PATRICIO ARANA, LA NACIÓN, GDA
La guerra es abominable. Por eso es que defiendo la proliferación nuclear". Esta frase contradictoria resume el pensamiento del general (r) Pierre-Marie Gallois. Fue, con Charles Ailleret, André Beaufre y Lucien Poirier, uno de los llamados "cuatro generales del Apocalipsis" en los años `60.
Siguiendo a De Gaulle, comprendió el poder del átomo y el cambio que representarían las armas atómicas para el orden estratégico mundial. Cuando explotó la primera bomba nuclear, Gallois estaba en Londres.
"Una bomba, un avión y 10 hombres pusieron fin a una guerra de exterminio que movió a millones de personas y toneladas de material militar", dice Gallois.
-¿Cree que la bomba atómica cambió radicalmente la relación entre los Estados?
-Los diferendos entre China y la India no permiten ahora enfrentamientos importantes. La pelea que hubo entre Rusia y China a fines de los 50 terminó sin guerra. En Cuba la guerra no estalló. Paquistán y la India estuvieron en guerra por Cachemira. Se enfrentaron en guerras clásicas, pero con el arsenal nuclear tuvieron que negociar.
-¿La bomba atómica sería factor de estabilidad?
-Un viejo mariscal chino predijo en 1958 que mientras más países adoptaran la tecnología nuclear militar, más paz habría en el mundo. Ahora vemos que toda Asia está girando hacia lo nuclear. Rusia es nuclear, al igual que China, Paquistán y la India. Corea del Norte quizá ya lo sea y, si las cosas siguen normalmente, la reunificación de las dos coreas algún día hará de la península coreana un país de 80 millones de habitantes que será una potencia atómica en el mundo. Esto obligará a Japón a convertirse en una más.
-Su visión es paradójica, porque va en contra del consenso occidental, que se opone a la proliferación.
-Podemos pensar en la perspectiva del futuro cercano con un continente asiático dotado de armas nucleares. Esos pueblos deberán respetarse. Esa región del mundo será una de las más pobladas y que para mantener la efectividad de su armamento nuclear harán esfuerzos científicos y técnicos que beneficiarán a sus economías. Es una perspectiva también para Irán.
-¿Y el Tratado de No Proliferación?
-La política de no proliferación está totalmente falseada. Cuando Estados Unidos construyó la bomba atómica se dio cuenta de que era un arma suprema. La primera idea fue mantener ese privilegio para ellos mismos. Pero después vieron que el genio nuclear no podría quedarse en su botella. En 1949, la URSS se convirtió en una potencia nuclear. La siguieron Gran Bretaña, Francia y China, a las que se considera nuclearmente aceptables y políticamente correctas.
-Si el Estado en cuestión estuviera dirigido por un lunático podría ser preocupante.
-Si Nikita Khruschev hubiera dado la orden de atacar Estados Unidos, su propia gente lo hubiera liquidado antes. La disuasión nuclear no se pone en marcha con un solo hombre, sino que son centenares los que se necesitan para manejar armas secretas y sofisticadas. En los Estados autoritarios ellos son personas con buena vida y no tienen la menor intención de perderla.
-¿Y qué pasa con los grupos terroristas?
-La bomba atómica de un Estado no es un peligro. La bomba atómica individual puede serlo. Un atentado podría matar cien mil, doscientas mil o trescientas mil personas de un golpe, pero luego el mundo seguiría adelante. Sería un tsunami gigante.
-¿Por qué Irán debe tener la bomba atómica?
-El iraní se acuerda de que en 1940 fue invadido por ingleses y rusos. En los `50 quisieron sacar provecho del petróleo y el gas, pero las empresas extranjeras llegaron para comerse la torta. Vino el sha. Luego se produjo la revolución nacionalista de 1979. Todos en la zona son nucleares ¿Por qué no Irán? Es el único país donde los clérigos, los intelectuales y los jóvenes estarían dispuestos a montarse como escudos humanos para defender las instalaciones nucleares. En Europa sucede lo opuesto. Cada vez que hay un convoy nuclear, hay protestas. Lo nuclear es para ellos algo sagrado y el poder lo tiene en cuenta.