La vida secreta del buen republicano

| Los mails a pasantes del Capitolio del congresista Mark Foley jaquean a un gobierno en campaña contra los gays. El imputado invoca una violación cuando era niño.

EVAN THOMAS, NEWSWEEK

EN LA TENSA Y DESCOLORIDA ciudad de Washington, Mark Foley, el diputado republicano por Florida, de 52 años, era un bon vivant. Le gustaban las fiestas y hacer chistes; hacía una mala imitación de Bill Clinton; adoraba hablar sobre sexo. Pero tenía que ser cuidadoso. Era un gay que a veces llevaba a su novio a una fiesta privada -según dicen sus amigos- pero que en el circuito oficial de cócteles aparecía solo o con una mujer. También ocultó, o intentó ocultar, su interés por hombres más jóvenes, mucho más jóvenes, incluyendo a los adolescentes que se pueden ver alrededor del Capitolio llevando el correo y tomando, al menos en teoría, una lección cívica de primera mano. Los cerca de 70 estudiantes de preparatorio que pasan hasta un año en Washington haciendo diligencias para los congresistas, viven en un edificio bajo de ladrillos en 501 First Street Southeast, a menos de cinco cuadras del Capitolio. En las mismas habitaciones que una vez alojaron a monjas católico-romanas que trabajaban para un hospital cercano. Los adolescentes son cuidados por seis empleados, quienes les advierten que tienen que mantenerse alejados de las drogas y el alcohol. Pero a unos pasos del hogar está un bar llamado Bullfeathers, a donde los congresistas llevan a empleados del Capitolio a tomar martinis. Foley tenía su oficina a dos cuadras.

Una noche de 2002 o 2003, Foley fue ebrio hasta la casa de los pasantes después de las 22 horas e intentó entrar, de acuerdo con el testimonio de dos fuentes del Congreso. Foley fue retirado por un guardia. No se sabe si los pasantes se enteraron de que Foley estuvo acechando en su puerta, pero el incidente bastó para que el encargado de la casa notificara al jefe de personal de Foley, Kirk Fordham. No fue la primera vez que Fordham supo sobre el comportamiento "inapropiado" de su jefe y decidió que era hora de recurrir a una autoridad superior. Por eso fue a ver a Scott Palmer, jefe de personal del presidente de la Cámara de Diputados, Dennos Hastert, para explicarle la situación. Fordham está decidido a aportar esos hechos a la investigación. Es que Palmer acusó a Fordham de encubrimiento y Washington se prepara para uno de sus melodramas de moral y lujuria.

El mundo secreto de Mark Foley -y la negación de los líderes del Capitolio que posiblemente no quisieron saber mucho sobre ese mundo- está empezando a emerger de a poco y los detalles son espeluznantes. Lo que realmente pasó desde el momento en que sus empleados se dieron cuenta de que Foley tenía un interés inusual en los pasantes adolescentes del Congreso, es la fuente de intriga, de señalamientos, de miedos y de odios en el Capitolio y de fascinación en todo el país.

Los votantes pueden no entender los pormenores legalistas de los escándalos financieros de las campañas electorales, pero sí pueden seguir los detalles de un escándalo sexual, sobre todo uno que pueden imaginar que daña a sus propios hijos. No es necesario leer los lujuriosos e-mails y mensajes instantáneos que Foley les enviaba a los antiguos pasantes del Congreso -en uno, preguntaba "¿Te caliento un poquito?"- para sentirse repugnado por un obvio abuso de poder y de confianza. Si suficientes votantes expresan sus sentimientos sobre el escándalo en las encuestas de noviembre, los republicanos pueden perder el control del Congreso.

Es muy temprano para saber exactamente por qué los republicanos fallaron al dimensionar las señales que advertían sobre el interés de Foley en los pasantes. Los empleados se preocuparon, la oficina del presidente de la Cámara de Diputados fue notificada y John Shimkus, jefe de la oficina de pasantes, fue enviado para advertirle a Foley que se mantuviera alejado de los jóvenes. Pero nadie se molestó en ir más lejos en la investigación.

Hay muchas teorías sobre por qué los mandos no tomaron el asunto más seriamente. En la cultura de poder de Washington, las personas con cargos importantes generalmente son protegidas de las consecuencias de sus propias acciones. Eso es especialmente cierto en un Congreso donde un mismo partido ha manejado ambas cámaras por años. Un partido gobernado en gran parte por conservadores -y construido con la ayuda de evangélicos-, muchos de quienes ven la homosexualidad como antinatural y los actos homosexuales como pecaminosos. Los líderes seguramente fueron renuentes a escudriñar el comportamiento sexual de sus colegas.

Buscando una verdadera cita

Algunos de los principales empleados republicanos en el Capitolio son gay y, en general, la mayoría no expone su orientación sexual. Deben pensar que sus puestos de trabajo en el pináculo del poder pueden verse comprometidos si sus vidas privadas son conocidas. Líderes republicanos miran para otro lado.

Al final, puede que los republicanos no sean capaces de escapar a la ironía del escándalo de Foley. En 2004, el Comité Nacional Republicano ayudó al presidente George Bush a ser reelecto basándose en el derecho cristiano y en la prohibición del matrimonio gay. En 2006, el Comité puede perder el control del Congreso porque no realizó una investigación profunda sobre un congresista gay que además era un depravado sexual.

El hombre que está en el centro del escándalo es, o era, un político muy optimista. Criado en circunstancias modestas, Foley, hijo de un veterano de la Marina, se enamoró de la política desde los tiempos en que dejó el colegio de Palm Beach para abrir un pequeño restaurante. Republicano moderado, se convirtió en una figura de la deslumbrante escena social de Palm Beach. Foley "caía bien muy fácilmente", dijo Sid Dinerstein, jefe del Partido Republicano en el condado de Palm Beach.

Lo que hizo Foley no fue exactamente esconder su orientación sexual. Usualmente era visto con su compañero de años, un acomodado dermatólogo de Palm Beach, aunque Dinerstein dice que siempre se cuidaron de no sentarse juntos en las grandes reuniones de caridad. Alguna vez Foley tuvo que evadir preguntas. Cuando accedió al Congreso por primera vez en 1994, en una radio local le preguntaron: "¿es verdad que usted es gay?", y él respondió: "tengo novia". Luego, en 2003, Foley dio marcha atrás con una postulación para el Senado supuestamente para ocuparse de su padre enfermo. Pero sus amigos sugirieron que no quiso soportar un escrutinio más grande acerca de su orientación sexual.

En Washington, la homosexualidad de Foley era un secreto a voces. Aparentemente, el partido le dio la bienvenida a Foley: él aportó cientos de miles de dólares a las arcas de la campaña del Comité Republicano. Y no podrá ser acusado de hipócrita porque votó en contra de una enmienda constitucional que prohibía los matrimonios entre personas del mismo sexo.

Foley fue objeto de burlas de al menos un congresista demócrata gay. Barney Frank de Massachusetts le dijo a Advocate.com, un sitio para gays: "Una vez, en una fiesta de Navidad para congresistas en la Casa Blanca, mi ex novio Herb se acercó a Foley, quien estaba con una mujer ese día, y le dijo, `Por qué no te conseguís una verdadera cita`, y Foley no le dijo nada".

Foley fue protegido por Fordham, quien le hizo la primera campaña y llegó a Washington como jefe de su staff. Gay confeso, Fordham dijo que le advirtió a Foley que no coqueteara tan abiertamente. Luego, Fordham dejó a Foley cuando se bajó de la carrera al Senado en 2003, y se convirtió en el jefe de staff de Tom Reynolds.

Foley mandó los e-mails que provocaron su caída a principios de julio de 2005. El congresista le escribió a un pasante para preguntarle "¿cuántos años tenés?". También le preguntó qué quería para su cumpleaños. En un mail posterior, luego de que el huracán Katrina golpeara en Lousiana, Foley le preguntó por su seguridad y le pidió una foto. Los e-mails eran muy familiares, pero no sexualmente sugerentes.

A fines de 2005, Shimkus fue hasta la oficina de Foley porque los padres de los pasantes querían que los contactos entre el congresista y sus hijos terminaran. Temiendo un escándalo mediático, los padres tampoco quisieron que el asunto fuera más allá.

Shimkus le dijo a Foley: "esto es inaceptable. Mantenete lejos de los pasantes", de acuerdo con la versión de un empleado de Shimkus. Foley le dijo que sólo actuaba como "mentor". "¿Soy culpable por ser muy amigable", preguntó Foley y él mismo se respondió que sí. En ese momento, Shimkus quedó satisfecho con la respuesta.

Antes del último escándalo, el congresista ya había respondido sobre e-mails más benignos con una declaración en la que acusó a un opositor demócrata de tácticas para ensuciarlo. Por teléfono, Foley le dijo a un amigo: "Ahora es peor. Hay nuevos e-mails y son muy gráficos". Foley sabía que estaba acabado.

Fordham fue a la oficina central del Comité Republicano y compartió la información con Reynolds y Hastert. Fordham volvió con una carta de renuncia; Foley la firmó esa tarde. El congresista dijo que tenía problemas de alcohol y anunció una rehabilitación. Su abogado, David Roth, difundió una declaración que decía que Foley había sido abusado por un clérigo cuando era un adolescente y aseguró que "sin lugar a dudas" negaba haber tenido sexo con un menor.

Estas afirmaciones fueron recibidas con escepticismo. Foley realmente concurrió a una escuela parroquial pero hasta ahora no existen pruebas de que haya sido abusado. Aunque el FBI abrió una investigación sobre las relaciones de Foley con los pasantes, es improbable que sea procesado salvo que surjan pruebas de sexo real con menores y no sólo a través de mensajes.

En la Casa Blanca, los asesores intentan sonar optimistas. "Pienso que nos hemos estabilizado", dijo un asesor del presidente George Bush. De acuerdo con una encuesta de Newsweek, el 53% de los americanos quiere que los demócratas ganen el control del Capitolio y sólo el 35% quiere que el Comité Republicano retenga el poder. Por primera vez desde 2001, la encuesta muestra que los americanos confían más en los demócratas que en los republicanos en materia de valores morales.

Los demócratas parecen felices de haber quedado fuera del camino para que los republicanos se devoren entre ellos. "La historia tiene mucha energía en sí misma", dijo un estratega demócrata. Los republicanos están acusando furiosamente a los demócratas de calcular los tiempos del escándalo para que estallara justo antes de las elecciones. "Este fue un golpe profesional", dijo Grover Norquist, un activista líder del GOP. No ha aparecido evidencia de participación del Partido Demócrata, aunque la pregunta está abierta porque la información que apareció en los blogs puede ser de cualquier fuente.

¿Encontraste un error?

Reportar

Te puede interesar