El precio de la fama

Cientos de padres faltaron al trabajo y perdieron un día entero para perseguir el sueño de que sus hijos aparezcan en un programa de televisión argentino.

Leonel García

Nunca el hotel Radisson recibió tal avalancha de niños como el miércoles 28 y el jueves 29 de setiembre. Esos días, de 9 a 20 horas, se instaló parte de la producción del programa de televisión argentino Agrandadytos buscando estrellitas locales de entre 4 y 10 años dispuestas a mantener un diálogo mano a mano con el conductor del ciclo, el actor, humorista e integrante del trío Midachi Dady Brieva.

Los postulantes y sus padres esperaban su turno, durante horas, en el cuarto piso del hotel, pero el bullicio ya se sentía desde el lobby. En la sala de eventos de ese nivel los chicos mataban el tiempo de espera correteando por las coquetas instalaciones. Sus padres, muchos de los cuales debieron pedir permiso para ausentarse de sus trabajos para acompañar a sus hijos en el camino a la fama, preferían esperar sentados. La selección comenzó por los más chicos. Los más grandes y sus padres debieron esperar cinco, seis o incluso más horas. En los dos días de casting, 650 chicos trataron de desparramar todo su encanto y elocuencia, requisitos indispensables para ganarse el derecho a participar del programa. Más allá de algunos obsequios en ropa, los participantes no tenían más recompensa que soñar con el premio mayor: el diálogo con Brieva, que vino a grabar a Montevideo el martes y miércoles de esta semana.

El mecanismo para la selección era simple. En grupos de 15 a 30 los chicos ingresaban a la sala Picasso del hotel a participar en una rutina grupal a cargo del productor argentino César Canessa. A simple vista, la rutina podía calificarse como caótica. Al no tener un libreto, el productor debía captar la atención de los hiperactivos pequeños que buscaban hacer notar su presencia a toda costa. La charla pasaba de las simpatías futboleras al debate sobre la ubicación de Punta del Este. A pedido de alguno de los protagonistas, el juego-casting podría terminar en una improvisada sesión de pato-ganso.

Pero por más complicado que pareciera, esta dinámica tenía un fin. Los más dicharacheros eran seleccionados para un "mano a mano" con Canessa. Este luego reproducía, de la manera más fiel posible, la rutina que los niños tienen con Brieva.

Finalmente, 40 chicos fueron elegidos para participar honorariamente en el programa, ya que no recibirán un peso por su actuación. Al resto, nada muy distinto a un "gracias por venir, espero que hayan disfrutado la experiencia".

Si bien ningún padre se quejó del trato recibido, muchos manifestaron que el tiempo de espera había sido mucho y que los responsables se vieron desbordados ante el aluvión infantil oriental. Otros prefirieron ver el lado bueno de la situación. "Acá estamos cómodamente sentados y hay baño cerca. Eso no pasa en casi ningún casting", señaló una mujer de Las Piedras que pidió el día libre en su trabajo para estar desde las 9 de la mañana del miércoles en el Radisson junto a su hija de 10 años. Antes ya había llevado a su hija a los castings de otros programas argentinos.

Canessa no será Dady Brieva, pero enfrentarse a un desconocido puede generar múltiples reacciones aun en chicos muy locuaces. Martina, de 4 años, no se queda quieta en su silla y concentra su atención en la cámara de video donde graban su prueba. El productor busca encauzar el diálogo preguntándole a qué colegio va. Por toda respuesta, la niña se le acerca señalándole el escudo de su equipo deportivo. La charla deriva hacia mosquitos, ronchas, piojos y otras delicias. Martina escucha la palabra piojos y se empieza a rascar la cabeza. "¿Por qué no te cortás el pelo, como yo?", le consulta Canessa, que es calvo. "Noooo, así lo usan los varones", contesta la pequeña. Prueba superada.

Ante cámaras, hasta el más valiente tiembla. Facundo, de 4 años, había descollado en la prueba grupal y era el alma de un grupo de pequeños durante la espera. Sin embargo, al momento del "mano a mano", bastó que el productor le preguntara el nombre y su edad para que rompiera a llorar. La televisión no es para todos.

¿Encontraste un error?

Reportar

Te puede interesar