Todos empapelados contra las papeleras

| Gualeguaychú está situada a 50 kilómetros del río Uruguay, la zona en peligro de contaminación. Comparte con Fray Bentos una misma geografía y raíces familiares. El puente construido hace 30 años iba a unirlos. Hoy es símbolo de piquetes y cortes

CÉSAR BIANCHI, EN FRAY BENTOS Y GUALEGUAYCHÚ

GUALEGUAYCHÚ FUE FUNDADA el 18 de octubre de 1783, durante el virreinato de Vértiz, cuando Tomás de Rocamora, por orden del Cabildo de Buenos Aires fundó la ciudad distribuyendo 85 solares a los primeros pobladores. La localidad tomó su nombre del río que la vio nacer: significa Río del Tigre Grande en guaraní. Promediando el siglo XIX ganó prosperidad a instancias de su puerto, el primero de cabotaje del país.

Como el puerto no daba abasto con el comercio en 1855, el abogado uruguayo Isidoro De María, vicecónsul de Gualeguaychú, alentó la radicación de personas en Fray Bentos, una ciudad no poblada pero con un buen puerto natural. José Hargain puso una hostería y fue el primer poblador de Fray Bentos. Ahí comenzó una relación de hermandad entre ambos pueblos.

Hoy, al litoral de Argentina, la ciudad al sudeste de la provincia de Entre Ríos tiene belleza natural por todos lados: montes frondosos, playas de arena muy fina y blanca, un relieve de colinas bajas, y una costanera con el balneario Ñandubaysal, el puerto y el parque Unzué con gran vegetación. Algunos kilómetros al sur de la ciudad tienen al río Uruguay, sin embargo el río que verdaderamente baña sus costas es homónimo a la ciudad. En Gualeguaychú viven 80.000 personas todo el año.

No comparte la fama de mujeres bellas que ostentan Rosario, Córdoba o Buenos Aires pero se las arregla para hacerles competencia. Muchas de ellas desfilan verano a verano en el celebrado Carnaval de Gualeguaychú, el más famoso de Argentina, de ribetes cariocas.

Evangelina Carrozzo, la chica que irrumpió en la cumbre de presidentes de Viena en bikini con una pancarta contra las papeleras, es producto de ese carnaval. Cirugías mediante, la manifestante mediática devino en bailarina "por un sueño" en el programa de Tinelli (donde baila con un uruguayo, faltaba más).

Desde De María y hasta la llegada de las papeleras a Fray Bentos, se dijo que la capital de Río Negro y Gualeguaychú eran ciudades hermanas. Ese lazo fraternal se puede simbolizar en el puente General San Martín. Construido entre 1972 y 76, une Puerto Unzué y Fray Bentos por encima del río Uruguay con sus 5.365 metros de longitud. Se inauguró el 16 de setiembre de 1976 por los gobiernos de facto de la época.

Treinta años después, el puente -cortado como forma de protesta por la instalación de las pasteras- parece una alegoría de la hermandad resentida. Las papeleras dividen los pueblos que unía el puente.

Viernes 13 de octubre: faltan pocas horas para que los asambleístas crucen su chata cortando la ruta 136, canten el himno y griten por su país, contra el capitalismo voraz y la contaminación que traerán -dicen- las plantas de celulosa, el centro de la ciudad está empapelado con afiches que dicen: "No a las papeleras. Sí a la vida". También los autos llevan su pegotín antipapeleras.

Los carteles están en vidrieras de zapaterías, tiendas de ropa, farmacias, restaurantes y demás. Hasta un cartel que anuncia el recital de Los Pasteles Verdes (una suerte de folclore local con un toque de cumbia) para el sábado en el club Juventud Unida, culmina su aviso con la consigna "No a las papeleras".

Leticia Maceira atiende la zapatería Mavi y su local luce el afiche con la proclama. Dijo que no iba a poder ir al corte de ruta porque a esa hora tendría que trabajar, pero que creía acertado que se retome la drástica medida "para que el reclamo no quede en el olvido".

Andrea Ross atiende la tienda de prendas del local de enfrente. Es más militante y como quien le pregunta es uruguayo, asume un diálogo confrontativo, separando "ustedes" de "nosotros". Al principio dudó acerca de la conveniencia de los cortes de ruta tras las advertencias de La Haya y el propio gobierno provincial de Jorge Busti, pero con el paso de los minutos se fue consustanciando con la protesta.

"Si es tan buena la tecnología, ¿por qué la vienen a aplicar acá? ¿Por qué no la aplicaron en Pontevedra, donde contaminó?", preguntó. "Lo que pasa es que el gobierno de ustedes está cerrado", agregó después. "No tiene sentido que sigamos hablando porque no vamos a llegar a un acuerdo", finalizó, contrariada.

Lo que a Ross más le molesta es la actitud de Botnia, soslayando al movimiento social de Gualeguaychú. Eso los ha envalentonado para retomar las medidas de lucha, dijo. Algo similar interpretó Javier Villanueva, miembro fundador de la Asamblea Ciudadana de Gualeguaychú y secretario de Cultura del municipio.

Villanueva hoy es oficialista y asume una postura moderada ante los reclamos de los asambleístas. Pero no siempre fue así. Cuando el periodista del diario La Nación Tirso Fiorotto visitó Gualeguaychú en el verano pasado y la Semana de Turismo, trazó un "quién es quién" en la asamblea popular. Sobre Villanueva dijo: "Es músico, secretario de Cultura, está entre los duros y es `la pata` del gobierno comunal en la asamblea".

Claro, la posición del propio Busti fue mutando hacia nuevas estrategias con el paso del tiempo y las derrotas acumuladas.

Villanueva votó en contra de volver a los cortes, pero asegura que no les faltan argumentos a quienes votaron a favor de retomar la medida. "Unos tratamos de atender a la razón, a lo que dijeron los jueces en La Haya y a lo legal, pero los otros tuvieron muchos motivos valederos". Villanueva se refiere a un puerto ilegal en propiedad de Botnia con un barco no habilitado por Argentina para estar en aguas compartidas. "La Corte debe ver que en ambos lados se hacen cosas que no corresponden".

El dirigente rechazó el informe de la Corporación Financiera Internacional del Banco Mundial negando que hubiera contaminación. "¡Es mentira! Tenemos los conocidos ejemplos de Valdivia en Chile y Pontevedra en España, donde se usa esta misma tecnología (Libre de Cloro Elemental), y contaminan", dijo. Incluso se negó a esperar una fehaciente demostración científica de que no contaminarán: "Esa situación no la puedo imaginar, es ideal, romántica".

Alberto Flejes también votó en contra de volver a los cortes de ruta, por creerlos inoportunos. Cree que todavía hay tiempo para que ambos pueblos discutan y los gobiernos nacionales negocien.

Como sociólogo que es, Flejes aportó una visión distinta. "Hay una tensión social muy grande acá. La fábrica avanza día a día, por lo que no sólo hay una agresión visual sino que se deja a la gente mal, anímicamente".

Más allá del ánimo, la ciudad -aseguró- ya siente los perjuicios económicos por la instalación de Botnia: hay dos hoteles cuatro estrellas y tres complejos turísticos que detuvieron sus obras en un compás de espera. Además, los productores de miel fueron advertidos por emisarios alemanes de la Comunidad Económica Europea de que no les comprarán más miel, según Flejes.

Para él la debacle productiva local no termina ahí: "las empresas arroceras, de pollos o de leche se retirarán, y una de las primeras será la de jugos Baggio, que es oriunda de acá". Por si fuera poco, citando a la Cámara de Inmobilarias, dijo que hay una devaluación en el precio de las propiedades del orden del 30%.

Pero a Flejes lo que más le preocupa es la relación con Uruguay. "Integré por 20 años el comité de frontera con Fray Bentos, fui más de 25 años director de Turismo de Gualeguaychú y desde que volvió la democracia he trabajado por la integración de los países hermanos".

La aguerrida asamblea, todo un fenómeno social, es variopinta y pocos parecen ambientalistas.

Según la investigación de Fiorotto para La Nación, algunos de los más representativos son: Juan Veronesi (docente en Ciencias de la Educación, apicultor), Gustavo Rivollier (técnico en informática, sin militancia partidaria ni ambiental, muy duro contra las plantas), Osvaldo Moussou (único concejal de la UCR entre los 11 ediles del municipio local), Martín Alazard (médico, simpatiza con el radicalismo), Edgardo Moreyra (contador, empresario, con muy buen diálogo con el gobierno provincial. Algunos de los "duros" lo tildan de "filobustista", por ser peronista y fiel a Busti), Omar Leonardi (arquitecto, propietario de una constructora, fue concejal del radicalismo) o Eduardo Irazu (concejal justicialista, de buen diálogo con el vicegobernador Pedro Guastavino).

"Pepo" Pouler está del lado de los duros, en la nueva identidad de la asamblea. Atiende el mostrador de su casa de pizzas y empanadas, y comenta que él nunca fue ambientalista, que tiraba papeles y envoltorios en la calle sin ninguna culpa. Sus motivos para volver a los cortes de ruta son otros: "Usan el capital para dominarnos, la globalización, nos mandan las empresas sucias para acá".

Otro de los radicales es Jorge Fritzler, quien propuso volver a los cortes del viernes 13 al domingo 15. Fritzler, quien tiene un negocio mayorista y minorista de fiambres y lácteos, dice que se siente agredido por Uruguay por la autorización del puerto de Botnia. "Es el momento de tomar las riendas en este asunto y si nos damos contra un árbol es nuestra responsabilidad", dijo. "Es el momento del pueblo, de la asamblea".

Por lo pronto, a Uruguay ya le pronosticaron un infierno (papa incluido).

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