La culpa fue del pistonaje

| Las explicaciones de los responsables de Meteorología respecto a por qué no se avisó del ciclón del 23 de agosto agregan estupor al trágico saldo del temporal.

Gabriel Sosa

El 17 de octubre la Comisión de Defensa Nacional del Senado recibió a la ministra de Defensa, Azucena Berruti, y al viceministro José Bayardi, junto al director de Meteorología, Raúl Michelini. Los funcionarios comparecieron para "considerar temas referidos a los desastres ocasionados por esa especie de ciclón subtropical acaecido el pasado 23 de agosto". Y, en efecto, las consideraciones abundaron esa tarde.

El senador Gustavo Penadés fue el miembro convocante y condujo la sesión. "Nuestra intención —dijo— es conocer directamente, a través de las autoridades de Meteorología, las causas por las cuales no se dieron los alertas correspondientes".

El instituto mínimo

Las autoridades del Ministerio intentaron explicar los diversos cuestionamientos que se les realizaron luego del ciclón. Michelini se refirió al pronóstico hecho por la Red de Estaciones de Climatología Urbana de Sao Leopoldo, de Río Grande del Sur, a la que repetidamente llamó "instituto de Climatología Urbana de Sao Leopoldo".

Dijo Michelini: "en cuanto a cómo dar la información al público, ellos dicen que lo importante es informar y no temer a crear pánico. En resumen, dicen que hay que informar, informar e informar siempre, pero eso nosotros no lo vemos tan así. Se trata de un tema delicado, y creemos que hay que informar pero a una escala de tiempo distinta". Al otro día, tal vez.

Michelini siguió con sus apreciaciones: "al Sistema Nacional de Emergencias le estábamos informando desde el 21 de agosto. Tengo todos los servicios que se hicieron; los avisos llegaron en la guardia anterior a este suceso y los vientos máximos previstos eran de 88 kilómetros por hora. La guardia que toma su turno desde las 7 de la mañana hasta las 19 horas, en el pronóstico de la hora 18, en la advertencia al público, baja la intensidad máxima de los vientos a 61 kilómetros por hora. Creo que si nos hubiéramos mantenido en los 88 kilómetros por hora, hubiera sido muy difícil que nos cuestionaran nada".

Pero no mantuvieron el pronóstico. Redujeron la ya errónea previsión de 88 kilómetros por hora a una todavía menor, de 61.

Al hablar de la Red de Estaciones de Climatología Urbana de Sao Leopoldo que casi 48 horas antes avisó que vientos de más de 100 kilómetros por hora soplarían en Uruguay, Michelini dijo que "no conocía la existencia de ese instituto, porque es mínimo".

El director de Meteorología no parece ser un funcionario muy preocupado por seguir de cerca lo que ocurre en su disciplina. El instituto "mínimo" al que hace referencia Michelini (y cuyo coordinador, Alexandre Aguiar, fue entrevistado por este suplemento el 3 de setiembre) es un emprendimiento privado con dos décadas de antigüedad, cuyas predicciones se reproducen en cuatro diarios y 40 radios del sur de Brasil.

"El día 26, en horas de la mañana me llama a mi despacho en la Dirección Nacional de Meteorología, el director del instituto, señor Alexandre Aguiar, y me menciona que ellos tenían puesto en la página de Defensa Civil en Sao Leopoldo ese análisis del Uruguay. Ese análisis marcaba vientos de 100 kilómetros o más, pero no llegaban ni cerca de la situación que se dio", explicó Michelini. De nuevo, "más de 100" es más que 61. Además, el pronóstico brasileño anunciaba específicamente una alerta meteorológica para el Río de la Plata, cosa que, es sabido, sus pares uruguayos no hicieron.

Michelini insistió: "si hubiéramos mantenido el nivel de advertencia que teníamos, de 88 kilómetros —o sea, del entorno de los 90 kilómetros— estábamos en lo que cabía esperar, porque además éste es un fenómeno que estadísticamente se da cada muchísimos años".

Pero no lo mantuvieron. Pronosticaron vientos de 61 kilómetros por hora cuando hubo rachas de hasta 174.

Michelini continuó: "nuestra gran carencia fue haber bajado ese pronóstico que venía de la guardia anterior. Las predictoras que estaban en ese turno argumentan que ellas no lo bajaron; que tomaron el último dato que había".

Michelini parece no percatarse de lo paradójico que resulta que dos funcionarias catalogadas como "predictoras" (Elsa Macaroff y Beatriz Cuello) se limiten a repetir un dato anterior.

Otro error, según Michelini, fue no tomar en cuenta los "datos reales": "¿A qué llamamos datos reales? A los que brindan las estaciones meteorológicas. En ese momento (cuando se lanza el pronóstico de vientos de 61 kilómetros por hora) ya se recibían en la Dirección datos de rachas de vientos que estaban en el entorno de los 74 y 80 kilómetros".

"Es decir que no cabe ninguna duda de que hubo un error de las funcionarias, ya sea en el enfoque o en el análisis de la situación; no utilizaron los elementos adecuados y, lamentablemente, no pudimos llegar a brindar la información más ajustada a la realidad", admitió Michelini. Pero inmediatamente volvió a su discurso anterior.

"Vuelvo a insistir en que si no hubiéramos bajado (el pronóstico de vientos de 88 kilómetros por hora), no hubiéramos estado tan lejos". Esta especie de repechaje meteorológico por el quinto puesto que plantea Michelini tenía un 50% de error y, al estar dentro de los márgenes de la normalidad, no hubiera ameritado la declaración de un alerta meteorológico.

Michelini dijo que las rachas de vientos ciclónicos se prolongaron durante diez horas.

Preguntas y respuestas

Luego de la primera explicación de Michelini, Penadés hizo varias preguntas que resumen los cuestionamientos que el público y la prensa se han hecho sobre lo que ocurrió el 23 de agosto:

"Es cierto que, quizás, a las 18 horas se cometió el error de rebajar la velocidad de los vientos, pero a las 20 horas había otro escenario, a las 22 horas uno distinto y a medianoche, otro. El propio director reconocía que el fenómeno meteorológico vivido duró más de diez horas. En esas diez horas, ¿qué se hizo por parte de la Dirección Nacional de Meteorología?".

"Cuando comenzó el informativo del Canal 12 —que empieza más tarde que los otros— ya estábamos en el medio del temporal. En función de ello, ¿por qué no se aprovechó esa instancia para que se pudieran corregir los errores cometidos —y que ya se habían determinado—por parte de los predictores de turno?".

"Ante la gravedad de los episodios, ¿el director nacional de Meteorología constituyó despacho en la oficina? ¿Volvió a la oficina a hacerse cargo de coordinar, junto con sus técnicos, los fenómenos que estaban acaeciendo? (...) ¿Por qué los predictores de la oficina de la Dirección Nacional de Meteorología del Aeropuerto Internacional de Carrasco, que en horas de la tarde establecieron un pronóstico de vientos de más de 100 kilómetros por hora, no coordinaron con quienes se encontraban ubicados en la Dirección Nacional de Meteorología?".

"El fenómeno meteorológico ingresó por la zona Oeste del Uruguay. ¿No se tuvo ningún tipo de contacto con la República Argentina como para determinar el alerta de que se aproximaba a nuestro país una tormenta de características muy importantes en cuanto a los vientos y a la magnitud de mesoescala que este fenómeno iba a tener?".

"La Dirección Nacional de Meteorología, después de determinar que se iban a registrar vientos de 60 kilómetros por hora, ¿no pudo variar su pronóstico y establecer cuáles eran los vientos y los alertas correspondientes?".

"¿El director nacional de Meteorología o alguien de su oficina se enteró de que diez días antes, en el Brasil, concretamente en Florianópolis, se produjo un ciclón extratropical muy similar al ocurrido en el año 2003 en las costas de ese país y que ahora afectó al Uruguay?".

Antes de que Michelini contestara, el subsecretario Bayardi quiso hacer unas precisiones. "En realidad, lo que se dio fue una especie de pistonaje; sobre la base de 60 kilómetros por hora, al subir, por ejemplo, a 170 kilómetros por hora, se produjo un fenómeno de pistón sistemático que duró aproximadamente diez horas", dijo, queriendo aclarar el fenómeno.

Luego agregó que "no había experiencias sobre fenómenos de esta duración y con estas características". Más adelante, Bayardi dijo que en los últimos años en la región se habían dado dos fenómenos similares: "en el estado de Curitiba en mayo de 2004", y el otro en Florianópolis. Tomando en cuenta que Curitiba no es un estado sino una ciudad, capital del estado de Paraná, es probable que Bayardi haya querido referirse al ciclón extratropical que golpeó el año pasado la ciudad de Torres, en el estado de Río Grande del Sur.

Bayardi continuó: "la constatación de Sao Leopoldo, como dijo el director, fue hecha a posteriori del día 23 y no había habido comunicación".

No es así. El boletín de Sao Leopoldo fue emitido el domingo 21 de agosto a las 22.58 horas y fue colocado en internet con el título de Argentina y Uruguay tendrán tiempo muy severo.

"Con respecto a la Argentina, por la información que hemos estado recabando —incluso hablamos directamente con los argentinos cuando estuvieron en el evento que se realizó días después en Montevideo— no hubo advertencias de las magnitudes a las que llegó el fenómeno", aseguró Bayardi.

Sin embargo, el 1º de setiembre el diario La República publicó declaraciones realizadas durante una conferencia que se llevó a cabo en el hotel Balmoral, del director del Servicio de Meteorología de Argentina, Miguel Rabiolo, quien dijo que "el ciclón extratropical que afectó a la costa de Uruguay estaba perfectamente pronosticado, se venía alertando desde el día anterior".

Para Bayardi, "en la región —y no sólo en Uruguay— no tenemos posibilidad de hacer los registros directos en el mar y el océano" (la temperatura del mar es un elemento clave para predecir estos ciclones). Pero el coordinador de la Red de Estaciones de Meteorología Urbana de Sao Leopoldo, al ser entrevistado por Qué Pasa tras el temporal, informó que "el sistema meteorológico de Estados Unidos publica todas las semanas todas las anomalías que se registran en los océanos del mundo. El Río de la Plata está incluido en esos reportes a los que cualquier organización meteorológica puede acceder".

Además, explicó que en los días previos al temporal, en el Río de la Plata, "la anomalía en su temperatura era una de las más grandes del mundo". Pero al parecer Meteorología sólo cree en lo que ve con sus propios ojos, y debe desconfiar de esas nuevas tecnologías, como internet.

Hablando de ver con sus propios ojos, Bayardi reconoció que su percepción personal del fenómeno, incluso de sus efectos más visibles, fue más bien difusa. Dijo que el viento pegó "en la parte de atrás" del edificio donde vive y por eso "no se notaba tanto".

"En realidad tomo noción de que la situación estaba creciendo cuando una compañera militante, que trabaja en la zona de Casavalle, me llamó para decirme que se habían volado los techos de un asentamiento y, en consecuencia, querían evacuar". Bayardi se enteró que la Intendencia y el Ejército ya estaban trabajando para evacuar el asentamiento. Entonces, "me fui a dormir".

"En la mañana del 24 saqué el auto y me dirigí al Ministerio. En realidad, no me di cuenta de lo sucedido porque el 25 de agosto estuve todo el día en la Presidencia de la República (...) ingresando datos para el Presupuesto. Tomé conciencia recién cuando, el mismo día 25, mi señora salió a caminar por el Parque Rodó y posteriormente me contó lo impresionada que había quedado al ver lo que había sucedido".

Afortunadamente la esposa del subsecretario parece ser bastante más observadora que él, que cruzó una ciudad devastada sin darse cuenta de nada.

Tras las apreciaciones de Bayardi, Michelini procedió a responder a las preguntas de Penadés: "con respecto a la palabra ‘error’ puedo argumentar que la Dirección Nacional de Meteorología previó adecuadamente la situación atmosférica. Es más; previó lo que iba a pasar", aseguró. Al parecer, Michelini quiere decir que no se equivocaron, tan sólo dijeron lo que no era.

Luego se refirió a un tema que fue considerado clave por todas las autoridades presentes: el de los funcionarios de Meteorología.

"Debemos decir que desde 1994 a la fecha no ha habido ingreso de personal técnico ni no técnico a la Dirección Nacional de Meteorología. Entre fines de 1998 y 2002 se fueron 98 funcionarios, de los cuales muchos eran técnicos. A principios de la década del 90 había 330 funcionarios, de los cuales 220 eran técnicos en los distintos niveles. Hay predictores, climatólogos y técnicos en instrumental que hacen tres años de cursos y, por otro lado, los observadores meteorológicos hacen un curso de un año de duración y trabajan en las distintas estaciones del interior del país. Entonces, de tener dos tercios del personal técnico, ahora pasamos a la mitad, con un total de 297 funcionarios, número bastante menor que hace una década".

La Red de Estaciones de Climatología Urbana de Sao Leopoldo tiene ocho funcionarios.

Michelini continuó: "por otro lado, cabe preguntarse cómo podemos sustituir a los 98 funcionarios que se retiraron y a algunos pases a retiro que se dieron últimamente. Los sustituimos con redistribuciones, reincorporaciones del Ministerio de Defensa Nacional y pases en comisión. En el caso de las distribuciones hay muchísimas personas que provienen, por ejemplo, de ILPE o de AFE, que son muy buena gente y excelentes funcionarios pero que de nuestro tema conocían muy poco. Hubo que formarlos, ‘darles un barniz’ a través de un cursillo medio rápido y solicitarle a algún técnico muy importante que colaborara con nosotros porque, de lo contrario, no hubiéramos podido atender el servicio".

Si un experto en merluzas o un guardabarreras se ocupan de predecir el tiempo, es comprensible que pase lo que pasó. Pero, por otro lado, más adelante Michelini informó que el Estado sí invierte cierta cantidad de dinero en la llamada Escuela de Meteorología del Uruguay donde "se ha ido formando gente".

"Hay, aproximadamente, unas 220 personas egresadas que viven una frustración muy grande porque no han conseguido ingresar, y el lugar natural que tiene que absorber a esos funcionarios es, precisamente, la Dirección; salvo que logren entrar en algún Servicio de la Fuerza Aérea o en el Sohma (Servicio de Oceanografía, Hidrografía y Meteorología de la Armada), prácticamente no tienen ocupación. La situación es muy grave, porque la gente se ha formado pero no podemos hacer que ingresen".

O sea que en teoría hay gente capacitada, pero la maquinaria estatal impide su ingreso, mientras elige trabajar con gente que apenas tiene un "barniz" meteorológico.

Pero la sesión depararía más sorpresas. Respecto al pronóstico del aeropuerto de Carrasco, emitido por la Oficina de Meteorología Aeronáutica (también dependiente de la Dirección de Meteorología) más cercano a la realidad y muy anterior a las 18 horas, y que permitió que a las 16 horas se suspendiera la actividad aérea en Carrasco, Michelini restó importancia al hecho de que este pronóstico no fuera tomado en cuenta.

Según el director de Meteorología, la diferencia entre ambas predicciones no fue tan grave: "sin ánimo de justificar —porque sin duda la coordinación es necesaria y se deberían haber intercambiado ideas sobre el tema— son pronósticos totalmente distintos, porque los usuarios lo son. Esto no quiere decir que tenga que ser diferente en los valores, pero de repente puede haber determinado grado de cobertura o se puede ser más conservador en un pronóstico que en otro, pensando justamente en el destinatario".

De todas maneras, dijo Michelini, "si bien es importante porque los pronósticos no fueron iguales, quiero decir que la materialidad de la diferencia no es sustantiva y no es algo que hubiera podido llegar a cambiar la situación. Estamos hablando de 22 kilómetros de diferencia, es decir, de un 30% más, y siempre lejos de la racha máxima que hubo, que fue del doble de intensidad".

Nadie le hizo notar a Michelini que, al menos en tres oportunidades anteriores, había manejado un argumento exactamente opuesto: el de señalar que el principal error de Meteorología fue bajar su pronóstico inicial de 88 kilómetros por hora a otro de 61.

A continuación Michelini introdujo un nuevo y sorprendente giro en las reflexiones: ¿era bueno avisarle a la población que se venía un ciclón?

"Me pregunto si los destinatarios de la información hubieran sabido cómo recepcionarla y cómo usarla", argumentó.

Al parecer, según Michelini el público no está lo suficientemente maduro como para proteger su integridad física en caso de que se le advierta que la misma peligra. Meteorología casi le hizo un favor al Uruguay al guardar diez horas de silencio sobre el ciclón que estaba arrasando el país.

De todas formas, explicó el director, esa advertencia, aunque dudosamente necesaria y tal vez contraproducente según sus conceptos, podría haber sido hecha de no ser porque "el predictor de la noche (...) tuvo una serie de problemas y que se vio totalmente desbordado, fruto del problema que tenemos".

El problema es la falta de personal. Esa noche, Meteorología tenía 297 funcionarios en planilla, pero uno solo de guardia.

"Lo que sucede es que el personal tiene que cumplir 120 horas de guardia por mes. En determinado momento, había una partida por concepto de guardias, que no se cobra más. Entonces, para que tuviesen algún tipo de beneficio, porque trabajan en horas fuera de lo que se considera un horario habitual, así como sábados y domingos, se les dio la posibilidad, en el año 1996 —en ese momento yo estaba como Encargado de Despacho de la Dirección— de que hicieran ocho guardias y que quedaran dos de retén. En el año 1996, como decía, había muchos más técnicos en Meteorología. Ahora, la situación cambió. Hace varios meses saqué una circular en la cual digo a los Directores que sabiendo que no va a ingresar gente y que nosotros precisamos personal, utilicen al personal que está de retén —cuando lo tengan que utilizar— hasta un máximo de diez guardias, y no que quien está de retén espere en la casa las directivas. En algunos casos se utilizaron".

Pero esta vez nadie usó a los funcionarios que están "de retén".

En definitiva, dijo Michelini, "ese día había una sola persona y comentó que se vio absolutamente desbordada (...) atendiendo preguntas, diría, humanas más que técnicas, porque había gente que preguntaba si podían salir a la calle, qué hacían con su auto, etcétera".

Justamente, mucha gente se preguntaba si podía salir a la calle.

Respecto a por qué el pronóstico no se varió durante las diez horas que duró el ciclón, Michelini dio una respuesta esclarecedora: "en cuanto a si la Dirección Nacional de Meteorología no pudo variar el pronóstico, debo decir que la situación ya estaba desencadenada".

"De todos modos, se podría haber salido en algún medio de difusión a última hora. Creo que a esa altura no era necesario, porque los hechos evidenciaban lo que estaba sucediendo. No obstante, repito, quizás hubiera sido oportuno". Tal vez hubiera sido oportuno antes de las 22 horas, cuando Noelia Martínez y William López fueron aplastados por un muro mientras se dirigían a comprar velas. O antes de las 23, cuando Juan Reggiardo murió en un accidente de tránsito por la nula visibilidad en la Rambla. O antes de que las demás víctimas salieran de sus casas para ser aplastadas por árboles.

Para terminar de contestar a Penadés, Michelini agregó: "el señor subsecretario me acota que es conveniente que advierta que, efectivamente, no me constituí en mi despacho porque la situación no preveía eso; después nos mantuvimos en contacto".

Después, se hicieron muchas cosas.

Palabras al viento

Luego de las explicaciones de Michelini hubo un momento de dispersión cuando Penadés comenzó a discutir con el senador socialista José Korzeniak, por motivos ajenos a la reunión. Terminado el largo y poco fructífero altercado, se volvió al tema de la ausencia de alerta desde Argentina, donde el temporal llegó bastante antes que a Uruguay. "Quizás no me expresé claramente —dijo Michelini—, pero nosotros no tuvimos ningún tipo de aviso desde la Argentina".

El senador Moreira citó el informe de la investigación realizada en Meteorología, donde se informó que los "productos elaborados en la página web del Servicio Meteorológico Nacional argentino no estuvieron disponibles en forma continua durante la jornada del 23 de agosto y que por problemas técnicos locales no se recibieron todos los mensajes de alerta de dicho servicio, que advertía en términos similares a los de la Dirección Nacional de Meteorología".

Michelini insistió en que "todas las advertencias que tuvimos de la Argentina eran en términos similares a los nuestros. De todas maneras, hubo ciertos problemas con la conexión a internet". O sea que de haber habido avisos desde Argentina, como sostuvo Rabiolo, tampoco hubieran sido recibidos. En esas condiciones, mal podrían haber tomado en cuenta las advertencias desde Río Grande del Sur o de cualquier otra parte. Al parecer, Meteorología estaba sola, con sus dos predictoras que reciclaban informes anteriores y no tomaban en cuenta los datos "de la realidad".

Luego fue el turno del senador Alberto Breccia, del MPP, quien por dos veces y con mucha propiedad aseguró que "se trata de fenómenos absolutamente imprevisibles" y, en base a un conocimiento científico tan profundo laudó el asunto: "no existe responsabilidad por parte de la Dirección Nacional de Meteorología".

Penadés intentó volver a centrar la discusión. Dijo que le resultaba difícil creer que Meteorología "en las diez horas que duró ese fenómeno meteorológico tuvo un solo predictor, y a nadie se le ocurrió ir a la Dirección a reforzar el servicio". También dijo que "no entiendo cómo las autoridades meteorológicas no determinaron un plan, cuando a las diez de la noche los informativos de televisión ya daban las primeras víctimas, y a medianoche se sabía de autos que habían volado y se habían incrustado en la Torre de Comunicaciones de Antel".

Luego fue el turno de la ministra Berruti.

Matar al mensajero

Berruti se centró en su anunciado proyecto de decretar que sólo la Dirección de Meteorología esté facultada para lanzar alertas meteorológicos. Según Berruti, el proyecto nace de un pedido de Tabaré Vázquez: "el señor presidente me hizo ver la necesidad de que los alertas sólo fueran admitidos por un único organismo predeterminado en función de que, justamente, la posibilidad de confrontaciones y contradicciones entre los predictores daba lugar a situaciones de estas características. Entonces, le dije que a lo que me podía comprometer era a redactar una norma jurídica que estableciera que la posibilidad única de pronosticar el alerta meteorológico la tenía que tener el organismo oficial. Frente a esto, el señor Presidente me manifestó que se iba muy contento como consecuencia de ese compromiso que asumí".

Hay que recordar que, días después del ciclón del 23 de agosto, el meteorólogo Diego Vázquez Melo pronosticó en el noticiero de Canal 10 otro fenómeno igualmente catastrófico e instó a la gente a abandonar la costa, aprovisionarse de alimentos y proveerse de botiquines de primeros auxilios. Sin embargo, nada ocurrió.

Con ese antecedente, la intención del presidente y su ministra parece buena, y puede fundamentarse con varios ejemplos similares en el mundo. Pero resulta curioso, sin embargo, que la primera reacción del Estado ante el caso del 23 de agosto sea darle la exclusiva de las alertas a la repartición que, justamente, no dio la alerta ese día.

"El otro sistema posible —dijo Berruti— es dejar que cada uno haga público el pronóstico que le parece que corresponde de acuerdo con su ejercicio profesional. Si se equivoca se lo puede sancionar, pero nosotros queremos disminuir el riesgo de las posibles equivocaciones y no estar sancionando a la gente".

Que no se quiere sancionar gente es notorio, visto que hasta ahora nadie en Meteorología ha sido sancionado por los evidentes errores y omisiones cometidos el 23 de agosto.

No es que el tema haya sido olvidado. Berruti explicó los pasos que se siguen en las distintas investigaciones: "naturalmente pedimos un informe a la Dirección Nacional de Meteorología, el cual luego fue remitido a la Universidad de la República a fin de que sus técnicos se pronunciaran sobre la exactitud, la corrección o los desvíos eventuales que pudieron haber existido en la conducta que tuvo en la emergencia la referida Dirección. Asimismo, por parte de esa Dirección Nacional se dispusieron medidas internas con relación a la conducta de los funcionarios, algunos más directamente afectados a las actividades de esos días, lo que también está en proceso. Hubo un primer dictamen jurídico que estableció que no existe responsabilidad por parte de los funcionarios, pero dada la trascendencia que el tema ha tenido en la opinión pública, y no sólo allí porque se trata de hechos muy graves, hemos solicitado un segundo informe a los jerarcas jurídicos para ver si confirman el primero o aportan elementos distintos".

Berruti fue más autocrítica que Bayardi y Michelini. "Con relación a la Dirección Nacional, quiero decir que, efectivamente, tenemos pobreza de equipos, aunque la comunicación internacional en este momento es muy accesible en todos los casos". (Una llamada por teléfono a San Leopoldo habría terminado con todo el drama).

"Con respecto a los funcionarios —agregó—, debo decir que se trata de un grupo que, por diversas razones —y voy a usar la primera persona— he advertido que no trabaja con espíritu de equipo, con la ‘camiseta puesta’. A veces, cuando uno tiene que hacer un trabajo profesional y carece de los medios adecuados, es cuando más esfuerzo pone para sacarlo adelante".

Berruti dijo que los funcionarios de Meteorología gozan de beneficios extraordinarios por estar equiparados al escalafón militar. "Como no son funcionarios civiles, tienen Sanidad Militar y, lo que es muy importante, la posibilidad del retiro militar. Es decir que estamos hablando de funcionarios que gozan de un conjunto de situaciones que mejoran la condición que tendrían si fueran meramente funcionarios civiles técnicos".

"Esta tormenta también sirvió para llamarnos la atención", dijo la ministra. "Anunciamos nuestro propósito de dedicar nuestro tiempo y nuestra preocupación, y aplicar el mejor asesoramiento que podamos conseguir, para dar solución a los problemas que aquí se han planteado".

Antes, Michelini había sacado otras conclusiones: "en definitiva, a veces nos resulta ingrato que se nos juzgue por una única situación grave". El director de Meteorología no aclara cuántas situaciones graves serían necesarias para poder juzgarlos, ni si el temporal que pronosticaron una semana después y nunca llegó puede considerarse grave. Eso sí, es optimista respecto a su futuro y al de su repartición: "durante todo el tiempo transcurrido desde el 23 de agosto hemos tenido que pasar por momentos bastante difíciles, de los que recién estamos saliendo, por decirlo así".

Mientras las soluciones no llegan, los mismos funcionarios ocupan los mismos puestos, es de suponer que "prediciendo" eventos ya pasados, y los mismos "predictores privados" siguen exhibiendo su cotillón en la televisión, augurando suaves brisas cuando sopla el ciclón, y pronosticando ciclones cuando brilla el sol. ©

Michelini introdujo un nuevo y sorprendente giro en las reflexiones: ¿era bueno avisarle a la población que se venía un ciclón? "Me pregunto si los destinatarios de la información hubieran sabido cómo recepcionarla y cómo usarla".

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