SER EL HERMANO a la sombra del ídolo no es fácil. No importa si es el mayor o el menor. O si de chicos el futuro crack recibía sus sopapos. Tendrán los mismos genes, mismas vivencias, pero por la lotería de la vida, los méritos, la inteligencia, el carisma, y veces por todo eso junto, uno es el líder de multitudes y el otro está en un discreto segundo plano.
Conocer las miserias infantiles y las otras de Fidel, debe haber sido una ventaja para Raúl Castro. En estas horas, Raúl hace el primer ensayo general de transición en el poder cubano. A los 75 años, el Castro dos se pone la número uno, mientras el jefe se repone de una operación intestinal. Lo sustituye en carácter de N° 2 por todo concepto: Segundo secretario del Partido Comunista, Primer vicepresidente del Consejo de Estado y Ministro de las Fuerzas Armadas.
No habrá cambios de rumbo con Raúl Castro en el poder e inclusive se espera más radicalismo y ortodoxia. Ya no usa el pelo con cola de caballo como en tiempos de Sierra Maestra y sus detractores se regodean por su afición al mojito. El diario Nuevo Herald de Miami lo acusa de cosas peores: ser director de las Unidades Militares de Ayuda a la Producción (Umap), los campamentos de trabajo forzado para la "reeducación comunista" destinado a disidentes, homosexuales, religiosos y admiradores de la cultura anglosajona.
Otro hermano a la sombra de un líder, el gobernador de Florida Jeb Bush (a quien Fidel llama "gordito"), aquieta el entusiasmo de los exiliados de Miami. "Fidel no se ha ido", advierte. Por las dudas, Jeb mandó patrullas marítimas para evitar la migración desde y hacia la isla, a raíz de la actual inestabilidad política.
Así como Jeb y Raúl son colaboradores de primera línea a fuerza de confianza familiar, el ingeniero químico Asdrúbal Chávez se ganó un lugar en la petrolera de Venezuela (Pdvsa) con estudios y compatibilidad genética bolivariana. Asdrúbal maneja las multimillonarias cifras de la poderosa petrolera, plataforma de lanzamiento de su hermano Hugo en el escenario mundial.
Luiz Inácio Lula Da Silva no ha tenido tanta suerte con la familia. Su mayor orgullo es Frei Chico, héroe de la resistencia contra la dictadura. Sin embargo, Genival Inácio Da Silva es el rey del lobby gracia a los votos de su hermano, y se lo investiga por haber montado una oficina en San Pablo con el fin de "facilitar" contactos entre los empresarios y el gran Lulinha.
Hermanos como Alicia Kirchner son un ejemplo. Obtuvo y pagó la confianza de su hermano Néstor. Había sido su ministra en la gobernación de Santa Cruz y la experiencia se transplantó a Buenos Aires como ministra de Desarrollo Social. Siempre de bajo perfil, ella aspira a ser reelecta en el senado por Santa Cruz. Tampoco parece tener otras ambiciones que impulsar la carrera política de su sobrino Máximo Kirchner, a quien muchos señalan como futuro gobernador pingüino.
Un hermano también es un hermano en Uruguay. El presidente puso a Jorge "El Perro" Vázquez al frente de la prosecretaría de la Presidencia. Eso incluye la lucha oficial contra las drogas y liderar a unos 80 integrantes de la guardia de seguridad presidencial. Quiso ser médico como su hermano, pero cayó preso en la "guerra sucia" de los años 70. Se encarga de temas delicados como el plan de bioseguridad del presidente, lo que supone tener personas con el mismo tipo de sangre de Tabaré prontos para una transfusión de emergencia. Asegurarse que la comida que pruebe el presidente esté en buenas condiciones es otra de las tareas en las que contar con un hermano resulta imprescindible.