Fiestas con enfermeros

Marcia Cezimbra, O Globo, Grupo de Diarios América

La quiebra de la jerarquía familiar y académica está llevando a los padres, profesores y jóvenes brasileños al diván, preocupados por el alto consumo de alcohol y drogas varias entre los adolescentes. Escuelas de Rio de Janeiro y San Pablo convocan a psiquiatras y psicoanalistas para "interpretar" ese disturbio social.

El psiquiatra César Ibrahim estuvo en el colegio Santo Ignacio, en el barrio carioca de Botafogo, explicando a más de 50 padres aquello que, a distancia, parece obvio: permitir que los hijos de 15 años hagan fiestas regadas de bebidas alcohólicas y contratar enfermeros y ambulancias para acompañar el evento y socorrer los casos más graves de embriaguez es, según el psiquiatra, apoyar la destrucción de estos jóvenes.

"¿Cómo los padres pueden lamentarse de que el hijo tuvo un coma alcohólico si promueven estas fiestas? Muchas fiestas de estudiantes de clase media de la zona sur tienen una ambulancia en la puerta, para 200 invitados. ¿Qué es esto? ¿Cómo esos padres no se dan cuenta de la cantidad de alcohol que sus hijos están tomando, si hasta contratan enfermeros para socorrerlos?", preguntó.

"Yo sé muy bien lo que mis hijos y sus amigos toman", respondió una madre, orgullosa. "Yo misma compro los vodka y las cervezas cuando vamos a Búzios y yo misma hago las caipirinhas para todos. He quedado impactada por todo lo que beben".

Impactados quedaron también muchos padres que, a la salida, le pusieron jocosamente a esa madre el apodo de "barmadre". El propio Ibrahim se abstuvo de hacer un comentario durante el debate: "no hablé nada porque vi que ella no tenía conciencia del significado de su comportamiento con sus hijos. Se comporta igual que los padres que liberan la bebida a sus hijos de 15 años".

Otra madre, Ana Paula Belke Silva, contó la experiencia aterradora del cumpleaños de su hija, de 11. "Le permití festejarlo, con una condición: nada de música funk. Quedé horrorizada cuando vi que el tema de la fiesta era la ‘apretada’". De repente, niños y niñas comenzaron a besarse en la boca. Quedé tan desconcertada que empecé a gritar: ‘¡pongan funk, pongan funk!’. Cuando comenzó la música, todos empezaron a separarse", contó.

Para el psicoanalista José Outeiral, la familia contemporánea sufrió una transformación tal, con configuraciones tan distintas, que las personas ya no tienen una familia, sino varias.

"Además de la manía de los adultos por ser adolescentes, lo que produjo dos nuevas palabras en el diccionario de lengua inglesa, el adultecent (adulto adolescente) y el kid adult (adulto niño), los padres sufren además la demanda cada vez mayor del ingreso al mercado de trabajo, lo que los priva de la convivencia con los hijos. La mayoría de los niños pasan más tiempo en la escuela que con sus padres", sostuvo.

A pesar de las desventajas del desamparo, la libertad de los jóvenes de hoy hace que busquen solos su camino. Como el estudiante Phillipe Maria, de 20 años, alérgico desde niño hasta hoy. Después de vivir a base de antialérgicos y antibióticos hasta tornarse cada vez más resistente a ellos, decidió cambiar de vida.

"Paré con aquellas drogas. Decidí alimentarme sólo con cosas saludables. Todavía soy alérgico, pero no vivo más sobre el efecto de los remedios. Estoy mucho mejor", dijo.

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