YOLANDA MONGE, EL PAIS DE MADRID
Pero…, ¿esta es la sala de prensa de la Casa Blanca? ¿La venerada sala de prensa presidencial tantas veces inmortalizada en televisión y cine? A los periodistas extranjeros que la conocen, se les hunde el mito.
Y se hunde en porquería. Cortinas sucias y descolgadas; alfombras rajadas; ¡sólo 48 sillas! -rotas- y cada una adjudicada a los periodistas que permanentemente cubren la Casa Blanca; y un olor que habla de que por allí pasó mucha, mucha, mucha humanidad. Todo ello encajado en el diminuto espacio de lo que una vez fue la piscina que en 1933 mandó construir Franklin Roosevelt, y que Richard Nixon se encargó de transformar en 1970 en habitáculo para los reporteros después de quedar pequeño el del primer piso del ala oeste.
Había que tomar medidas. El presidente George W. Bush se deshidrataba en cada conferencia de prensa. Sudaba y sudaba, y no sólo por lo difícil de su situación. Uno de los dos cuartos de baño hace tiempo que pasó a la historia. Hace días se caía parte del techo sobre los cronistas. El cuerpo de prensa se quejaba pero resistía. "Hay manchas que prefiero no saber de qué son", asegura Julie Mason, del Houston Chronicle.
Renovarse o morir. Decisión tomada: renovación total. Nada de maquillaje, nada de tapar las "manchas". La reconocida instalación estará ingresada durante nueve meses, el tiempo en el que le será practicada una profunda cirugía estética. Probablemente Bush ha cumplido el sueño de todo presidente: desalojar a los incómodos y entrometidos periodistas del ala oeste de la Casa Blanca.