XIMENA AGUIAR
-¿Cuáles fueron los cambios en la economía cubana a partir de la caída de la Unión Soviética?
-Entre 1989 y 1993 hubo una caída del PBI de entre el 35 y el 50%, ya que Cuba vendía la mayor parte de su producción a la Unión Soviética. A partir de 1994 comenzó un crecimiento sostenido del PBI, en el entorno del 3 o 4%, basado sobre todo en el turismo, que es la nueva fuerza dinámica de la economía cubana, y en la extracción de níquel y petróleo, con una importante apertura a las inversiones extranjeras, en busca de una nueva inserción internacional. A partir de 2002 se está apostando a la exportación de servicios, en medicina, educación, principalmente a Venezuela.
-¿Cuáles son los principales rasgos socialistas que se mantienen en la economía cubana?
-Depende de la definición. Es una sociedad con una centralidad de las decisiones económicas muy fuerte, con un importante rol del estado en la propiedad de los medios de producción. Hay alrededor de 4.000 o 5.000 empresas estatales cubanas.
-¿Qué aspectos de la economía de mercado funcionan actualmente en Cuba?
-Hay inversión privada externa, regulada, empresas mixtas que combinan inversión extranjera y estatal, tercerización de servicios como telefonía y agua. Funcionan algunos mercados. Aparte del oficial, en el que se compran bienes básicos, hay mercados intermedios, con regulación estatal de los precios, y, desde hace cinco años, aparecieron los mercados agrícolas, donde los productores ofrecen sus productos a precios de mercado. Tampoco el bloqueo de Estados Unidos es total. A partir del huracán en 2001 el congreso estadounidense autorizó el comercio de alimentos y medicinas, con un tope de 200 millones de dólares. Ese comercio hoy ha crecido a los 500 millones.
-¿Cuáles fueron los principales aciertos y fracasos del régimen en materia económica?
-Como aciertos, el interés de reinsertar en la economía mundial a Cuba a partir de sus ventajas comparativas, en los `90, y el dinamismo interno que se generó a partir de la apertura de los mercados agrícolas, que significaron un incentivo a la producción y la posibilidad de ejercer presión sobre la fijación de precios por parte del Estado . La caña de azúcar, no sé si llamarlo fracaso, pero hubo un cambio de dirección, ligado al descenso de los precios internacionales. Se cerraron la mitad de los ingenios. Era ineficiente y muy costoso para la economía cubana.
-¿Qué cambios específicos implicaría una transición económica?
-Las presiones internacionales esperan que Cuba realice una apertura mayor de la economía, tendiendo a jugar un rol en la regulación y no en la producción. Pero ha venido haciendo un poco eso.
-¿La transición ya empezó en los `90?
-Yo diría que sí. Hay otras experiencias que mirar en el mundo, como Vietnam, en donde se ha ensayado en algunas áreas una estructura de mercado. Creo que la idea del gobierno cubano es hacer una apertura con límites, con prioridades marcadas por el Estado, por el gobierno. El resultado va a depender mucho de cómo se den los cambios políticos. Hay gente que está esperando afuera para llegar e invertir, pero también hay 11 millones de cubanos dentro que con distinto nivel de apoyo esperan que el gobierno regule esa actividad. También depende mucho de que Cuba se sienta amenazada o no, eso condiciona cómo se resuelve la discusión a nivel interno. Pero no esperaría cambios radicales. Todo indica que si hubiese una sucesión no se alterarían significativamente las condiciones económicas. Cuba encontró una situación que no le molesta, al menos desde el punto de vista del gobierno.
-¿Cuál sería entonces la división entre un estado fuerte capitalista y un estado socialista?
-Podríamos recurrir a un cliché. En última instancia lo que cambia es la capacidad de decisión, a través de la intervención directa. Pero las distancias se ven mayores de las que en realidad existen. En Cuba, una multinacional canadiense extrae níquel, hay empresas italianas en telefonía, españolas en la distribución de agua… Busque las siete diferencias.