante los abusos de poder de altos funcionarios y uniformados en un país en el que las chicas son llamadas a filas igual que los muchachos, a los 18 años. Isaac Mordejai, laureado general, arruinó su carrera política tras abandonar la vida castrense. En 1996 saltó al cargo de ministro de Defensa y varias mujeres le acusaron de haber aprovechado su alto rango para acosarlas en los cuarteles. Fue condenado en 2000 y obligado a dimitir. Mordejai se quejó de que se le aplicaron patrones sociales que no estaban vigentes cuando perpetró las ofensas. Hasta entonces ellas guardaban silencio, pero esa contención ha terminado. El ministro de Justicia, Haim Ramon, dimitió en agosto después de que una joven afirmara que la abordó -lengua por delante- sin su consentimiento.

El asunto del acoso sexual -sobre el que se legisló hace ocho años, a instancias de Yael Dayan, hija de Moshe- es extremadamente delicado porque afecta a una institución vital para Israel: las Fuerzas Armadas. Los grupos feministas lamentan la discriminación que sufren las mujeres para acceder a determinadas funciones en el Ejército y critican que los hábitos machistas perduren. Supone una tarea enorme revertir actitudes fomentadas por un Estado que ha hecho de la fuerza militar, siempre impregnada de masculinidad, una seña de identidad. Pese a la enorme contribución a la vida militar de las mujeres y a las numerosas denuncias de acoso sexual en barracones y destacamentos, el escalafón castrense fue modificado en setiembre. Había que ahorrar fondos tras la guerra contra Hezbollah y pagó el pato el cargo de asesora del jefe del Estado Mayor para Asuntos de Mujeres, fusionado al departamento de personal para desencanto de las feministas.

En medios académicos y políticos se asegura que el fiscal Eran Shendar, es un funcionario poco profesional. Fue responsable de la investigación de una matanza de 12 árabes-israelíes y un palestino en octubre de 2000 tras estallar la segunda Intifada. "Exculpó a los agentes, aunque una comisión judicial independiente había establecido previamente la responsabilidad de los policías. Ahora Shendar quiere lavar su imagen con el proceso al presidente. Qué raro que se hayan dado tanta prisa para procesar al ministro Ramon y sean tan lentos en otros casos. Se decidió enjuiciar a Ramon porque se proponía reformar el sistema judicial y podían caer varios peces gordos", dijo una fuente académica muy calificada.

El profesor destaca que el Tribunal Supremo goza de gran reputación en la sociedad. Y agrega: "La Fiscalía General decide qué casos van a juicio y cuáles no. Son el eje de la Justicia, y lo están dejando hecho mierda. La existencia de este país como una democracia está en peligro".

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